Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


No es abuso, es violencia

¿Cuántas mujeres, cuántas niñas han de ser violadas en nuestro país para modificar el Código Penal y que no tengamos que escandalizarnos e indignarnos ante sentencias claramente injustas que demuestran cuán arraigado está el patriarcado en nuestras instituciones? ¿Cuántas elecciones generales tiene que haber para que se ponga en marcha esa reforma que algunos tanto prometen en campaña electoral? ¿Cuándo vamos a adecuar nuestra legislación al Convenio de Estambul, un tratado internacional al que España se sumó en 2014  y que deja claro que cualquier relación sexual sin consentimiento debe ser catalogado con la máxima pena? Hapasado año y medio desde el primer fallo judicial por la violación múltiple en Pamplona, cuatro elecciones generales en cuatro años y tantas agresiones sexuales a mujeres; y aún seguimos con un código penal que permite que en España haya violaciones sexuales sin violencia. 

Una niña de 14 años es violada por cinco hombres mientras otros dos miran y el juez, con el código penal en vigor dice que no es agresión sexual. Por el contrario se les condena por abuso sexual continuado porque ella estaba drogada e inconsciente y ellos no tuvieron que ejercer la violencia. A dos de ellos les absuelve por no participar en los hechos. Sí, ya se. Debes estar pensando lo mismo que yo, con las tripas encogidas. Que alguien mantenga relaciones sexuales con otra persona sin su consentimiento, ya sea manifestado o no, por la razón que sea, es violencia. Que cinco hombres penetren por turnos a una niña inconsciente es violencia. Que un hombre mire mientras esto pasa es violencia. 

Siento ira. La rabia, la ira, esa emoción prohibida a las mujeres, educadas para controlarse, moderarse, callarse, reprimirse. Pienso en mí, en mi hija y en todas las hijas. Ella no pudo sentir rabia ni ira. Estaba drogada. Y por ello no fue agredida sexualmente sino abusada según los jueces que han dictado sentencia.  Como si hubiera un “uso sexual” normal hacia las mujeres y un abuso tipificado como delito. No debería existir un delito bajo la denominación de abuso referido a nuestra sexualidad y a nuestro cuerpo, porque ello implica que hay normalizado un uso sexual de las mujeres. El abuso es delito pero el uso no lo es. Nuestro cuerpo como campo de batalla, territorio ocupado. Esta es la clave de las expresiones más salvajes de la violencia contra las mujeres, la deshumanización de nuestros cuerpos y nuestro yo, objetualizadas y cosificadas al extremo. Hay tres escenarios en los que esta deshumanización es más flagrante y clara. Uno como ficción y dos como cotidianos espacios en la vida de las mujeres. La pornografía, la violación y agresión sexual, y la violencia y el asesinato machista. Sería muy importante conocer en profundidad la relación que hay entre ellos y el impacto en la construcción de las relaciones afectivo-sexuales entre hombres y mujeres, sobre todo entre las más jóvenes.