Greguerías

Aurelio de León


El mundo en que vivimos

01/09/2019

Nuestro mundo actual no se parece en casi nada al mundo de hace cincuenta años. A muchos adultos, pero sobre todo a las personas mayores, les cuesta bastante adaptarse a él y encontrar el lugar desde el que vivir la propia vida. Pero este es el mundo que nos ha tocado vivir y en el que tenemos que intentar ser felices y realizarnos como seres humanos. Es en este mundo en el que debemos llevar a la práctica los principios éticos universales en favor de una humanidad cada vez más global, más interrelacionada y más interdependiente. 
En este mundo no vale esconder la cabeza bajo el ala para no pensar en los cambios que se están produciendo tanto en el planeta como en la sociedad. El cambio climático es ya un hecho que está entrando en nuestra casa común y que afecta a la vida de la naturaleza y a la vida de los humanos. Es una irresponsabilidad por nuestra parte no poner todos los medios a nuestro alcance para que su incidencia perjudique lo menos posible nuestro vivir y, principalmente, el vivir de los habitantes de los países más pobres que, por encontrarse en las zonas más cálidas de la Tierra, sufrirán con más dureza las consecuencias del calentamiento global. 
En este mundo, marcado por estas alteraciones físicas, nuestra convivencia se está haciendo cada vez más compleja y convulsa. Vivimos en una sociedad plural, laica e incluyente, en la que nadie tiene la verdad absoluta ni en lo político ni en lo religioso y en la que caben multitud de creencias y formas de pensar y de actuar. En esta sociedad no tiene sentido alguno imponer una determinada ideología, única y exclusiva, como algunos pretenden, pues sería a costa de violentar las conciencias y privar a las personas de nuestro patrimonio más valioso: la libertad. En esta sociedad, afectada por tantos cambios, la convivencia no se tiene de una vez para siempre: hay que construirla día a día respetando las diferencias y las forma de pensar y actuar del otro; aceptando los comportamientos culturales distintos a los propios como algo que nos enriquece; abriéndonos a la relación con todos a través del diálogo con el fin de hallar lugares comunes de encuentro. 
En este mundo hay muchas cosas que no nos gustan, pero en él tenemos que realizar nuestra andadura histórica, fijándonos en todo lo bueno que también existe a nuestro alrededor. Con todas las dificultades y complejidades sigue teniendo sentido, y seguirá teniendo sentido, luchar por una verdadera fraternidad. «Debemos recuperar la convicción de que somos una sola familia humana, de que nos necesitamos los unos a los otros, de que tenemos una responsabilidad compartida con los demás y con el mundo y de que ser bueno y honrado vale la pena». Son palabras del papa Francisco.



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