DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Un gran hallazgo

Escribiendo esto me arriesgo a una buena regañina de Ana Menéndez. En un momento les cuento quién es; por si no vas a seguir leyendo, que sepas que te vas a perder uno de los descubrimientos de este verano. Es de Barcelona y la próxima vez que vaya -que, espero, sea pronto- prometo buscarla. Antes, voy a lo importante.

Me ha pedido mi amigo Ina, abogado de los buenos, que le pase unas cuantas sugerencias sobre Barcelona. Intuyo que me pregunta por las cosas del comercio y del bebercio, no sé por qué me da. Si quiere ver catedrales, la Sagrada Familia, la casa Batlló o el parque Güel, que se busque un guía turístico o lo deje todo a la aventura, muy recomendable cuando uno viaja en familia. Vayamos, pues, a por las tascas.

No dejaría de ir al Xampanyet. Es uno de esos bares clásicos del barrio del Born que todavía conserva en la barra y en sus rincones elementos originales. Es mi primera recomendación porque en la entrada tiene botas de vino colgadas de la puerta, entre las que hay piezas elaboradas por Jesús Blasco, el botero de Sigüenza. La primera vez que vi este señuelo seguntino en el corazón de Barcelona, me entró tal emoción que me vine arriba dentro del Xampanyet. No recuerdo mucho más. He vuelto muchas veces a degustar sus anchoas, sus embutidos y los quesos. Nunca ha dejado de tener su encanto, aunque, como todo local que se incluye en las guías internacionales, termina repleto de turistas y los dueños lo aprovechan para subir los precios. Estas dos conclusiones se podrían aplicar a muchos establecimientos; en el caso del Xampanyet -vino blanco con burbujas, que es la bebida típica del bar- todavía guardan cierta mesura.

Por recomendación de Carlos Herrera, no hace mucho descubrí un restaurante del Eixample que me sorprendió gratamente. Sus patatas bravas son de las mejores de Barcelona -para que lo anoten los amigos de Senderismo Guada-, las bombas de carne de categoría y hacen un bacalao ajoarriero que recuerda el plato que hacían las abuelas. Todo esto lo puedes encontrar en la taberna Paco Meralgo, en la calle Muntaner, donde es mejor ir con la cartera llena si tienes pensado extenderte con la comida.

En la Boquería está Pinotxo. Allí te encontrarás a Juanito, el alma de este bar del mercado más concurrido de Barcelona y el ramblero más famoso. Tiene 84 años y sigue regalando sonrisas. El resto no te lo regala, pero merece la pena tomar cualquier pincho o ración. Desde unas sardinas ahumadas a unos garbanzos salteados con morcilla de Burgos.

Este verano me ha sorprendido La Flauta, en la calle Balmes. Su butifarra con mongetes (alubia blanca) es de lo mejor que he probado y el precio de lo mejor que he encontrado, cosa no fácil en Barcelona, cierto es. Dos recomendaciones más, que me voy sin hablarte de doña Ana. Por conocerla, sólo si te pilla de paso, la Bodegueta de Rambla de Catalunya siempre me ha parecido un rincón entrañable. Su joven hermana, La Bodegueta Provença, ha conseguido reunir un ambiente moderno. Tiene una extensa carta de vinos, pero en las cuestiones de comer hay mucho que mejorar. De las recomendaciones del Herrera, tengo pendiente Casa Pepe, en la plaza Bonanova. Para la próxima vez.

Siento haber ofendido a doña Ana Menéndez, presidenta de la Federación de Asociaciones de Vecinas y Vecinos de Barcelona       -así se presentan-. Estos días, la señora Menéndez anda muy ocupada repartiendo octavillas entre los turistas pidiéndoles que cuando vuelvan a su país no expliquen su experiencia. El lema lo dice todo: «Barcelona es un tesoro, ¡escóndelo!». La majadería no merece mayor aprecio, salvo para los que se lo tomen en serio. Cada uno a lo suyo. Cuando hablo de estas tierras de Guadalajara yo prefiero el ya repetido ven y cuéntalo. Los clásicos siempre triunfan.