CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


La cara de Simón o la voz de la calma

06/07/2020

En estos días atípicos de confinamiento universal, cuando la incertidumbre aún sigue cundiendo en los hogares del planeta, por la llamada nueva normalidad y los rebrotes que le están siguiendo, los grandes pensadores se han volcado a lo suyo. En medio de esta situación inquietante, que viven como el resto, ya han formulado observaciones y reflexiones sobre un episodio en pleno desarrollo que puede suponer un cambio radical en la vida del siglo XXI.
Muchos filósofos y pensadores del mundo han afrontado con sus comentarios aspectos que deben hacer reflexionar a los políticos y responsables de la situación.
Según uno de ellos -tal vez de los más reconocidos- el surcoreano Byung-Chul Han, «la forma de soberanía ejercida por los países asiáticos tuvo éxito en el propósito de aplanar la curva por dos factores: la disciplina de los ciudadanos, que usan tapabocas en todo momento y siguen atentamente las recomendaciones de las autoridades, y el uso de macrodatos recolectados por los Estados de diversas maneras». A este filósofo, espantado por la idea de una sociedad ‘transparente’, le preocupa que el sistema de vigilancia del régimen chino dé un golpe de autoridad y que, lejos de virar hacia un mundo más solidario, este siga tal y como estaba, con el efecto agravante de la observación permanente a los ciudadanos para proteger los intereses colectivos. Porque, queda claro que el virus no puede reemplazar la razón.
Pero me trae hoy aquí, las diferentes personalidades que ofrecen los portavoces de cada gobierno, a la hora de su presencia física, su ‘postureo’, su modo de hablar, vestir, dialogar o mirar. Creo que en esos detalles, a veces, se dice mucho más que con las palabras, en gran parte dirigidas y confusas, con las que se pretende informar a los ciudadanos, es decir, a cada uno de nosotros, al margen de la ideología de base.
Nuestro querido Fernando Simón es un ejemplo de ello. Desde muy pequeño ya quiso ser médico y estudió en el Colegio bilingüe Montearagón y se licenció en Medicina por la Universidad de Zaragoza. Se especializó en epidemiología en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. Es un experto y así lo manifestó con el ébola y sus consecuencias. Sabe cómo afrontar estas complejidades cuando las dudas y la incertidumbre alternan con facilidad y rapidez.
Está al mando del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias desde el año 2012, accediendo durante el gobierno de Mariano Rajoy y siguiendo con prestancia en el gobierno actual de Pedro Sánchez. Un buen profesional, sin duda, que sabe alternar en el estrado, lo mismo con Ana Mato que con Salvador Illa, porque su labor ha sido y sigue siendo informar, desde un principio, sobre la evolución del virus y ahora para dar detalles del estado de la desescalada.
Y es que lo ha hecho, con el pelo ‘a lo loco’, con el peinado a lo ‘afro’, o con las caracolas a lo Mike Jagger; Y ante un cutis epidemiológico, nos ha ofrecido un rostro familiar, a veces con las cejas levantadas, en otros casos, empicadas o retorcidas, pero siempre con la misma mirada -algunas veces con tos o sin ella-, pero atento a las cámaras con las que se ha llegado a familiarizarse, recibiendo desde la calle, el aplauso de un público que «casi le adora» por eso de su físico y su semblante, o tal vez, su voz angustiada -algo cazallosa- pero muy personal.
Su popularidad ha llevado a que distintas marcas y empresas diseñen productos con su cara, así como con sus frases más recordadas. Es el caso de la rueda de prensa en la que se atragantó y explicó que se acababa de comer una almendra. Un momento que ya se ha sellado en cientos de camisetas. Ahora, por tanto, tiene que sortear a la fama, igual que pasase con Belén Esteban ‘la princesa del pueblo’, Fernando Simón es ahora, ‘el príncipe del pueblo’, porque bien ganado se lo tiene.