ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


Insultos y política

08/09/2020

Podría comenzar el artículo con una acumulación de descalificaciones al señor  Casado, líder del PP. Se lleva lo de los insultos, sobre todo en la gente de derechas.  Imagino que, con este recurso, atraería la atención del lector. Pero, ¿tendría más razón en lo que vaya a escribir? Hace tiempo  un periodista  me corrigió  cierta inclinación al insulto a la que todos recurrimos de vez en cuando. Estamos cabreados, indignados y cuanto hace o dice el contrario nos parece un horror y nos produce  rabia. Así que descargamos esa rabia insultando al contrincante. Gracias Cesar, por aquella conversación que me descubrió el submundo inútil de los insultos. Con descalificaciones e insultos tal vez podamos acaparar la atención de quienes  necesitan bazofia para que un texto o un discurso les suenen atractivos. Podremos, incluso ascender en la organización partidaria a la que pertenecemos o medrar en la empresa mediática en la que trabajamos al mostrarnos fanáticos rocosos. Pero cualquiera de los réditos que proporcione el insulto y la descalificación no significan tener razón. Así que enhebraré este texto diciendo que resulta vergonzoso, en el momento actual de España,  la negativa del señor Casado a colaborar  con el gobierno de la Nación. Y más vergonzoso aún quienes lo justifican o teorizan. ¿Cómo entiende la democracia la derecha cuando no ocupa el poder?
En una actividad política madura ocuparía el primer lugar la lucha contra la pandemia. Lo sabemos y lo repetimos: no existe derecha o izquierda contra un virus. Todos somos víctimas. ‘Politizar’ el virus solo  esconde  limitaciones de liderazgo, una clara indignidad moral  o un exacerbado ‘populismo epidemiológico’. Es el caso de la Comunidad de Madrid. El segundo de los frentes se relaciona con la crisis económica  que la epidemia está causando. Los responsables políticos se empeñan en anunciar que la crisis se superará pronto. Suponemos que quieren evitar nerviosismos colectivos. La crisis del año 2008 aún no se había superado en 2020, cuando  apareció el virus que nos atormenta. La actual se llevará negocios e industrias por delante, dejará familias sin empleo, aumentarán los jóvenes sin estudios ni una preparación adecuada. Entrarán en el mercado laboral, si es que entran, sin cualificación, con lo que se mantendrá la espiral de precarización del empleo que permanece desde los inicios de la democracia en España. Ambos escenarios serían motivos más que suficientes  para colaborar con el gobierno por quienes se postulan como su alternativa. Porque las crisis, sanitaria y económica, no se van a superar insultando a Sánchez. Ni siquiera odiándole. Tampoco anatematizando a partidos políticos que -gusten más o gusten menos- han sido elegidos por ciudadanos  tan dignos como los demás.  
Hacer en estos momentos ‘demagogia epidemiológica’ es tan estéril como desperdigar por los medios de comunicación calificativos contra Sánchez.  La demagogia oculta, lo mismo que  las descalificaciones e insultos sistemáticos, la pereza mental e intelectual de quien la ejercita, por muy apasionantes que puedan sonar. La demagogia populista niega la Política como instrumento de convivencia y de resolución de conflictos. No renovar las principales instituciones  de la democracia parlamentaria, el Consejo del Poder Judicial, RTVE y otros,  significa negar la misma democracia. Los miembros del Consejo del Poder Judicial fueron nombrados por un gobierno del PP y eso es lo que no quiere variar el señor Casado. Puro ventajismo. Deslegitimar las instituciones constitucionales   se agrava,  cuando el señor Casado sostiene que la negativa a la colaboración se fundamenta en la presencia en el gobierno de un partido que no le gusta por sus planteamientos totalitarios. Débil razonamiento más totalitario aún que el partido que él rechaza. Una boutade.