scorecardresearch
José María San Román Cutanda

A Vuelapluma

José María San Román Cutanda


«Que ni el aire se lleve las banderas»

20/09/2021

Creo que Emiliano García-Page tuvo el pasado viernes un déjà vú de su niñez. Fue en Illescas, en la planta de Amazon, con motivo de su discurso dentro de una visita institucional por un aniversario de la empresa de referencia en compra por internet. Y digo lo del déjà vù porque, durante su intervención, me parece que recordó a Antonio Ferrandis recitando en ‘Verano Azul’ los versos más recordados del poeta vallisoletano Félix Antonio González: «Que ni el viento la toque, porque tiene pena de muerte el viento si la toca». Aunque hablando tenga menos tono poético que González, sí supo oponerse abiertamente al gesto más que lamentable que sucedió durante la rueda de prensa posterior al reciente encuentro de Pedro Sánchez con Pere Aragonés, en lo que ellos llamaron ‘mesa de diálogo’: cuando iba a empezar la comparecencia de Aragonés, un trabajador de Presidencia de Cataluña retiró inmediatamente la bandera española y colocó centrada la bandera catalana. Ante esto, García-Page dijo: «He pedido por favor que vigilen para que ni el aire se lleve las banderas. Me parece un gesto de poco sentido común que haya algún presidente comunidad autónoma, por muy importante que se crea que cuando va hablar, retire la bandera española para poner solo la suya. Eso es como el cuento del emperador desnudo. La bandera que nos permite hablar hoy aquí a mi o al presidente de la Generalitat catalana es la misma: la española. Es la que refleja el consenso constitucional que nos da permiso y que nos legitima para hablar».
Uno y otro gesto, una y otra postura -me refiero a Sánchez y Aragonés por un lado y a García-Page por otro- encarnan las dos posturas de una España que se sigue dividiendo a pesar de que la historia nos recuerda lo fatídico que resulta. La postura de Sánchez, profesional del folletín, es la de quien se arredra y humilla ante quien puede ayudarle a mantener la posición más evocadora de su narcisismo crónico, la de quien toma a España como una moneda que lanza al aire para que sea el azar el que decida los pasos que debe dar. No es posible que Sánchez y su Gobierno sigan siendo acólitos de los ataques constantes a la Constitución que el actual ejecutivo catalán pretende llevar a término. Por ejemplo, el concepto de ‘mesa de diálogo’, que a mí por lo menos sigue sin quedarme claro. Si consideramos ‘mesa de diálogo’ a un intercambio de pareceres y criterios encaminados al estricto cumplimiento de la Ley y de garantizar una relación constitucionalmente adecuada entre Cataluña y el Gobierno central, es correcto. Sin embargo, si hablamos de una ‘mesa de diálogo’ cuyo contenido únicamente se traduzca en concesiones graciosas y desorbitadas a Cataluña, Sánchez estará actuando de acólito suyo para sus intereses utilizando los recursos y la identidad de todos los españoles. Porque, aunque a él quizá se le haya olvidado, es el Presidente de todos los españoles, sin excepción.
Le pese a quien le pese, las palabras del presidente de Castilla-La Mancha son un claro reflejo de lo que es sentir la unidad de España. Y son también un gesto de reconocimiento del sistema constitucional que rige en nuestro país y que es el que, en efecto, soporta la legitimidad de los presidentes autonómicos para el ejercicio de sus competencias. Y conste que no lo digo ni por su condición de Presidente autonómico, ni por su condición de socialista ni por ninguna otra circunstancia que concurra en él mas que la haberse predicado orgullosamente español. Y, sobre todo, que tiene claro que es el sistema democrático de nuestra Constitución el que ha puesto en el lugar que ahora ocupan a él y al resto de sus homólogos españoles. Aunque no esté de moda entre algunos de sus más destacados correligionarios, para García-Page la unidad es una cuestión indubitada, un signo de permanencia institucional y, sobre todo, una garantía de progreso.
¿Cómo es posible que un Presidente del Gobierno -y Sánchez no es el primero, ojo- legitimado constitucionalmente y sometido al imperio de la Ley pacte con unas personas que tienen el recochineo de retirar la bandera española cuando de lo que se va a hablar es precisamente de la relación España-Cataluña? Y lo que es más, ¿acaso nadie les ha recordado que, hasta nueva orden, sigue siendo su bandera? Nos quieren vender la independencia como una panacea o como un acto de democracia y libertad, cuando no lo es de ningún modo. Por supuesto, así nos tienen distraídos para seguir friéndonos a impuestos, subiendo los precios de productos básicos como la luz o el gas y cargándose los currículos educativos para que las futuras generaciones no sepan hacer la ‘o’ con un canuto y sean rebaños humanos fácilmente manipulables. Eso sí. El viernes pasado, el Tribunal Constitucional admitió a trámite dos recursos de inconstitucionalidad por la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial. Y días antes, el mismo Tribunal declaró inconstitucional el cierre de las Cortes Generales durante el primer confinamiento, también declarado inconstitucional. A ver qué pastel tan suculento nos ofrecen Sánchez y su Gobierno para empacharnos y que se nos pasen estos detalles. Pero vamos, que este barco lleva muy mal rumbo. Y lo más triste es que los pasajeros que vamos dentro, que somos los que deberíamos decidir y los que no tenemos culpa, vamos a estrellarnos contra un iceberg por culpa del timonel. Que no aprendemos, oye…