LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


¿Cuánto tiempo más va a aguantar la gente en casa?

06/04/2020

Dos requisitos, y no uno (repito no uno solo), es lo que contiene para frenar y atajar el Covid-19 la instrucción de la Organización Mundial de la Salud. Uno es el de dejarnos en casa, y el otro es la realización de test masivos con vocación de llegar a toda la población. Las dos cosas, y lo uno mientras llega lo otro. La gente lleva tres semanas asumiendo su parte, y los gobernantes no son capaces (por su culpa o por la del mercado), de cumplir con la suya. Y ahora nos dicen que puede no haber llegado ni a la mitad de tiempo del encierro. ¿Paciencia? Por supuesto, pero sin una razonable inquietud sobre la diligencia de nuestros responsables porque los test no se aplican de momento ni siquiera a los grupos de riesgo.
Miren, me parece muy bien que se mantenga el espíritu de resistencia y combate que estamos experimentado en estos días y me sumo a cuantos aplausos y exhortaciones colectivas, imprescindibles y oportunas siempre, nos reconcilien con nosotros mismos como grupo humano y trasciendan del habitual individualismo. Incluso me atrevo a decir que inciden positivamente en un sentimiento de identidad nacional. Pero fíjense que esto no está inventado ahora, aunque gracias a Dios casi todos hemos desconocido hasta hoy una situación social tan terrible: en efecto todo este lenguaje de movilización y resiliencia es tan antiguo como la guerra misma.
Cuando llegaba un conflicto en los siglos precedentes, los gobernantes pedían a la población todo tipo de esfuerzos extraordinarios y previa declaración de un estado excepcional, convertían la necesidad de la victoria en el centro de todo, con lo que toda crítica, duda sobre el esfuerzo, o cuestionamiento de la autoridad, suponía una condena social pues cada uno de los impulsos vitales debían de concentrarse en ganar. Bien, me sumo a ello, pero la batalla no es hoy quedarse en casa solo, sino, y lo digo por tercera vez, los jodidos test. Si con cualesquiera argumentos, aunque fueran verdad sin excepción, se justifica que no llegan, el plan B no puede ser que sigamos en casa sin fecha, porque ello es insostenible.
Y digo insostenible, ojo, solo desde el punto de vista de la salud, dejando al margen el tema económico, pues ninguna organización de salud nacional o internacional les justifica a nuestros dirigentes para imponer el confinamiento de más de un mes si al otro lado de la balanza del riesgo de contagio se pone el efectivo colapso de la salud física y mental de toda la población, como hecho cierto y no pendiente de contagio.