Política y Humanismo

Fernando Díez Moreno


La ‘batalla cultural’ (II parte)

05/10/2020

En la última colaboración en este diario de 20 de septiembre, señalamos que el enemigo en la ‘batalla cultural’ en que nos encontramos estaba dentro de nosotros mismos. En esta segunda parte sostenemos que la ‘batalla cultural’ no solo se está perdiendo en España sino también en Europa.
Entendemos por Europa una comunidad cultural y una realidad social que comparte la misma fe y los mismos valores. Esta Europa, así concebida, corrió el riesgo de desaparecer a mediados del pasado siglo XX por una profunda crisis espiritual manifestada en la pérdida de esa fe y de los valores morales comunes.
Ahora, a comienzos del siglo XXI se confirma en Europa la pérdida de confianza en la propia cultura y en la razón. Ha surgido un ‘neopaganismo’ que la lleva al suicidio, y da lo mismo que la ventana desde la que se tira sea la de la izquierda o sea la de la derecha.
Síntomas de esta situación europea (y, por tanto, también española) son entre otros: el desarrollo de lo público en detrimento de la iniciativa privada; los déficits crónicos de la seguridad social y del sistema de pensiones; el buenísmo (tolerancia) con las organizaciones herederas del terrorismo; la masa de refugiados a sus puertas; los movimientos populistas e independentistas; el orden europeo que en lo jurídico se ve amenazado, en lo económico se ve en recesión, y la seguridad física y sanitaria, se ve en entredicho; y la proliferación de un multiculturalismo desarraigado. A ello hay que añadir la pérdida de población. A mediados de este siglo el 60% de los italianos no habrán tenido la experiencia de un hermano o un primo; Alemania habrá perdido la población equivalente a la que tenía la Alemania del Este; y en España la población habrá disminuido en una cuarta parte.
¿Qué sucede para que Europa, que en el siglo anterior era el centro del mundo civilizado, haya llegado a esta situación de crisis moral?
Para Henry du Lubac, la respuesta está en la aparición de un ‘humanismo ateo’ en los grandes pensadores del siglo XIX que niegan al Dios de la Biblia para con ello proclamara la liberación del hombre. Surge así en el siglo XXI un ‘humanismo exclusivo’, según el cual, en nombre de la democracia, de los derechos humanos, la tolerancia y el cinismo, cualquier referencia de carácter religioso o moral, cualquier testimonio o defensa de la fe y de las propias convicciones morales deben excluirse de la vida pública y quedar relegadas al ámbito de la privada. El ejemplo más claro de este ‘humanismo exclusivo’ lo tenemos en la negativa a incluir en el Preámbulo del proyecto de Constitución europea, una mención a las raíces cristianas de Europa, como hemos explicado en la colaboración 16 de 23 de agosto. En un proyecto de Tratado que contenía 70.000 palabras no había sitio para la palabra cristianismo.
J. Ratzinger, antes de ser Papa, había hablado de la ‘dictadura del relativismo’. Y el filósofo francés R. Brague los explica diciendo que en el siglo XXI se enfrenta el ser y la nada. El nihilismo desemboca en un escepticismo profundo que incapacita para conocer la verdad de cualquier cosa, de manera que el relativismo moral reduce la capacidad para dar razón de los principios de libertad, justicia, civismo y tolerancia.
El resultado es una ‘política de coacción’ contraria al funcionamiento de la democracia, que se apoya en la persuasión. Política de coacción que es el mayor peligro real y presente de Europa (y también de España), siendo la lucha por resistir a esa política uno de los contenidos de la ‘batalla cultural’.
Te preguntarás, amable lector, qué hacer ante esta situación. Porque es muy fácil hacer el diagnóstico de nuestros males, pero más difícil encontrar el tratamiento. Yo te lo puedo sugerir, pero deberás esperar a la próxima colaboración dentro de 15 días.