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Una brecha como una piedra en el camino

Jaime Galán
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La Asociación de Pensionistas y la Tercera Edad denuncia los problemas que sufren cada día a la hora de realizar operaciones bancarias. El cierre de sucursales les obliga a operar por internet

Las personas mayores encuentran dificultades en el uso de los cajeros automáticos - Foto: David Pérez

Para las generaciones más jóvenes estar ligado a un móvil y a una conexión a internet es lo más normal del mundo. De hecho, cada vez están más acostumbrados a realizar cualquier tipo de operación, ya sea bancaria, social o, incluso, meras compras sin moverse del sitio. Es lo que tiene el avance de las nuevas tecnologías. Aunque todo paso de la sociedad deja a ciertos colectivos atrás, en este caso, la digitalización señala a nuestros mayores como los más perjudicados. Sin generalizar, porque cada persona es  un mundo, este colectivo es el que no termina de adaptarse al uso de internet como herramienta fundamental en el día a día. Esto es un hecho que no se está descubriendo ahora mediante estas líneas, pero sí que esta ocupando el debate público debido a la reivindicación que Carlos San Juan, un hombre de 78 años valenciano hizo en redes sociales hace pocos días. El afectado en cuestión publicó un video titulado 'Soy viejo, pero no idiota', con el que quería transmitir sus quejas contra el cierre continuo de sucursales bancarias que empuja a los mayores al mundo digital sin ofrecerles alternativas. En solo unos días, este hombre consiguió reunir más de 100.000 firmas para acabar con la exclusión financiera que sufren los mayores en España.

Campaña que también se ha hecho eco en Toledo. Desde ASVAT, la Asociación de Pensionistas y Personas de la Tercera Edad, denuncian que los bancos se están deshumanizando y que cada vez «se olvidan más de nosotros». Su presidente, Luis García, explicó que cada día acuden personas a la asociación con problemas que estos han sufrido en oficinas bancarias. Hablan de que les obligan a usar los cajeros automáticos cuando están acostumbrados a que sus gestiones las realice un trabajador. Lo que para ellos es un arma de doble filo: «nos mantiene en vilo. No solo es que no sepamos usarlo, es que nos genera inseguridad y miedo por si se atasca con nuestra tarjeta o cartilla dentro, o por si nos atracan en plena calle» dijo Luis García. Él mostró su indignación al mencionar las operaciones que les animan a realizar con el teléfono móvil. Y en este sentido, el presidente de la asociación destacó que algunas compañías ya no facilitan cartillas a sus clientes para comprobar el listado de sus movimientos, porque queda reflejado en internet. «Al final recurrimos a los nietos o a nuestros hijos, pero no siempre podemos tirar de ellos porque tienen sus respectivos trabajos».

Durante la elaboración del reportaje, el periodista se encontró con Sagrario, una mujer de 86 años que se acercó a una entidad financiera del Casco Histórico para que le renovaran su cartilla. Ella explicó que tuvo que acercarse a propósito, pese a su movilidad reducida, porque en el banco no autorizaron la operación a su nieto en los días previos. 

El presidente de la asociación de pensionistas manifiesta que «sin incidir en la política de cada empresa, podrían destinar un único trabajador a realizar las gestiones que una persona no sepa hacer por sí misma». En cualquier caso agradecen la iniciativa de Carlos San Juan por poner en primera línea política una demanda que, dicen, llevan sufriendo durante años. Igualmente, en consecuencia al vídeo y recogida de firmas de este hombre de Valencia, la Plataforma de Mayores y Pensionistas ha solicitado al Gobierno nacional, de manera urgente, un marco legislativo que ayude a acabar con la exclusión financiera que sufren los más de diez millones de personas en España.

Como solución alternativa, el Ayuntamiento de Toledo ofrece talleres de aprendizaje de 'Nuevas Tecnologías' en los diferentes centros de mayores de la ciudad. En el del barrio del Polígono hay lista de espera para las 27 plazas ofertadas actualmente.