LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


La Inmaculada y los jemeres rojos

25/06/2020

La España post-Covid no la va a conocer ni la madre que la parió, con las Inmaculadas de Murillo por los suelos y los jemeres rojos de Jorge Javier tomando la tele para tirar las estatuas de la princesa del pueblo. Es la nueva ortodoxia del régimen naciente. Republicano, por supuesto, y de rojos y maricones. El rodillo ideológico de la secta progresista quiso pasar por encima de Belén Esteban que, como es tonta, pues ya ves tú qué problema. Pero Belén está en la España que no se resigna a las mentiras del Gobierno, a las almendras de Simón y los discursos de rastrillo. Ni por supuesto a la fatuidad y soberbia de Jorge Javier, que son las de una izquierda que determina hasta cuándo te puedes ofender y protestar. Hay una izquierda que considera que la derecha es tonta porque no lee y es ágrafa. Franco pasó por botarate, pero no pudieron con él en cuarenta años y ganó la guerra con cuatro moros frente a toda la industria nacional. Monedero tiene una biblioteca hercúlea, pero hay que leer muchos libros para decir tonterías ciclópeas. El determinismo no garantiza nada.
Salvo la conciliación y la paridad, claro. Con un ministerio de Igualdad, ya le ha salido competidor al Cristo de Borja, la Inmaculada de Valencia. Las políticas de Irene Montero se empiezan a notar. Hasta tiene una concejal que la acosa todos los días a las puertas de su casa. Esta chica no se ha leído el manual de instrucciones del feminismo. El escrache ha comenzado a quienes dieron jarabe democrático en su día, solo que ahora tienen los guardias de su lado. Si eres comunista, hazte rico cuanto antes y blíndate. Y luego ya, que salgan las jotías por donde quieran. Todavía hay quien acusa al Gobierno de no tener un plan. Su plan es el de la Inmaculada de Valencia, la distorsión del original, la deposición artística y la soberbia intelectual. A medio camino entre el desprecio, la condescendencia, el desdén y la bazofia discursiva. Nadie dijo que la Revolución fuera bonita, pero sí necesaria. El debate estético está zanjado.
La clase política será un remedo en pocos meses de la Inmaculada de Valencia y por eso busca jemeres que la protejan. El pueblo se está cansando y le harta que lo tomen por tonto. Tezanos podrá echar más leña al CIS, pintar unas meninas de Velázquez y seguir diciendo que el presidente es el más listo, el más alto, el más guapo. Pero Pedro Sánchez ha mentido y Simón es su lacayo. Nadie ha abierto el melón de los sueldos, pero es indecente que los políticos sigan cobrando lo mismo con los restaurantes cerrados y pasando el cupón de autónomos. Por eso han puesto la paguita, para callarnos a todos y no alzar la voz frente a los sueldos. Pero esto es insostenible. Europa va a pintar un cuadro que ni la rendición de Breda.
Los que están en sus palacios no huelen ni sienten el temblor de tierra que se avecina. Pero viene y lo hace en metro como la Esteban. Por eso los jemeres piden las sales y se cabrean. He seguido al Brujo esta cuarentena y sus discursos de Valle Inclán. Ya está aquí el ruedo ibérico y el esperpento en forma de bastonazo al que piensa distinto. No pasa nada, todo llegará. Porque a la miseria y la ruina no les entra la prisa, no tienen nada que esperar. Nadie herederá nada que no sea un impuesto, un gravamen, una deuda. A los velatorios ya podremos ir cuantos queramos porque no tendremos otra cosa que hacer. La única Inmaculada de Murillo que nos quedaba era Arrimadas y está de baja.



Las más vistas