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Hoffmann, el Ogro y el secuestro de Heberlein en Toledo

F. J. R.
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El secuestro por parte de la Gestapo del diplomático Erich Heberlein y su esposa, en junio de 1944 en Toledo, siempre ha despertado interés. La próxima publicación de un libro aporta algunos datos al respecto

Hans Hoffmann, máximo resposable del Ogro en España según los norteamericanos.

Se trata de uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de Toledo. Digno del guión de una película. En los estertores de la Segunda Guerra Mundial, con la Alemania nazi acorralada ya por los Aliados, en la capital castellana se vivió un secuestro de película protagonizado por agentes de la famosa Gestapo. La historia ya ha sido contada con anterioridad. Los periodistas Enrique Sánchez Lubián y Marta García-Monje la han desgranado a la perfección, pero siempre queda la incógnita de saber quién estuvo detrás de la detención del diplomático alemán y de su esposa, y por qué.

Estos interrogantes tienen parte de resolución en un ensayo que saldrá próximamente a la luz, editado por Almuzara. Bajo el título de ‘Otto Skorzeny. El nazi más peligroso en la España de Franco’, el investigador y periodista Francisco Rodríguez reconstruye los pasos de muchos nazis que fueron acogidos por el régimen franquista al término de la contienda mundial, y que prosperaron y, sobre todo, conspiraron, aprovechando esa protección.

En uno de sus capítulos, según ha podido adelantar a La Tribuna el propio autor, se desgrana brevemente la existencia de la conocida como red u organización Ogro (no confundir con la Operación Ogro, que fue el nombre en clave usado por ETA en el asesinato de Carrero Blanco en 1973), una supuesta plataforma de presión y control de los alemanes que residían en España y que, tras la derrota alemana, se encargó de mantener su influencia en España y dar cobijo a los ‘refugiados’ nazis.

El diplomático alemán Erich Heberlein.El diplomático alemán Erich Heberlein.Ogro podría ser el equivalente español a Werwolf, la supuesta guerrilla terrorista con la que los nazis quisieron plantar cara hasta el final a los Aliados, aunque ese aspecto nunca ha sido probado. Esa teoría la avalan autores como Javier Juárez o José María Irujo, y en su último libro el toledano Francisco Rodríguez se inclina también por esta opción.

Con todo, la guerrilla Werwolf se organizó en Alemania en noviembre de 1944, y el secuestro de Heberlein en Toledo se produjo meses antes, en junio. Eso sí, ambos nombres en clave corresponden a actividades represoras del régimen nazi que ya se veían aplicando desde que vieron que la guerra se volvía contraria a sus intereses.

Los nazis intentaron que su Reich de los mil años perdurara tras su derrota, y los Aliados persiguieron toda actividad alemana bajo la iniciativa Safehaven (‘Refugio Seguro’), un programa de inteligencia desarrollado por Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial como una forma de guerra económica contra Alemania y sus socios del Eje.

El historiador Carlos Collado Seidel, en su libro ‘España refugio nazi’ (2005), desgranó los aspectos de Safehaven en España y se encontró con el Ogro. La red tendría por aquellos años tres células diferentes operando en España, pero todos señalan a una persona como su líder principal: Hans Hoffmann.

Conocido por sus amigos como Juan Hoffmann, este hombre se encontraba en la lista de nazis reclamados a España por el Consejo de Control Aliado en 1947. Los vencedores de la contienda mundial lo calificaban como «miembro destacado del partido nacionalsocialista y peligroso agente de la policía secreta del Estado alemán». Combatió en la Legión Cóndor y fue además intérprete en la División Azul en el frente ruso y, a su regreso, miembro del gabinete de prensa de la embajada alemana en Madrid.

Era una persona con contactos en las altas esferas nazis, y un nacionalsocialista comprometido. Por eso, debido a su cargo en el gabinete de prensa de la embajada alemana en Madrid, conocía perfectamente a Erich Heberlein, un diplomático que había llegado a España en 1920, antes del nazismo, y que se había establecido en Toledo con su mujer, la española Margot Calleja.

