Querencias

Miguel Ángel Sánchez


Las Tablas, excusas y chapuzas

Cada diez años más o menos la misma matraca. Y llevamos así cuatro décadas, las mismas que sin hacer nada serio. Las Tablas de Daimiel, aún Parque nacional, se secan, y hay que traer agua. ¿De dónde? Del Tajo. El agua que debería estar en las Tablas, en los Ojos, en el Guadiana, se ha evaporado vía aspersores y pivots, en pozos legales/ilegales/alegales/regulados/con caudalímetro/sin caudalímetro/para leñosos y para lo que no son leñosos. Es el consabido descontrol del Alto Guadiana, exportado al bajo Guadalquivir los últimos años, vampirizando el agua de Doñana. El desarrollo y el negocio de unos pocos, como excusa para acabar con lo que es de todos. Sí, ya me sé lo de los cultivos sociales, y la legalización de las extracciones de un acuífero machacado sin compasión.
No se trata de que el agua que tenga que venir a encharcar las Tablas sea del Tajo. No es eso. Hoy hay más de 150 hectómetros cúbicos del Tajo almacenados en los embalses de la cuenca del Segura según la propia Confederación de allí; más los que estén a buen recaudo en balsas y escondederos. El problema es que ni pueden llegar técnicamente 20 hectómetros cúbicos al Guadiana, ni es ni mucho menos la solución. Esa solución, que debería ser la bandera del órgano rector del Parque, pasa por la recuperación total de los niveles del acuífero, el resurgimiento de los Ojos del Guadiana, la conexión superficial con el Guadiana retenido en Peñarroya, y la vuelta del Záncara, Gigüela, Riansares... y tantos ríos manchegos convertidos en canales secos. La recuperación de tantos tablazos y encharcaderos desaparecidos, roturados, privatizados...
Un Parque nacional, las Tablas de Daimiel, no pueden reducirse en una lectura plana y simplista a una laguna llena de patos, un embalse más. Para eso los tenemos a manta en este país, algunos auténticas reservas orníticas de primera categoría. No. Los gestores del Parque, y a la cabeza los responsables de medio ambiente de Castilla-La Mancha, deberían tener claro que pedir un trasvase sólo se puede interpretar de dos maneras: como el fracaso absoluto de cualquier política encaminada a rescatar el ciclo del agua –y por tanto los ecosistemas a ellos asociados, tanto en el Guadiana como en el Gigüela– en las Tablas; y como la confirmación de que el fin justifica los medios, y eso en asuntos de ecología tiene mal tragar.
Recuerdo hace diez años el lecho de las Tablas ardiendo, el Gigüela desguazado, como canal para el agua del Tajo-Segura. Ahora quieren que el agua vaya por el ramal del trasvase al Guadiana. Complicado, casi imposible. Da igual. La mejor solución para las Tablas, ya que se ha renunciado definitivamente a poner orden en el Alto Guadiana y continúa la barra libre de pozos y extracciones, es –permítaseme la licencia– impermeabilizar con manta asfáltica el parque para que el agua no se filtre, echar una cúpula  de vidrio –timo Show de Truman– por encima para que no se evapore, y además los patos y las garzas se queden dentro. Total, si el objetivo es mantener el agua a toda costa, si a los turistas les importa poco cómo ‘funciona’ el asunto, lo mismo que a los gestores, a la Junta, el Ministerio, la Confederación del Guadiana... lo mejor es dejarse definitivamente de tonterías. El Tajo, con la cabecera a poco más del 15% como donante universal, la Junta y satélites perdiendo a chorros la poca credibilidad que les queda para la recuperación del Tajo y cerrar el trasvase; y diez, veinte, treinta años después recurriendo a las mismas chapuceras soluciones. No es que no aprendamos. Es que no queremos hacerlo.