PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


Paco pía poco

19/02/2021

En el campo de la derecha política hay dos maneras de mirar a las elecciones de Cataluña. La del PP que no quiere ni verlas y cierra los ojos y la de Vox que sueña que ese es el futuro en toda España que ya tienen en la mano. Ciudadanos, simplemente, ya ni respira. Dejó de hacerlo cuando Girauta, el ahora tonante Girauta que a saber dónde acaba, lo convirtió en monaguillo de Page por un platillo de cargos y enchufes. Lo que queda por decidir es donde se irán votantes, afiliados y colocados. Y eso es ya lo único que importa. En Cataluña se han ido la mayoría al PSOE, otra porción importante a Vox y al PP más bien ninguno.
Vox se ha apresurado a proclamar, como es lógico que haga, que eso es el preludio de lo que va a pasar en Castilla-La Mancha. Y ¿saben? No es baladronada alguna.
Las elecciones generales pasadas supusieron ya un terrible aviso para el PP que desde la pérdida del poder ha entrado en barrena. Aquellos resultados, donde llegó a imponerse en la provincia de Guadalajara y quedar en el resto a escasa distancia de los populares, extrapolados a las autonómicas suponían ya casi un empate. Por ello Abascal, ya desde entonces y ahora con mayor motivo, tiene el ojo echado a la región, a la que visita con frecuencia, como clave y llave de su batalla por conseguir la hegemonía en el centro derecha. Esa es su primera meta volante pero la que ansía es otra por la que pasa todo. El primer y verdadero triunfo que pasa por conseguir el poder en una comunidad autónoma y algunos ayuntamientos importantes, pues sin ello su papel no solo queda en la práctica reducido al de incordiar cantidad, dar muchas voces, pero concluir en ser en realidad el aliado objetivo de los socialistas.
Eso es lo que ven factible en Castilla-La Mancha donde cuentan para ello con una baza de calado e importancia. La inanidad mostrenca del papel, ¿de oposición? que el PP ¿liderado? por Núñez está haciendo desde que le entregaron el poder. Embotada, roma, incapaz de trasladar a las gentes un mensaje ni de hacer un solo rasguño en el poder socialista, ni siquiera en los momentos más vergonzantes que a veces este ha protagonizado, es cada vez más inexistente y por momentos su orondo y muy satisfecho jefe pareciera más bien ejercer de ‘consejero de la Oposición’ que de alternativa a Emiliano García Page, La tarea esencial de Paco Núñez ha consistido ante todo y sobre todo en atornillarse al poder interno, atornillando junto a él a quienes practican lo mismo y a laminar internamente a todo aquel que perciban como peligro para sus intereses. El PP regional está yerto y congelado, en todas y cada una de las provincias. Ni tiene línea, ni tiene pulso ni tiene referentes, pues los que tuvo, y ni se atrevieron entonces ni se atreven ahora a dar el paso, están siendo cada vez más arrinconados.
El campaneo de Vox ante semejante panorama es pues muy comprensible. A pesar de sus desbarres y enormes carencias. Perciben que tienen camino cada vez más abonado en quienes todo lo fían a una inercia de que ‘sus’ votantes no darán ese paso y son tan incapaces de ver lo que se les puede venir encima que no ven siquiera que esto ya les ha sucedido. Porque ya sucedió en buena medida en las anteriores elecciones y porque ellos lo que hacen cada día es empeorarlo. Así que Abascal está buscando un candidato que le modere un algo los rechazos y le arrime un tanto más las adhesiones. Y por lo que se barrunta da en la nariz que no le va a ser demasiado difícil encontrarlo.
Podría suponerse ante ello, que, ya que la dirección regional no parece capaz de reaccionar, ni lo intenta, la nacional, debería preocuparse y ocuparse por ello. Pero por ese lado Núñez está tranquilo. Se siente seguro en ese sentido y muy a gusto. La guardia pretoriana de Casado lo considera ‘de los suyos’ y es lo único que les importa. De los que no pian. Y Paco pía poco.