DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Impunidad frente a Democracia

05/06/2020

Si el presidente del Gobierno presentó una tesis con evidentes plagios y no pasó nada; si el ministro de Fomento ha sido capaz de violar las normas europeas paseando a la vicepresidenta de Venezuela por Barajas y sigue en el Consejo de Ministros; si al frente de la Fiscalía General continúa una ex ministra de Justicia que aterrizó sin transición y con su currículum manchado por sus coqueteos con Villarejo, ante el que asumió lo de la información vaginal «éxito garantizado»; si el PSOE pacta con BILDU la derogación de la reforma laboral con el argumento de «salvar vidas» sin apenas sonrojarse; ¿hay alguien en la sala que confíe en algún movimiento del ministro del Interior después de mentir en sede parlamentaria? Puede esperar sentado.
Marlaska no ha dado ningún paso sin el consentimiento de su jefe. Cualquiera de las jugadas del ministro ha sido avalada por el presidente del Gobierno. Lo que no esperaban ni Pedro Sánchez ni Grande-Marlaska era que iba a trascender la resolución oficial que ha dejado con el trasero al aire al titular de Interior. El documento reservado firmado por la directora general de la Guardia Civil desvelando la injerencia en las investigaciones del 8M es la prueba del algodón y es ahí donde ha girado la estrategia. Primero, para negar la evidencia, como cuando tu pareja te pilla con otra u otro en la cama. «No es lo que estás pensando, cariño». «Pero si lo estoy viendo con mis propios ojos2. «Da igual. No es lo que parece».
Como este argumentario tuvo difícil encaje incluso entre los más cafeteros, el siguiente paso ha sido el de desprestigiar una parte del Instituto Armado que, en definitiva, es dañar la imagen de todo el cuerpo. De ahí que Pedro Sánchez haya asumido términos habituales en los dirigentes de Podemos al hablar de ‘policía patriótica’. De ahí también que el ministro de Consumo fuera un poco más allá al insinuar que una parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado apuestan por la sublevación. «Hay elementos reaccionarios que asumen como propio el discurso que invita al golpe de Estado», dice el ministro con competencias limitadas, pero que se pasea por los medios de su confianza con rango de vicepresidente.
Le importará mucho a Garzón el agujero que se ha abierto en la Guardia Civil, la desconfianza entre la cúpula del cuerpo y el Ministerio del Interior y, sobre todo, el desconcierto que se ha generado ante investigaciones futuras. ¿A partir de ahora van a tener que plegarse a las consignas políticas aun a riesgo de acercarse a la prevaricación y a la obstrucción a la Justicia? Es por estos delitos por los que debería dar cuenta Grande-Marlaska, aunque seguirá en su despacho y a este escándalo le seguirá otro en cuestión de horas.
Si el siguiente capítulo que nos tienen preparado es aún más grave que el anterior no será algo improvisado. En parte, forma parte de una estrategia medida que termina narcotizando a la sociedad crítica. Si se van sobreponiendo las polémicas y ninguna tiene consecuencia, se genera un escenario en el que se toma por costumbre lo que debería ser excepción y motivo de destitución en cualquier Gobierno. Todos los desmanes que han protagonizado desde el Ejecutivo han caído en el olvido al llegar otros después más gordos. Y mientras esto sucede, los pilares de nuestra Democracia se ven seriamente dañados porque la impunidad se ha convertido en el gran escudo de los que siguen en Moncloa.