RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


La ventana rota de Barcelona

En Barcelona, el monotema del procés ha sido desplazado en las últimas semanas por la teoría de la ventana rotas. Hace referencia a un experimento que llevó a cabo en 1969 un psicólogo de la Universidad de Stanford, un tal Philip Zimbardo que hizo lo siguiente: abandonó un coche en el Bronx (Nueva York) con las placas de matrícula arrancadas y las puertas abiertas. A los pocos minutos empezaron a robar sus piezas. En tres días, estaba totalmente destrozado.

Zimbardo abandonó después un segundo coche en las mismas condiciones. Pero esta vez en Palo Alto (California), una de las zonas más ricas del país, donde el vehículo pasó una semana sin que nadie lo tocase. El investigador destrozó entonces partes de la tapicería con un martillo. Tres horas después, el automóvil estaba totalmente desguazado. El ensayo dio lugar a la llamada teoría de la ventana rota: si en un edificio aparece un cristal quebrado y no se arregla, el resto de ventanas acaban siendo destrozadas en breve.

Se ha extendido la sensación de que Barcelona tiene una, o varias, ventanas rotas. Han vuelto los yonkis como no se veía desde los años 80, hay un olor a orín insoportable en las callejuelas del centro, robos con violencia, enjambres de carteristas en el metro...  Desde el momento en el que se permiten cosas como que un flota de triciclos sin licencia mueva turistas por la ciudad impunemente, el mensaje ya está enviado: las reglas están para incumplirlas. En los bajos fondos de la ciudad dan por hecho que la cosa está peor que nunca y va a empeorar porque hay cada día más ventanas rotas.