COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Reunión para reunirse

22/09/2020

Un camello es un caballo diseñado por una comisión. Si quieres dilatar un problema encarga que lo resuelva una comisión. Estos dos axiomas que se conocen de sobra cuando se negocia entre dos partes la solución de una cuestión peliaguda puede ser la conclusión de la reunión que mantuvieron ayer el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso en la 'casa' de esta última para establecer medidas que permitan doblegar la curva de los contagios en la región, la más sacudida por la pandemia de toda Europa en esta segunda ola del covid-19.

El acuerdo cerrado entre ambas partes incluye la creación de un grupo de cooperación entre ambos gobiernos, una unidad territorial y una unidad técnica. Sin subrayar la necesidad de que ambas administraciones se coordinen, la ciudadanía madrileña necesita más concreción y más rápidamente. Es decir que todas las medidas que se puedan contemplar en el 'plan especial' para Madrid anunciado por Sánchez debían estar ya pensadas y preparadas para su puesta en marcha inmediata. Todos los expertos señalan las carencias que no se han cubierto a lo largo de los últimos meses cuando desapareció el estado de alarma y las comunidades autónomas aceptaron la 'cogobernanza' que exigían y que implicaba el cumplimiento de una serie de compromisos relacionados con el reforzamiento de la atención primaria, la contratación de médicos y de rastreadores para hacer frente a la segunda ola del coronavirus.

Pero una vez más ha sido una reunión para quedar en reunirse. Al menos lo han hecho con carácter de urgencia pocas horas después de acabar el encuentro entre presidentes. Y mientras tanto 850.000 madrileños sufren una situación que no se sabe muy bien cómo definir, de aislamiento territorial que tiene tantos agujeros como un queso gruyere. En su defensa, la presidenta madrileña dijo que Madrid sabe lo que tiene que hacer, pero le faltan recursos. Si eso es así, no se trata de una circunstancia de última hora y, por tanto, su petición de ayuda tenía que haber llegado mucho antes a no ser que pesará más la soberbia de no aceptar que carecía de medios propios y que esos déficit obedecían a sus decisiones. No obstante, el presidente del Gobierno dejó el recado, que puede ser tanto una disposición ayudar más como una amenaza: “el Gobierno está listo para contemplar otros escenarios”, si las medidas actuales no funcionaran. "Ni estado de alarma ni confinamiento" respondió Díaz Ayuso que no se apeó del discurso que ha mantenido hasta ahora crítico con las decisiones del Gobierno sobre el aeropuerto de Barajas, se quejaba de lo difícil que resulta contratar médicos y enfermeros -se hizo en el mes de marzo- o echaba en falta una ley estratégica que unifique normas. 

Hasta que comiencen a verse los efectos de las decisiones tomadas por esos tres nuevos grupos de trabajo, la virtualidad de la reunión Sánchez-Díaz Ayuso es que al menos mejorará el clima político entre ambos gobiernos cuyas malas relaciones y críticas mutuas han marcado la pandemia. O puede ocurrir todo lo contrario, a tenor de lo escuchado a la presidenta madrileña, y porque basta ver las diatribas previas al encuentro, con la defensa cerrada del PP de su labor, mientras que desde PSOE y Unidas Podemos se alientan las manifestaciones de protesta por las medidas adoptadas de prevención que afectan sobre todo a barrios populares.