DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Difícil hacerlo peor

18/09/2020

Fernando Simón se ha ido de vacaciones y parte del pueblo se le echa encima. Con la que está cayendo, el que tiene que alertar de la que tenemos otra vez liada, pero, sobre todo, de lo que está aún por venir, luce pelamen en el pecho en Palma de Mallorca. Donde hay pelo hay alegría. Ahora me dicen que ya no se lleva, salvo los románticos que se resisten. Debe ser cuestión de envidia, ¿verdad Fernando? El pelo de la cabeza se lo cortó hace unos días y más de uno tiró de refrán con lo de las barbas del vecino. Las cejas no se tocan, por si hay que disecar y guardar la especie para la posteridad. Después de las camisetas con su imagen, será lo siguiente. Nadie lo descarta.
En la isla, Simón ha viajado en globo y ha realizado excursiones por cuevas marinas, practicando la espeleología. El traje de bucear le va que ni hecho a medida. Dentro del agua se parece más a un delfín que a una de esas orcas con instintos asesinos que andan estos días atacando veleros por las costas gallegas. El portavoz de la pandemia se ha prestado para un programa de Jesús Calleja, que gusta de acompañarse de políticos o aprendices de esa especie, como Fernando Simón. Con Pedro Sánchez escaló el Peñón de Ifach, con Albert Rivera participó en el Rally Baja Aragón y con Soraya Sáenz de Santamaría hizo el Camino de Santiago. Zapatero anduvo con Calleja por los picos de Europa y con Pablo Iglesias no ha habido suerte. El aventurero televisivo le retó, pero no ha tenido respuesta.
Simón ni siquiera ha estado una semana de rodaje y para casa. ¿Qué problema hay con que un funcionario coja unos días de vacaciones? Con el cargo que tiene no ha elegido el momento más oportuno y no es muy ejemplar refugiarse bajo el mar cuando sobre la tierra el bicho campa a sus anchas, critican sus odiadores. ¿Y qué más da? Si su trabajo se hubiera reivindicado como imprescindible durante este tiempo podríamos llorar su ausencia. Nada de eso. El director de alertas no alertó de absolutamente nada cuando venía la primera ola de coronavirus. «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado». Hemos superado con creces los 600.000 y subiendo sin control. «Esperamos que no haya transmisión local y en ese caso sería muy limitada y muy controlada». No se ha librado nadie y el Covid-19 campa a sus anchas. De la segunda ola, mejor no hablar antes de que pase. Estas son las hazañas de trazo gordo de Fernando Simón. Si bajamos al barro, casi cada día ha tenido deslices, tras intentar asumir un papel político al que nunca se debió de prestar. Sobre todo, porque, junto con el presidente del Gobierno, es la cara y el rostro de la gran mentira de esta pandemia. El director de Alertas Sanitarias es el cómplice que han encontrado en Moncloa para no reconocer la cifra real de muertos y endulzar así una tragedia que no es comparable con la de ninguno de los países de nuestro entorno más cercano.
Fernando Simón tiene todo el derecho a irse de vacaciones y casi que agradecemos que se marche unos días. Así, se puede meter el dedo en la nariz sin que nadie se lo reproche. Lo adecuado es que se retirara de forma permanente a investigar con más tino y que dejara a cualquier otro científico en un puesto muy complicado en el que es difícil hacerlo peor.