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«Ayuso es como Lola Flores, con una personalidad arrolladora»

M.G
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Político y escritor. Profundamente comprometido. Militante gay y católico discrepante. Simpático, cercano y muy culto. Si gusta, bien, pero si no, también bien. Acaba de publicar su primera novela 'Si te digo que lo hice'

«Ayuso es como Lola Flores, con una personalidad arrolladora» - Foto: David Pérez

«En realidad, 'no sé si la habré liado, pero como digo lo que pienso...» Con una sonrisa traviesa y un guiño a medias, Jaime se confiesa después de esta entrevista. Sabe que gusta, en su partido y en otros, y lo explota con gracia teatral y mucha simpatía. Es un tipo que siente con la tripa, como diría su gran amiga Ana Milán en un momento de risas. Si gusta, mejor, pero si no, tampoco pasa nada. Es un hombre inquieto, visceral, creativo y  ha aprendido a moverse sin peajes, sin la pesada mochila que arrastran los que siempre quieren quedar bien y miran de reojo al partido. Jaime es mucho Jaime, un tío capaz de bajar la voz durante un café y decirte sin más:'Si te digo que lo hice'... 

Por dónde empezamos. Podemos hacer una entrevista cultural, política o ambas porque te mueves en todos los terrenos.

Lo que quieras, contesto a todo siempre. Casan las dos entrevistas y cultura, literatura y política tienen el mismo fin, cambiar las cosas. Si creadores y políticos no nos convencemos de eso estamos equivocados. La cultura es la que hace las preguntas necesarias y la que se adelanta a situaciones y cambios sociales. 

¿Tus días tienen 24 horas? ¿De dónde sacas el tiempo para ser senador, escritor, colaborador en los medios…? 

La política lleva mucho tiempo. En este caso, Planeta me llamó cuando estábamos literalmente encerrados en la primera ola de covid para que escribiera una novela y dije que no al principio. Me llamaron porque mi editora, Rosa Pérez, leía mi columna en El Confidencial y le pareció que había una historia que contar. Primero le dije que no a una novela, prefería un ensayo, pero me convenció y me parece fascinante tener publicada 'Si te digo que lo hice'.

Además, soy profundamente cuadriculado y en mi agenda me ponía a escribir en los ratos libres. Los buenos políticos trabajan 24 horas al día y no es por hacer un eslogan porque lo hacen igual los de izquierdas, los derechas, los de arriba y los de abajo. Los que nos creemos la política estamos todo el rato maquinando y eso no deja de ser trabajo. 

Lo combiné todo. Tenía claro que quería escribir la novela en primera persona como si fuera una mujer que nace en aquel tiempo. Es muy feminista, desde el punto de vista del feminismo inclusivo, una frase que se la robé a Ángel Gabilondo, portavoz del PSOE en el Senado, al que adoro y respeto profundamente.

Me encanta escuchar a un político del PP elogiar a otro de un partido distinto. No es algo frecuente.

Dos hombres que me han enseñado infinito son Mariano Rajoy y Ángel Gabilondo. El día que presenté mi novela en Madrid estaban los dos sentados en primera fila. 

Hablabas de feminismo inclusivo…

Sí, lo decía Gabilondo y lo comparto. El feminismo nunca puede ser excluyente, tiene incluso que abrazar a las mujeres que no son feministas y desde esa perspectiva habla Elvira, la protagonista de la novela. Quienes hemos nacido en democracia tenemos la obligación de entender que quienes no han tenido nuestra suerte están atravesados por una cultura de castraciones emocionales, falta de libertad y de experiencias que, en ocasiones, pueden convertirles en injustos a nuestros ojos, pero su rol de verdugo es consecuencia de haber sido primero víctimas. 

¿Y le pasa a tu protagonista?

Sí. Cuando Elvira le dice a su madre que es lesbiana y que ama a Virginia se enfrenta, como supongo que hizo mi madre y tantas y tantas madres, a una realidad que es la aprendida, quien ama a un igual es un pecador y está condenado al infierno. Eso se lo han repetido a mi madre y a tantas otras durante 40 años.

