Entre Encinas

Pilar Gil Adrados


Divina sabiduría

30/07/2020

Seguro que el capitán pirata de Espronceda la admiraría mientras divisaba Asia a un lado y al otro Europa, cantando alegre en la popa de su velero bergantín. Desde la ribera occidental del Bósforo, Santa Sofía emblema de Estambul, luce una espectacular arquitectura que nos habla de sus quince siglos de historia bajo el dominio de varios imperios. Testigo de excepción de las cosas de los humanos: del afán por el poder, del trasiego comercial por el privilegiado enclave geográfico, de las intrigas sociales, de las controversias religiosas, de las disputas políticas o de los alardes nacionalistas, lo que aporta mayor interés a su atractiva belleza.
El inició de su construcción como iglesia ortodoxa data del siglo V, siendo la joya de la capital del Imperio Romano de Oriente, Constantinopla, levantada sobre las ruinas de griega Bizancio. En el siglo XIII, fue catedral católica un breve tiempo durante la ocupación por los cruzados. En 1453, al caer Constantinopla bajo el Imperio Otomano acaba el periodo bizantino, se retiran símbolos ortodoxos del interior y se añaden minaretes al edificio, pasando a ser la principal mezquita de la otomana Estambul hasta que se construye la Mezquita azul.
Con la primera guerra mundial acabó el imperio otomano y un movimiento nacionalista hizo surgir el estado moderno de Turquía. Su primer presidente, Mustafá Kemal Ataturk, secularizó Santa Sofía convirtiéndola en museo en 1934. Unesco reconoció este museo como patrimonio mundial precisamente por ser un modelo para toda una familia de iglesias y mezquitas posteriores y por su influencia en el arte oriental y occidental.
El templo está dedicado a la divina sabiduría, sophia es la transcripción de la sabiduría griega. Colosal por su tamaño y su diseño, del ingeniero Isidoro de Mileto y el matemático Antemio de Tralles, pretendía ser mucho más que un símbolo religioso, mostrando al mundo el gran poder del imperio bizantino. A la gloria de Dios como a la del Emperador. Cualquiera que haya tenido la fortuna de pasar por la puerta del Emperador habrá experimentado ese poderío, sintiéndose realmente pequeño.
Un reciente fallo del tribunal administrativo superior de Turquía, Danistay, ha invalidado la decisión de 1934 de convertirla en museo, considerando que no fue legal modificar su estatus de mezquita en el registro otomano. Primer paso para habilitar su función de culto musulmán que reclama la minoría nacionalista-islamista turca, aunque algunos opinan que así se desvía la atención de los problemas económicos
Los griegos guardianes de la tradición bizantina cristiana ortodoxa tienen una razón más para estar enojados con los turcos. La comunidad internacional se alarma por la inoportuna decisión política y la Unesco se preocupa por la conservación de la riqueza bizantina y otomana y la universalidad del monumento.
«Qué es mi barco mi tesoro, /Que es mi dios la libertad, /Mi ley la fuerza y el viento, /Mi única patria la mar. /Allá muevan feroz guerra/ ciegos reyes/ por un palmo más de tierra; / que yo tengo aquí por mío/cuanto abraza el mar bravío /a quien nadie impuso leyes».



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