En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


A gobernar

Una semana después de que el nuevo gobierno tomase posesión, hoy, pasadas las ocho y media de la mañana, el sol ha despuntado por el este y cuando al caer la tarde se oculte, seguramente, el apocalipsis no háyase manifestado aún. Desde que este ejecutivo ‘radical’, ‘populista’, ‘comunista’ y de ‘extrema izquierda’ prometiese cumplir sus cargos con «lealtad al rey, haciendo guardar la Constitución como norma fundamental del Estado», España sigue unida y en Toledo los churros del ‘Catalino’ no han comenzado a escasear.
Ya que en la Zarzuela ninguno de los prometientes se salió del guión, ni al protocolo establecido se añadieron coletillas ajenas como ‘por imperativo legal’ o similares, determinados noticiarios y tertulias pusieron la lupa sobre detalles más triviales. Qué si unos llevaban en la solapa un triángulo rojo en recuerdo de la lucha antifascista en los campos de concentración nazis, que si otra no puso la mano sobre las páginas de la Carta Magna, que si aquella dijo que guardaría secreto sobre las deliberaciones del Consejo de ‘ministras’,… En fin, con estos bueyes (mediáticos) está arándose el despegue gubernamental.
A la vista está que ni Sánchez ni sus ministros gozarán de la tradicional cortesía parlamentaria de cien días para que, de acuerdo con una regla no escrita en el mundo político, comiencen a desarrollar sus programas, conformen sus equipos y sienten las bases de su acción pública futura. Aunque hasta ahora las diferentes postas jugadas (convocatorias electorales, sesiones de investidura, llamamientos al transfuguismo o vergonzosas incitaciones golpistas) han sido superadas por el ya presidente y sus socios, las derechas insisten en negarles toda legitimidad para gobernar, no faltando propagandistas afines empeñados en inflamar, aún más, la temperatura social, resistiéndose a abandonar la pantalla de la crispación y conjurándose para tumbarlos cuanto antes.
Pues bien, llegados a este punto, lo razonable es dejar al nuevo ejecutivo gobernar, gobernar y gobernar, deseándole acierto para que con sus decisiones vayan apartando cuantos prejuicios, fantasmas y espantajos se han ido desplegando interesadamente en los últimos meses. Qué así sea. Y que cuando se cumplan esos mil cuatrocientos días que el presidente ha recordado tienen por delante, a todos nos vaya mejor.