Con una diferencia, la temporal. Elvira vive en los 40, una época de miseria, miedos, mucha represión, un profundo catolicismo...

Claro. Elvira es muy grande porque por encima de sus creencias está el amor. Eso ha hecho que Elvira, mi madre y todas esas mujeres hayan sido capaces, sin haberlo aprendido, de darnos oportunidades. Ahora es muy fácil enseñar la libertad y los valores, pero nuestras madres vivieron  con frases tan bonitas como las de Pilar Primo de Rivera, que decía que montar en bicicleta podía ver zaherida su honradez y que si las mujeres tenían relaciones sexuales tenían que ser a petición del marido y no podían demostrar que disfrutaban.

Es más difícil escribir en primera persona que en tercera, que hay más distancia con los personajes.

Para mí no. Soy emocional y quería que Elvira lo fuera y la única manera de entender ese mundo es desde las emociones, y la única forma de empatizar con los verdugos. Cuando tenía doce años y en el cole y me llamaban marica me hacían daño, pero llegaba a casa y tenía un contexto maravilloso y se me olvidaba todo, y aquellos chavales, objetivamente gañanes, eran casi igual de víctimas que yo porque habían escuchado que los niños que no jugábamos al fútbol, no llevábamos chandal y leíamos éramos maricas. 

Tenemos que aprender a entender que desde la educación se construye todo y que las dictaduras, me da igual de cualquier signo político, utilizan la educación para perpetuarse más allá. El franquismo muere en el 75, en el 78 llega la Constitución y en el 81, después del Golpe de Estado, es el advenimiento de las libertades, pero los ciudadanos están atravesados por cuatro décadas de todo tipo de barbaridades. La gran victoria de nuestros padres ha sido construir este país ejemplar. 

Me enfada mucho que desde determinados partidos de ultraizquierda y ultraderecha se juzgue la construcción que supone la Transición, porque es ejemplar, mejorable, sin duda, y quizá al rey Juan Carlos se le podría juzgar por algunas cuestiones, pero, ¿alguien es capaz de mirar aquello con suficiente objetividad? 

También hubo muchos silencios…

También fueron necesarios. 

Pero tampoco podemos poner un sobresaliente a la Transición…

Pero un notable alto sí. Hubo silencios como el de Carrillo, que optó por renunciar a algunas de sus históricas luchas por la legalización de su partido y entendía que era la única manera de construir España. Ese 23 de febrero del 81, cuando todas sus señorías se acojonaron y se escondieron debajo de sus escaños, yo lo hubiera hecho, solo tres se mantuvieron imperturbables, tres iconos de lo que quiere decir la democracia, Gutiérrez Mellado, militar que vino del franquismo más duro, Carrillo, comunista y exiliado, y Suárez como ejemplo absoluto de democracia. Ahí está el triunfo.

Ahora que sacas a Suárez, ¿se echa en falta un partido de centro de verdad? ¿Ayudaría a que hubiera menos ruido?

El ruido interesa a determinados partidos para generar un caldo de cultivo desde la polémica y ahí están los extremos siempre. Soy un hombre de centro y milito en el PP. Los partidos tradicionales tienen la obligación de moverse en el centro, unos lo harán desde el centro izquierda y otros desde el centro derecha, pero cada vez que el PP y el PSOE se escoran se equivocan porque lo que queremos los ciudadanos es tranquilidad y un estado de bienestar. Hacen falta políticas de centro. 

A Vox no puedes verlo ni en pintura.

En lo ideológico no hay contexto más alejado que yo represento que Vox. Pero los partidos los forman personas y me vanaglorio de tener amigos dentro de ese partido, por ejemplo, mi relación con Rocío Monasterio es más que buena. A Vox le funciona la sobreactuación y es algo que tendríamos que someter a análisis el resto. España no es de ultraderecha y los votantes de Vox tampoco, aunque pueda haber una pequeña porción. La mayoría de sus votantes están enfadados y hay que ver por qué y qué no hemos sabido hacer. 

