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Antonio Herraiz

DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Jueves blanco y luminoso

06/05/2022

El refranero es antiguo y carca, desfasado y sin utilidad. No se entiende ni se cumple, dicen los modernos del ola ke ase. Antes que preocuparse por actualizarlo con incorporaciones más actuales, lo desprecian sin más. Da igual si son más humorísticos o más pragmáticos; poco importa si son filosóficos o referentes al calendario. En los WhatsApp y en el resto de plataformas de mensajería no tienen cabida y, por tanto, quedan fuera de juego. ¡Con lo bueno que sería hacer un Tik-Tok de los refranes!
No preguntes a las puertas de un instituto qué tres jueves hay en el año que relumbran más que el sol. Igual lo del sayo y el 40 de mayo alguno lo pilla. Los menos. Pero lo de los jueves es para abuelos, padres con una determinada edad y capillitas. Puede que si el Corpus es festivo -no lo es en todas las comunidades-, a alguno le sirva para comprender el sentido de ese refrán.
Los triunfos del Real Madrid en Champions dan pie a actualizar el refranero. Este jueves, tanto en lo meteorológico como en lo animoso para la parroquia blanca, ha amanecido igual de luminoso que esos tres que relumbran más que el sol. El deporte tiene poco que ver con la religión, pero en este tiempo en el que, mires por donde mires, ves la cuesta cada vez más empinada, los triunfos de tu equipo te acercan a una espiritualidad pagana sin comparación con nada. Da igual que el club sea más grande o más pequeño. Que la gesta sea llegar a una final de la competición más importante del continente o salir del pozo de la tercera división. Es una oportunidad de cambiar tu estado de ánimo, que, tras más de dos años de pandemia, no es poco. Si no viniéramos de dónde venimos, ni las remontadas madridistas habrían tenido tanta repercusión, ni la Copa del Rey del Betis tan sentida, ni siquiera el campeonato y ascenso del Deportivo Guadalajara habrían sido tan celebrados.
A nadie se le escapa que hemos estado encerrados y todos hemos visto el virus de cerca, con la muerte de alguno de los nuestros, con el dolor de la enfermedad o con el miedo que se ha extendido sin piedad. Para desprendernos de ese temor nada mejor que celebrar un triunfo deportivo en un momento tan especial como el que nos ha tocado vivir.
En este jueves iluminado de blanco por haber llegado a la final de Champions, me contaba mi colega JuanMa Rodríguez cómo se emocionó en el Chiringuito al recordar a su padre. Esa sensación supera los límites de lo deportivo y es la misma que han vivido cientos de miles de madridistas ante un acontecimiento que es histórico, aunque se haya repetido ya muchas veces. Es en ese instante en el que te acuerdas de quién te llevó de la mano por primera vez al campo. Con quién sufriste una época sin tanta abundancia de triunfos como la de ahora. Recuerdas cuando dejaste de acudir al estadio porque ya no estaba tu referente y entendías que había perdido todo su sentido. Se agolpan los momentos más allá del siempre estudiado efecto narcotizante que ofrece el deporte y, por encima de todo, el fútbol.     
El precio de los carburantes sigue estando en máximos -aún con la regalía del Gobierno-, los precios continúan disparados, la guerra de Ucrania se acerca a los tres meses, las colas del hambre desbordan a todos los que se dedican a ayudar a los más necesitados… Eso no cambia, pero si un miércoles de mayo nos regala un jueves luminoso y blanco como ninguno, déjennos que lo disfrutemos como si fuera la última vez.