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Alejandro Bermúdez

Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


Los Pájaros contra las escopetas

01/10/2021

Cada vez que una pescadilla ataca a una ballena, o cada vez que un nacionalista de ‘Mediocelemín, república independiente’ trata de imponer su lengua a base de prohibir una lengua universal, como el castellano, me viene a la memoria este dicho. Es lo que estamos viviendo estos días en España. Nacionalistas que caben en un hotel, como el famoso chiste de Mao, se permiten prohibir el uso del castellano.
Obviamente es un contrasentido. Como lo es que un partido que lleva en sus siglas una ‘O’ que se supone que es de obrero y por tanto que tiene una vocación universal, apoye estas verdaderas horteradas, propias de un ‘catetismo’ que yo creía desaparecido ya de la geografía patria.
Esta estupidez reinante, no cabe duda que pasará, como pasa el sarampión. El problema es que cuando se supere, el daño y el sufrimiento que han causado a tantos y tantos españoles, ya no tendrá remedio.
Está claro que la cerrazón es el camino del declive en todos los órdenes. Eso está a la vista. Solo tenemos que comparar la trayectoria de Cataluña y la de Madrid. Cataluña lo tenía todo, entre otras cosas porque siempre se la ha tratado como a ese hijo problemático al que nadie se atreve a llevar la contraria para no enfadarlo. El resultado es el que vemos, nunca estarán conformes aunque les entregues el Banco de España con sus reservas para ellos solos. Pero también está a la vista que, pese a todas sus ventajas, incluidas las de su propia situación geográfica, que les permite acceso al mar, cada vez representan menos en el conjunto de España económicamente hablando, mientras Madrid, una ciudad abierta en todos los aspectos ha alcanzado un ritmo de crecimiento que es la envidia de todos los que les gustaría verla en declive, por no dejarse gobernar por ellos.
Pero no es solamente Madrid la que ha despegado con fuerza, empujada por los aires de libertad que en ella se respira. El caso de Málaga también es digno de admiración y la causa de su explosión económica es la misma que la de Madrid.
Quienes creen que prohibiendo hablar en castellano van a conseguir elevar el nivel de su lengua regional, están tan equivocados como el que pretenda sujetar la lava del volcán Cabeza de Vaca, con un muro de adobe. El castellano es una lengua demasiado grande, es una legua universal, demasiado fuerte como para que un puñado de mentecatos pueda hacer mella en ella.
El problema es el sufrimiento que generan innecesariamente, que antes o después se volverá contra estos nacionalistas de la media fanega como un bumerán, porque es obvio que antes o después, la población, incluso la más recalcitrante, se dará cuenta de que el camino de aislacionismo y de la disgregación solo conduce a donde muchos de ellos ya están y no se dan cuenta: a la insignificancia.
¿Qué clase de libertad es esa que no permite a las personas expresarse como mejor le parezca? ¿Qué clase de enanismo mental sufren algunos, para impedir que cada cual ponga a su negocio el nombre que le dé la real gana? Realmente todas esas pobres expresiones, no hacen más que demostrar su complejo y su pequeñez. Es el intento de los pájaros de atacar a las escopetas,  es… hacer ‘la risión’.