Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


Si el necio aplaude, ¡peor!

26/07/2020

Viendo el bochornoso espectáculo de los aplausos con que los suyos han obsequiado a nuestro presidente, me ha venido a la memoria esa sentencia que Tomás de Iriarte pronuncia en su fábula ‘el oso, la mona y el cerdo’. Es que, desgraciadamente, con el acuerdo sobre las ayudas de coronavirus de la Comunidad Europea, ha pasado eso.
Nos decía el muy culto Tomás de Iriarte en la citada fábula: «Si el sabio no aprueba, ¡malo»; si el necio aplaude, ¡peor! Para mí y a estos efectos, el sabio es el IBEX. No en balde está compuesto por las mayores empresas que cotizan en la bolsa. El mismo día que, tras arduas negociaciones, se llegó al acuerdo, comenzó subiendo, pero al rato se dio la vuelta y ha seguido bajando en los siguientes días. Esto quiere decir que el sabio, al menos, el económico, que es de lo que se trata, no ha aprobado el acuerdo.
Pero lo peor, lo que confirmó los malos augurios, fue el bochornoso espectáculo de la llegada de Pedro Sánchez al ‘Hemiciclo’. Su bancada, esos que con su dedo aprueban, sostienen y hasta proclaman cualquier disparate que se le pueda ocurrir al presidente, le obsequiaron con un aplauso impropio de la situación: ‘el necio aplaudió’…
La ocasión no merecía aplauso alguno porque, por desgracia y como casi siempre, veníamos de implorar ayuda a esos capitalistas a quienes después criticamos y a quienes miramos por encima del hombro, porque nosotros somos los sabios, los progresistas… hasta que la realidad nos pone frente al espejo y nos devuelve una imagen de fracaso. Hemos tenido que recurrir a la Comunidad Europea, y gracias a Dios que existe, para que nos libre de una ruina que sería irremediable sin ella. Hemos conocido que ocupamos el último lugar en eficacia en la gestión de la pandemia y en estos momentos estamos viendo surgir los rebrotes como hongos, ocupando, ahora sí, el primer lugar en número de estos rebrotes en Europa. ¿Qué aplauden?
Los españoles tenemos la suerte de tener dos instituciones que denostamos, pero que nos salvan de nosotros mismos. Una es la Comunidad Europea, cuyas instituciones producen el efecto de disolver los efluvios revolucionarios de nuestros políticos progresistas. Allí se les olvidan los impuestos a las grandes fortunas, la reforma laboral y otras ‘embestidas’. Cuando se va a pedir no se puede uno poner como ejemplo de gestión, porque entonces se cae en el ridículo más absoluto. La Comunidad Europea es un seguro contra la pandemia coleto-progre.
La otra institución es la monarquía. Ya sé que racionalmente no se sostiene, porque en estos tiempos es incomprensible que un cargo público se reciba por herencia. Sin embargo en España el resultado ha sido positivo, quizá porque al encarnarlo una persona que no está sometida a los avatares diarios de la política, puede permitirse hacer las cosas con una mayor perspectiva temporal que un político que vive siempre pendiente de las elecciones próximas. ¿Se imaginan a Pedro Sánchez de presidente de la República con Pablo Iglesias de primer ministro? Tendríamos muchas posibilidades de tomar unos derroteros poco aconsejables. El caso es que la Comunidad Europea por un lado y la monarquía por el otro, están evitando que los españoles vayamos a situaciones peligrosas ya vividas antes. Nos defienden de nuestro peor enemigo: nosotros mismos.  



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