Me la juego

Ana Nodal de Arce


Que sea lo que Dios quiera

03/09/2020

Que sea lo que Dios quiera. Esta frase, muy de mi madre, resume la política que han seguido nuestros gobernantes en esta maldita etapa de la pandemia, brotes y rebrotes del coronavirus. Así pues, me reencuentro con ustedes, queridos lectores, en una situación peor a la de finales de julio, con mayor incertidumbre, más infectados, oscuras expectativas económicas, el superávit del Ayuntamiento en manos de Sánchez y un incremento del descontento social. Y, todo esto, sin tan siquiera lucir el bronceado de nuestro presidente, aunque en eso tampoco he puesto empeño, la verdad.
Durante el pasado agosto, se ha criticado mucho la «irresponsabilidad» de los ciudadanos, que no se ponen bien las mascarillas, las rechazan, se van de juerga o se reúnen alegremente, con la que está cayendo. Mal hecho, aunque son más los obedientes. Tampoco los que mandan han dado muestras de credibilidad, con medidas desconcertantes, que conllevan un incremento de la desconfianza en quienes deben ser los garantes de nuestra salud pública. Los políticos han veraneado tranquilamente y, a la vuelta, sin ir más lejos en Toledo, en cuestión de media hora, nos pusieron firmes porque la cosa estaba muy mal. Más restricciones para hostelería, eventos culturales, supermercados, reuniones sociales, bibliotecas o cierre de piscinas municipales. Ruina de muchos negocios, a los que animo a utilizar la imaginación y, en el caso de bares y restaurantes, a bajar la tarifa de las consumiciones. Una idea: en el Casco Histórico, ahora agónico, fijen un menú del día a un precio razonable para que aquí ocurra lo que en Cuenca, que los restaurantes se llenan los fines de semana. Y no solo de visitantes, sino de vecinos que pueden degustar una rica gastronomía desembolsando lo justo.
Además de esas medidas para establecimientos, en esas restricciones decretadas por la Junta, se incluye una especialmente cruel: el confinamiento, el cierre, la clausura, nuevamente, de las residencias de mayores, el colectivo más castigado durante la pandemia y para el que los derechos fundamentales quedan en entredicho.
Lo más preocupante es que los gobiernos no han cumplido. No han preparado la vuelta al cole, ni a la universidad, ni han establecido un protocolo de actuación para esas residencias de mayores asoladas por el coronavirus. Eso sí, este mes hemos tenido la certeza de que Messi se va del Barcelona y la tranquilidad de que a Bono le van a dar un destacado papel de tertuliano en más de una cadena, entre ellas la pública. Así empieza septiembre.