Me la juego

Ana Nodal de Arce


Ojalá que nos vaya bonito

31/12/2020

«Gracias a Dios». Lo dijo Araceli, tras recibir la primera dosis de la vacuna contra el coronavirus en una residencia de Guadalajara. Con esperanza acaba un año de pesadilla que se cebó, precisamente, con los mayores ingresados en estos centros, quienes murieron a miles y siguen siendo castigados por las diferentes oleadas de un virus desconocido que ha cambiado nuestro mundo hasta socavar nuestra salud, nuestro sistema social, nuestros proyectos, nuestras ilusiones.
Echar la vista atrás en este 2020 produce vértigo. Se me han quedado grabadas las actuaciones estelares de Fernando Simón, que el 31 de enero realizó la predicción más fallida de la historia contemporánea: «Creemos que España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado». Y se quedó tan ancho durante sucesivas comparecencias. Tranquilo, él. Después, un fatídico 11 de marzo, la OMS declaró la pandemia. Hasta ese momento, el temor al virus era considerado de la derecha. Después, la izquierda hizo suyo ese miedo para justificar estados de alarma, confinamientos, salidas por horas y edades y otras restricciones de libertades, algunas inevitables, otras, como la censura en prensa, intolerables. La nueva normalidad proclamada por Sánchez duró poco, vinieron las mascarillas y otra oleada mortal. El toque de queda, los cierres perimetrales, y un eterno estado de alarma nos custodian en esta triste Navidad, en la que también la vacuna se ha teñido de ideología: la izquierda la considera su logro, bendito sea Dios que diría Araceli, y quien ose dudar de sus efectos será tachado de fascista. Amén.
En Castilla-La Mancha, la gestión de Page y sus equipos en Sanidad y Bienestar Social  han sido nefastas. Los datos lo indican. A esto hay que unir las desafortunadas declaraciones del presidente de Castilla-La Mancha en cuanto al cierre de colegios, «quince días de vacaciones», o la «bomba vírica de Madrid», por no hablar de ese discurso de «todos queremos estado, pero no queremos alarma». Para olvidar. Por si fuera poco, el bueno de Page ha tenido que sortear las continuas zancadillas del Gobierno central, aunque en los últimos días parece firme en la defensa de sus posturas políticas opuestas a Sánchez y, espero, decidido a reconducir su tierra, como es su deber.
Vamos a Toledo. La lucha y el tesón de los vecinos, junto a unos resultados arqueológicos contundentes, han impedido que el cuartel de la guardia civil se instale en Vega Baja. El empeño de la alcaldesa, no obstante, no conoce de razones y ha decidido que esa infraestructura irá a La Peraleda. Lucharemos para que Tolón recapacite y no pase a la historia como destructora del patrimonio, pese a su interés y el de sus selectos lacayos. Por lo demás, la pandemia ha arrasado el Casco, no se ha tomado ninguna medida para evitarlo y, sí, tenemos hospital en el Polígono, pero es más rápido llegar a cualquiera de Madrid.  
No queda tiempo: quiero recordar a las víctimas de esta pandemia, son los miles de muertos de todos, y despido este año con el deseo de que unamos fuerzas para volver a ser ese gran país del que me siento particularmente orgullosa. Tanto, que voy a escuchar el ¡Viva España! de Manolo Escobar que tanto molesta a los Iglesias-Montero. Ojalá que nos vaya bonito a todos. Nos lo merecemos.