Heberlein desempeñó varios cargos en la embajada, y los que le conocieron dicen que nunca fue un apasionado de los dictados nazis. Era un funcionario del gobierno nazi, pero no un nacionalsocialista. Mucho menos un apasionado de Hitler.

En 1943, por esa misma falta de compromiso, fue destinado a Berlín para estar más controlado. Heberlein no lo aguantó, y terminó pidiendo regresar a España argumentando que necesitaba unas vacaciones. Ya había levantado demasiadas suspicacias sobre su lealtad a la causa, y es por eso que fue secuestrado en su finca de La Legua toledana en la madrugada del 17 al 18 de junio de 1944.

Dos españoles llamaron a su puerta. «Nos llevaron por caminos solitarios y después de andar mi mujer y yo varios kilómetros vimos dos coches de la embajada. Había seis hombres alemanes, algunos los reconocí como miembros de la Gestapo. Se llevaron a mi esposa y a mí. Me empujaron y me senté a la fuerza, pero cuando pasamos cerca de la Puerta de Bisagra vi a unos soldados y empecé a gritar socorro. Los bandidos que estaban a mi lado me cerraron la boca y el alemán que estaba delante me dio unos fuertes golpes en la cara con algún objeto duro…», narró posteriormente en su diario el propio Heberlein.

La periodista Marta García-Monje se encargó de recuperar estos testimonios hace años, añadiendo que cuando llegó a la embajada alemana de Madrid «me recibió Winzer, jefe de la Gestapo en España, y me dejó claro que estaba allí por no estar de acuerdo con la política del líder (Hitler)».

La denuncia de su falta de implicación fue realizada al parecer por Hoffmann, tal y como defiende el historiador Carlos Collado Seidel apoyado en un informe secreto de la embajada estadounidense en Madrid al Departamento de Estado de USA fechado el 10 de febrero de 1947.

Hoffmann es descrito en ese documento como «un hombre importante dentro del Ogro con el fin de mantener vivos los ideales del Partido Nazi y controlar la proclividad de la colonia alemana hacia el mismo». Fue sin duda uno de los agentes más activos de la siniestra célula Ogro, protagonizando visitas a los domicilios de los germanos díscolos y «participando activamente en el secuestro de compatriotas antinazis y en su deportación a Alemania».

Hoffmann nunca fue condenado. Vivió felizmente en Málaga hasta el fin de sus días, en 1998, ejerciendo como cónsul honorífico de Alemania. En la ciudad andaluza hay hasta un colegio que lleva su nombre.

Heberlein no llegó nunca a señalar un culpable de su secuestro. Murió en Toledo el 8 de marzo de 1980 a los noventa años de edad.

Algunos investigadores, en estos últimos años, han tratado de vincular a Heberlein dentro de la conocida como Operación Valkiria, que fue ni más ni menos que el intento de asesinato de Hitler el 20 de julio de 1944.

El coronel Claus von Stauffenberg se encargó de colocar una bomba, y había todo un complejo entramado para activar un plan de reservas y tomar el control del país derrocando a los nazis. La operación quedó frustrada. Hitler sobrevivió y comenzó una purga en la que cayeron más de 2.100 sospechosos.

Hay quien piensa que Heberlein pudo estar en el ajo, pero destaca que él ya había sido secuestrado un mes antes. Sin duda, esa sospecha está fundamentada en que durante su paso por varios campos de concentración coincidió con algunas personas condenadas por el intento de golpe de estado. Entre ellos se encontraba el conocido pastor de la resistencia Dietrich Bonhoffer, que fue ahorcado por su participación en el complot de asesinar a Hitler.

Heberlein no participó activamente de esos movimientos, pero sin duda que los hubiera apoyado.