La vendimia en Toledo: alta calidad, pero un 30% más corta

Álvaro de la Paz
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Las estimaciones de la Consejería de Agricultura para la provincia prevén la producción de unos 23.000 hectolitros de vino, por debajo de los casi 30.000 del pasado año. Eso sí, las uvas ya recogidas tienen un grado más de alcohol

La vendimia en Toledo: alta calidad, pero un 30% más corta - Foto: Alberto Rodrigo

La recogida de uva comenzó con la segunda mitad del pasado mes. El 16 de agosto, diez días antes que el año pasado, se iniciaron las labores de vendimia en la provincia. Las altas temperaturas registradas en las primeras semanas del verano y la falta de lluvia en mayo adelantaron las fechas. Las varietales blancas minoritarias, entre otras las uvas macabeo, chardonnay o moscatel, fueron las primeras en ser recogidas. Las uvas tintas merlot, cabernet sauvignon o syrah se han cosechado hace algunos días. Mañana arranca la recogida de airén, la blanca autóctona de La Mancha y uva de este color más plantada en España. En los días inmediatamente posteriores llegará el tiempo de extraer la tempranillo, variedad predominante entre las tintas toledanas y conocida en buena parte del territorio como cencibel.
Alrededor de 110.000 hectáreas en la provincia se destinan al cultivo de la vid. Esta cifra representa casi la cuarta parte de las 458.000 que tienen como fin la producción de vinos, mostos (y uva de mesa) en el conjunto de la comunidad autónoma. Castilla-La Mancha es la gran bodega europea: lidera la elaboración vinícola por regiones en el agregado continental y roza casi la mitad del total de España. El vino es, por tanto, una fuente de riqueza que tiene en la actividad de la vendimia uno de sus momentos más intensivos respecto al empleo de mano de obra.
Sin embargo, la necesidad de trabajadores temporales para las labores de vendimia se ha ido reduciendo en las últimas campañas. Cada septiembre, salvo añadas con volúmenes excepcionales, cae el número de operarios empleados para esta actividad agrícola puntual. La mecanización de los procesos del vino ahonda en esta tendencia; también la profesionalización del negocio, una transformación «que va despacio, pero va hacia adelante». Este doble cambio ahonda en la promoción desde la administración en favor «de vinos con mucha calidad, que se pongan en el mercado a precios buenos», apunta Jesús Fernández, delegado provincial de Agricultura, Agua y Desarrollo Rural en Toledo.
El análisis preliminar de lo cosechado en este primer mes certifica tanto la reducción del volumen respecto a la última vendimia como la notable calidad de las uvas que ya se han llevado a bodegas y cooperativas. «La vendimia avanza a buen ritmo; se están cumpliendo los pronósticos», añade Fernández. La bajada de la producción en la provincia se estima en un 30%, desde los más de 29.000 hectolitros contabilizados el año pasado a los entre 20.000 y 23.000 que se prevén alcanzar cuando la campaña en marcha concluya. Las primeras varietales recogidas apuntan a que la producción total se quedará cerca del rango más alto previsto (los 23.000 hectolitros) y que, por tanto, la reducción no alcanzará niveles preocupantes. La cosecha del año pasado, marcada por las abundantes lluvias de la primavera de 2018, fue extraordinaria en cantidad.
La bajada en el volumen de mosto recogido se paliará con un incremento notable de la calidad de la uva. Las uvas cosechadas en estas primeras cuatro semanas de vendimia están resultando excelentes. El aumento de las temperaturas se ha traducido «en algo más de un grado de alcohol, más dulzor y mostos de calidad», cuenta Fernández. La mayor graduación de los vinos y los matices que aporta el sol a los caldos fermentados permitirán vender el producto final a un precio más elevado.
Desde la Consejería de Agricultura confían en que este grado de más con que se han recogido las primeras variedades de uva cosechadas se esté «trasladando al precio del mosto en las cooperativas». La Administración regional asume que los grandes poseedores de uva guardarán «para los próximos meses y ahora sujetarán los mostos» esperando un momento propicio para ponerlos en el mercado.
La sequía de la primavera por la falta de lluvia en el mes de mayo «ha afectado, lógicamente, a los cultivos de secano, pero también a los de regadío». Aunque los segundos reciben su propio aporte de agua, la carencia de precipitación afectó «a la cuaja del producto», como detalla Fernández. «Cuando empieza a nacer no madura igual, aunque la viña se esté regando periódicamente».
En la provincia concurren tres denominaciones de origen vinícolas diferentes: Méntrida, Uclés y La Mancha. La primera se extiende por el norte de la provincia, cerca de los límites con la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila; la segunda, en algunos municipios cercanos al límite con la provincia de Cuenca; y la tercera, y la más grande por extensión, en la zona central y meridional de la provincia. En Méntrida la sequía sí ha causado estragos notables en la producción, recortándose hasta en un 50% en algunos casos el volumen de uva cosechada.