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Jorge Riechmann: «Nos hace falta perder mucho tiempo en reuniones si queremos democracia»

Marta García
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«Hay razones para estar sumamente preocupados...No se debería demorar el esfuerzo de construir diques antifascistas en Europa», asegura el ensayista, poeta y profesor Riechmann

Jorge Riechmann: «Nos hace falta perder mucho tiempo en reuniones si queremos democracia» - Foto: Yolanda Lancha

Riechmann escruta el mundo sin prisas. Reflexiona para quien quiera leerle y escuchar que el ecosocialismo es la única salida a este mundo rendido a los mercados y los bancos. Es uno de esos  hombres que ganan con las palabras a pesar de que pertenezca a esas minorías en búsqueda constante de un cambio económico, social y cultural. Aparenta serenidad, pero se convierte en un terremoto de inquietudes gracias a la poesía, el ensayo, la traducción, la ecología, la política... Riechmann coge su bicicleta para dar pedales hacia un camino más justo, sostenible y razonable que deje atrás las constantes crisis económicas.

Tiene dos ensayos en las librerías con curiosos títulos ‘Interdependientes y Ecodependientes’ y ‘El socialismo puede llegar sólo en bicicleta’... ¿Qué quiere contar?

Son dos libros escritos en paralelo en los dos o tres últimos años y recogen bastante reflexión y análisis sobre la crisis de civilización en la que nos encontramos. El primero se aborda desde un enfoque moral y ético, el segundo pone más énfasis en los aspectos políticos porque es un intento de avanzar  en las posiciones ecosocialistas en las que me muevo desde hace bastante tiempo. Ambos libros son una continuación de trabajos anteriores con Paco Fernández Buey, profesor, maestro y amigo mío que murió en agosto.

En los últimos años se habla mucho de globalización y de mercados y poco de socialismo. ¿Se encuentra en vías de extinción?

Habría que empezar por hablar de la salud del capitalismo porque, a menudo, se nos escapa el carácter tan enormemente autodestructivo del sistema socioeconómico en el que estamos. Bastaría con considerar dos o tres dimensiones de esta crisis, como el final de la era del petróleo y los combustibles baratos o el calentamiento climático, porque es muy fácil ver que esta manera de hacer las cosas no tiene ningún porvenir.

Este sistema mina de tal manera sus propias bases ecológicas, sociales y culturales que lo que cabe esperar es una sucesión de crisis a cada cual más devastadora. Así que, en mi opinión, el ecosocialismo es la vía que permitiría conservar buena parte de lo que hemos ido apreciando como bienestar y calidad de vida en un mundo que no puede seguir haciendo las cosas como hasta ahora. Si queremos tener algún porvenir sobre este martirizado planeta Tierra no podemos seguir permitiéndonos una banca privada y sus dominios sobre el conjunto de la economía y la sociedad o un sistema energético basado en premisas que no van a existir porque se basa en la existencia de un mar de petróleo barato. Ycuanto más tardemos en mirar estas realidades peor será la caída.

Los gobiernos de muchos países, incluido el de España, han comentado la necesidad de buscar otros modelos económicos para no caer en nuevas crisis. ¿Realmente se están poniendo bases hacia la sostenibilidad?

Muy pocas. Además, tampoco se está hablando de eso. Y lo que  llama mucho la atención en la crisis actual es que se vuelven a aplicar recetas muy viejas. En estos dos o tres últimos años, en Europa se está intentando forzar el programa de máximos neoliberal después de que ese mismo programa aplicado con menos intensidad nos hubiera llevado a un desastre mundial. Así que hay que distinguir entre los dichos y los hechos porque no se están poniendo las bases para la reorientación necesaria. Así que sin quebrar el poder que mantiene el sistema financiero globalizado no hay posibilidad de llegar a una sociedad justa y sostenible. Y sin realizar una transición ordenada a un sistema energético basado en fuentes renovables no tenemos futuro en este planeta.

