EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


El acróstico

30/07/2020

Otra vez en la antesala agosteña. El calor insoportable y el mal agüero que trae el viento que sopla por la llanura, con las soporíferas noticias sobre el rebrote viral de la incompetencia, el desempleo galopante, la crisis económica en ciernes o la migración de los británicos nos empuja a considerar que la única noticia de optimista perspectiva será la próxima celebración, el próximo día 8 de agosto, del Día Internacional del Orgasmo Femenino. 
Rarezas aparte, todos estamos de acuerdo en que el orgasmo disminuye el estrés, favorece el sueño, mejora el flujo sanguíneo, mejora la textura de la piel y hace que te sientas más joven, o eso dicen. Y mira que en agosto tenemos previstos días internacionales para cuestiones tan importantes como el Día Mundial de la Alegría, el 1 de agosto, o el Día Internacional de la Cerveza, el 7 de agosto, pero sin duda lo del orgasmo femenino se lleva la palma.
Generalmente, a la hora de matar el aburrimiento y superar el pesimismo, cada uno dispone de sus propias habilidades y recursos. Yo mismo, sin ir más lejos, mientras escribo esto, me divierto ofreciéndoles un acróstico. No es la primera vez que lo hago en este espacio periodístico que me ofrece La Tribuna, pero sí es la primera vez que lo confieso. 
Antes de nada, tengo que aclarar que, para la Real Academia Española de la Lengua, la criptografía es el «arte de escribir con clave secreta o de un modo enigmático». Aunque no se trata exactamente de una formula criptográfica, el acróstico es un buen método para esconder mensajes, y también, como digo, un método efectivo para matar el aburrimiento.
Se trata de componer una palabra o frase cogiendo la primera letra de cada frase o de cada párrafo de un texto. En este caso puedes encontrar mi acróstico uniendo las primeras letras de cada uno de los párrafos de este texto. Más sencillo y corto que uniendo las primeras letras de todas las frases pues, aunque se me da bien, no tengo tanta facilidad como un antiguo compañero de estudios, con tanta destreza para el lenguaje encriptado, que todavía le daba tiempo en los exámenes para despacharse a gusto con tal o cual profesor, dirigiéndole cualquier improperio o escribiéndole su distintivo y habitual mote utilizando alguna fórmula criptográfica. 
Más nos vale aprovechar el tedio como impulso para la creatividad. Acabo de leer en una revista que autores tan diversos como Kierkegaard, Alberto Moravia o Immanuel Kant afirmaron, cada uno a su manera, que Adán y Eva dejaron de aburrirse cuando Dios los expulsó del Paraíso Terrenal, porque desde el momento en que tuvieron que preocuparse por algo tan esencial como sobrevivir, el tedio desapareció. 
Otro día profundizaremos más sobre el tema del orgasmo, que intuyo que les ha interesado. Pero eso será en septiembre. 



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