Amboades

Miguel Ángel Flores


Opinión

05/10/2020

  Todo el mundo opina: usted opine, que su opinión nos sirve de mucho. Pero la realidad es que opinar al aire o al lado de unas personas cercanas, familia o amigos, o peor aún personas desconocidas que están en el bar o en la tienda, o la cola del cine o el teatro, ciertamente y en verdad opinar no sirve de nada, tiene el mismo efecto que si unas cotorras mantuvieran una conversación.
Esto es así porque durante los últimos años se ha intentado llevar a cabo y al final se ha conseguido, que todo el mundo opine desde el más docto y leído, hasta el más patán, pazguato y mentecato, que para estar en un estado plenamente democrático y lo que se dice pleno de igualdades (¿?), eso de la opinión solo se ha entendido dentro del campo de la política como algo muy a tener en cuenta, mejor dicho que todo el mundo hable y opine en libertad, y que hable y opine mucho, y a mi entender hablar y hablar, y seguir hablando, al final como se habla mucho vertiendo opiniones, ciertamente es como si no se dijera nada siendo una pérdida de energía inútil, que al estar opinando de una manera vacía, no se hacen otras cosas más productivas, por ejemplo estudiar, leer, observar y ello aunado a ese pequeño esfuerzo, se puede llegar a una reflexión y una comprensión de las cosas de una manera mucho más clara y real. Lo anterior es lo que se debería haber potenciado para que se pueda opinar, para que quien opine en verdad tenga el criterio creado de una manera sólida y no por el arrastre de terceros, lo que en el Siglo de Oro español se llamaba mentideros, donde alguien interesado soltaba digamos una idea y en menos de media hora, aquello lo comentaba cualquiera con mucho conocimiento, incluso con tesis de veracidad muy comprobadas. Un ejemplo de opinión ‘libre’ es el fútbol, en un mismo partido con un resultado inapelable, cualquiera dice que tal o cual cosa, porque de antemano va cargado con unos prejuicios personales respecto del equipo, o el jugador que haga lo que haga, siempre será subido o bajado según, perdiendo la objetividad en cuanto al hecho que pasó. Así pues, tener opinión en un estado libre en verdad no sirve para nada, alguien me dijo una vez que la opinión es el punto más bajo de la inteligencia, por eso todo el mundo opina.