Tente Nublao

Ángel Monterrubio


Tomates frescos

No hay historiador ni viajero que se refiera a Talavera que no ensalce su río Tajo y sus pescados (se entiende que antes de los pantanos, del trasvase Tajo -Segura, de que Madrid se quedara con toda el agua del Alberche y de la contaminación, que lo han jodido todo). Me gusta, sobre todos los comentarios, el de Fray Andrés de Torrejón cuando dice: «De los ríos que hay en esta villa y en su tierra se saca mucha pesca y los peces de sus ríos son estimados poco menos que truchas, y no son todos pequeños, que también los hay grandes, que fuera del extremado sabor que tienen, dan mucho contento a la villa. Yo he visto barbos de 18 libras y es sabido que ha habido otros de más de una arroba en el río Tajo (casi doce kilos) y en este río hay muchas anguilas y de maravilloso gusto».
No es por ello extraño que muchas familias talaveranas: Los Gorrillas, Los Cebollanos, Los Cristos, los Rendos, los Palancarejo, los Gudieles, Los Benito… se dedicaran, generación tras generación, a ser pescadores de río, desarrollando unas artes de pesca propias y características que solo se empleaban aquí. El último pescador del Tajo y del Alberche en Talavera fue mi querido amigo Telesforo Jiménez.
Pescadores que durante muchos siglos sacaron la pesca del río para, como señala Fray Andrés de Torrejón, ‘dar contento a la villa’, que es una manera como otra cualquiera de decir que quitaron muchas necesidades, muchas hambres. Nuestros platos típicos tradicionales eran el barbo y la anguila con tomate. Por desgracia son recetas que hoy se han perdido como tantas otras cosas.
El trabajo de pescador de río era extremadamente duro para los hombres y siempre al borde de la ley, ley que hacía la vista gorda, porque luego esos mismos pescadores eran la ‘Protección Civil’ y ‘los bomberos’ de Talavera cuando venían mal dadas con las crecidas del agua, que era muy a menudo. Pero también lo era para las mujeres de los pescadores, que eran las que vendían el producto. Imaginen a la madre de Los Gorrillas –de Telesforo, Benito y Felipe-, la señora Julia, cargando con su cesta llena de peces y anunciando a voz en grito su mercancía por las calles de Talavera cuando había veda: ¡Tomatehhh, traigo tomatehhh frescohhh!