La espada de madera

Bienvenido Maquedano


Cobra Kai

27/10/2020

Va a ganar. No lo queremos ver porque tenemos la cabeza volteada por las series de televisión maniqueas donde el bueno es muy bueno y el malo es muy malo (y bastante tonto). Deseamos creer que el bien es puro y prevalece por el simple hecho de serlo, y que el mal cae por su propio peso y tal. Este pensamiento yanqui se ha adherido como la grasa al músculo y nos ha hecho infantiloides y tontorrones.
Cobra Kai es una serie de televisión que continúa la película ‘Karate Kid’ treinta y cuatro años después de que Daniel LaRusso le metiese una patada de grulla en el mentón a Johnny Lawrence. Para quien no haya visto la peli de 1984: una mujer y su hijo adolescente se mudan de ciudad; el chaval es atolondrado, guapete y monta en bicicleta. Cuando va al nuevo instituto se encuentra a la mujer más guapa del mundo y a una pandilla de macarras que van en moto y aprenden karate en un dojo violento. Comienza una historia de acoso escolar que trasciende las aulas y convierte la vida de Daniel en un tormento. La fortuna quiere que el encargado de mantenimiento del bloque de viviendas donde viven madre e hijo sea un anciano japonés que es karateca, filósofo y muy paciente. El señor Miyagi enseñará técnicas de defensa al chaval acosado mediante técnicas novedosas que pasan por dar cera y pulir cera a una colección de coches clásicos, pintar la valla o lijar en círculos el suelo de madera de su magnífico jardín. Por el camino, Daniel se las apaña para conquistar a la chica, esquivar las palizas, llegar al campeonato del valle y ganarlo. El sensei y los alumnos malos terminan apaleados; el bueno gana. Fin.
Décadas más tarde, LaRusso es rico gracias a la venta de coches, feliz padre de familia, vive en una mansión, no ha cogido un gramo de peso y parece mantener el pelo con su negro original. Lawrence, en cambio, aunque en forma, es un albañil divorciado y borrachín que conduce un coche viejo, tiene un hijo que le desprecia, y vive solo en un apartamento cutre. La serie evoluciona mostrando los diferentes caminos recorridos por ambos hombres a raíz de aquel torneo de karate. La gracia está en que LaRusso vuelca toda su azucarada bondad en la sañuda destrucción de un hombre ya derrotado, mientras que Lawrence se presenta como un tipo sin doble fondo que está anclado en un mundo desaparecido. El bueno satura y el malo cae bien. La serie tiene muchas cosas tontas, pero como nostálgico y descreído no puedo dejar de recomendarla. Ahora, atención, no siga leyendo si no quiere que le haga un destripe importante. ¿Listo? Donald Trump será presidente cuatro años más.