scorecardresearch
José Luis Arroyo

Rayadas Millennials

José Luis Arroyo


La evidencia de los hechos

13/09/2022

Con la muerte de Isabel II, se pone fin a setenta años de regencia sobre Reino Unido y otras catorce naciones, convirtiéndose así su reinado en el segundo más largo de la historia, tras el de Luis XIV en Francia.
En la era de las redes sociales, resulta inevitable comenzar esta columna con una referencia a un hecho histórico de tan gran relevancia, más cuando existe una tendencia impulsiva a vernos obligados a opinar de casi todo, engañándose nuestro ego con la idea de que nuestras publicaciones formarán parte de la posteridad. De igual modo, nuestra mente también nos arrastre, probablemente, a un espejismo cuando confundimos desahogo con libertad de expresión, exigiendo esta última algo más de reflexión, frente al mero estímulo inmediato, del que probablemente pocos escapan y que ha dado como resultado, por ejemplo, los improvisados tres días de luto decretados por la Comunidad de Madrid.
Dejando de lado las exequias reales, me siento casi obligado a emitir mis juicios sobre Pedro Sánchez como ya lo han hecho casi todos los que se asoman a estas páginas. De hecho, los voy a realizar con tal generosidad, que voy a obviar opinar sobre la mala tarde que pasó el señor Núñez Feijóo el pasado martes en el Senado, ni tampoco caeré en la tentación de construir un semblante del presidente del Gobierno sobre los cascotes y las ruinas de tantos oponentes a los que ha ido dejando por el camino. Ciertamente, para elogiar su labor gubernamental, ni siquiera es necesario discernir si las críticas erráticas de la oposición vienen determinadas por insolvencia o por mala fe ya que, simplemente, basta con asomarse a los hechos para reconocer el incuestionable y pujante protagonismo que están adquiriendo las propuestas del Gobierno español en la esfera europea e internacional.
Así pues, el liderazgo de Pedro Sánchez, a día de hoy, no se limita a lo anecdótico como pudiera parecer la participación, por primera vez, de un presidente del Gobierno español en una reunión al máximo nivel del ejecutivo alemán, sino que se concreta en evidencias que son convenientes enumerar, para evitar la amnesia selectiva en la que algunos críticos maledicentes están tentados en caer; como ha sido la exitosa gestión de la estrategia de vacunación y los fondos europeos, para superar la crisis sanitaria de la Covid-19, o actualmente el  claro liderazgo en el diseño de la política energética europea para abordar las consecuencias de la Guerra de Putin, con medidas como la excepción ibérica, que ya ha ahorrado 2.000 millones de euros a empresas y familias, la imposición sobre los beneficios caídos del cielo a la banca y a las empresas del sector de la energía, que permitirá disponer de recursos para luchar contra la inflación, o también la pretendida intervención del mercado eléctrico por parte de la Comisión Europea que dirige la conservadora Úrsula Von der Leyen y que es fruto de la insistencia española.
Por si esto no fuera suficiente, los ejemplos no sólo se limitan al ámbito comunitario, sino que Pedro Sánchez, en estos momentos, se ha convertido en un actor útil e imprescindible en el contexto internacional como se constata en otras acciones de gran relevancia fuera de la UE como la evacuación realizada en Afganistán, la Cumbre de la OTAN celebrada en junio en Madrid o las recientes giras internacionales en los Balcanes y Latinoamérica, que han tenido la finalidad de ayudar a reforzar la influencia europea en estas regiones.
En definitiva, no referencio lo anterior para poner en valor lo importante que es que adquiramos proyección internacional, en un contexto tan incierto como el actual, para ayudar a resolver las cuestiones cotidianas, ni tampoco para engrandecer la figura del presidente, sino para hacer una llamada de atención a aquellos que, legítimamente, trabajan para verlo fuera de La Moncloa, para que tomen conciencia de que si quieren conseguir su objetivo, con el actual presidente del Gobierno, se van a necesitar mucho más que los desairados improperios que mucho pseudoperiodismo incluso está dispuesto a corear.