¿Se puede tomar algún país europeo como ejemplo a la hora de avanzar en la sostenibilidad?

Hay ejemplos parciales, pero ninguno ha emprendido la transición ecosocialista. Sólo parte de las políticas fiscales y medioambientales de los países escandinavos o parte del esfuerzo del cambio cultural que están realizando algunos países latinoamericanos, como Venezuela, Ecuador o Bolivia. Ojalá hubiera algún país que nos sirviera como espejo, pero toca partir de donde estamos en cada lugar.

¿Los movimientos extremistas que han entrado con fuerza en algunos países de la Unión Europea son motivo de preocupación?

Hay razones para estar sumamente preocupados porque lo que está pasando en Grecia, por ejemplo, es tremendo. No se debería demorar el esfuerzo de construir diques de contención antifascistas en Europa. Y la perspectiva que nos dan esas miradas hacia el porvenir que tienen en cuenta las dimensiones ecológicas económicas añadirían un motivo para esa clase de inquietudes porque vamos hacia una crisis que, en sociedades poco cohesionadas donde dimensiones importantes de la cultura dominante son nihilistas, vamos a vivir un recrudecimiento de tensiones de muchas clases. Por ejemplo, no habrá dificultades sólo con el recurso del petróleo, también buena parte de la producción de alimentos se sostiene con fertilizantes de síntesis que necesitan mineral de fosfato y los geólogos nos han advertido que el cenit de los fosfatos está entre 2020 y 2030... Sin embargo, en esta situación seguimos obrando de manera miope y cortoplacista.

Respecto a la alimentación, el avance de los cultivos transgénicos también provoca cierta preocupación en la ciudadanía.

Habría que cobrar conciencia de que la investigación más avanzada en biología deja bastante atrás lo transgénico, ya que ahora se trabaja con biología sintética con la idea de construir organismos vivos desde la base. Nos introduce un mundo nuevo, pero aunque ellos ven las ventajas hay riesgos nuevos. Y la sociedad está viviendo al margen de estos desarrollos de enorme transcendencia.

¿Qué le está pasa a una izquierda que sigue sin obtener un importante respaldo electoral en España? Tampoco la ciudadanía toma tanto la calle como en principio se esperaba.

La mayoría en este país ha construido un relato sobre lo que ha sido nuestra historia reciente, en la Transición que siguió a la dictadura y el régimen que se construyó después, como una historia de éxito y de progreso que ahora, de manera abrupta, se ha visto quebrada por causas exógenas en estos tres últimos años. Se nos escapa que estábamos retrocediendo en lo político moral a pesar de que se pensaba que íbamos avanzando. Yeso se ve en la desorientación y en la dificultad para trabajar juntos y para emprender acción colectiva. Ha mejorado un poco a partir del 15-M, pero poco en comparación con lo que tendría que ser el tipo de civilización de una sociedad decente tendría que estar realizando en la época actual.

¿Qué ha quedado del 15-M?

El problema es la posición de espectadores en la que estamos y se ve en todos sitios. Una parte de esa ilusión en la que hemos vivido señalaba que la democracia era un asunto para espectadores y se delegara en los profesionales. Pero se sabe que la democracia no es así, o es participación o no es nada. Hay una frase famosa de las muchas que pronunció Oscar Wilde:‘El socialismo cuesta demasiadas tardes libres’. Nos hace falta perder mucho tiempo en reuniones si queremos socialismo o democracia. Y la idea de que uno puede delegarlo es suicida porque en cuanto se tuercen un poco las cosas todo se viene abajo, se borran de un plumazo los derechos conseguidos y las estructuras más o menos democráticas se vacían de contenido.

¿Resultan incómodas sus reflexiones? ¿Se ha sentido alguna vez presionado?

En el debate de ideas siempre encuentras contradictores y adversarios. Pero me sitúo dentro de una tradición de pensamiento alternativo que tiene sus raíces en pequeñas comunidades donde se trabaja bien. Lo dramático es lo sorda que está la sociedad a estos puntos de vista.