¿El mismo enfado que se tenía en 2015 cuando irrumpió Podemos? ¿Le puede pasar a Vox igual que a Podemos, que se caiga de la cima?

En cuanto gobierne. Vox ya ha tocado techo y va a desinflarse porque desde la visión naif del mundo y desde la no responsabilidad se puede decir lo que quiera. Le pasó a Podemos y recuerdo aquellas concentraciones en la Puerta del Sol a las que  acudía porque me resultaba interesante escucharles. Les oía decir cosas ilusionantes, pero eran absolutamente abstractas e irreconciliables con la realidad, así que cuando han entrado en las instituciones se ha visto que el 90% de sus promesas  no las pueden llevar adelante. Vox va a saber lo que es la realidad, algo que le ocurrió también a Ciudadanos. . 

Lo que deberíamos hacer todos es bajar las revoluciones y el volumen y cuando nos enfrentamos a los electores no prometerles lo imposible porque eso es mentir y hoy en día se miente con una facilidad pasmosa y es peligroso insuflar, en según que cabezas y en qué corazones, ideas que cuando no somos capaces de llevarlas a buen fin hacen que el malestar sea mayor y un lugar muy complicado para la convivencia. 

¿Cómo te tomas cuando el PP hace ojitos a Vox para intentar gobernar?

No creo que el PP haga ojitos a Vox. Feijóo lo ha demostrado en Galicia y no les ha dejado un ápice de espacio. Las coaliciones son legítimas y los partidos, aunque en ocasiones tengan posicionamientos repugnantes, se pueden convertir en socios de Gobierno, como ocurre con Bildu, que me genera toda la animadversión del mundo porque no ha condenado una serie de asesinatos, pero tiene el mismo derecho que otros partidos. El PP tiene a Vox a la derecha, muy a la derecha y como posible compañero para gobernar. 

En Castilla-León se podía haber gobernado sin Vox si el PSOE se hubiera abstenido, Rajoy lo hizo en 2015 con la abstención del PSOE, pero había un secretario general asturiano de pro y un hombre de estado que entendía, como Carrillo, que, a veces, merece la pena, por el bien común, perder algunas de tus conquistas obligadas. ¿Para cuándo políticas para el bien común y de estado?

La propuesta de Feijóo de que gobierne la lista más votada no termina de caer bien porque la democracia también es el pacto.

Es tan democrático como que se generen conglomerados con diferente siglas. El problema está en quiénes son tus compañeros de viaje y cómo marcan la agenda. Si la quieren marcar negando la violencia machista, que conmigo no cuenten. Si mi compañero de viaje niega el colectivo lgtbi, que no cuenten conmigo.

¿Sería inviable y utópico que el PSOE y el PP alcancen una alianza?

No. Ha sucedido en La Palma. Hay un gobierno en el Cabildo liderado por el PP con el apoyo del PSOE. Y han demostrado con la catástrofe que pueden trabajar juntos y todos han estado a la altura. 

¿Qué tal andamos de cultura dentro de la política?

Peor de lo que deberíamos porque sin cultura no somos nada y las sociedades dejan huella a través de la cultura. Quizá debería haber mucha más energía por parte de los gobiernos porque es riqueza, el 4% del PIB, y porque en un país como España son oportunidades para todo. 

Desde la política no se debe juzgar la ideología de quien hace cultura. A mí me puede parecer bien, mal o regular lo que piensa Almódovar, pero no puedo negar que es un director de cine imprescindible y maravilloso. Los que hacemos cultura parece que estamos obligados a decir a quién votamos y nuestra ideología. Aquí se habla de los artistas de la ceja o la no ceja, y algunos de ellos me fascinan y otros un poco menos y creo que apoyando a Zapatero se equivocaban, pero eso no hace a Ana Belén peor cantante, por ejemplo.

¿Te da vértigo que te puedan encasillar literariamente por una u otra ideología política? Mira lo que ha pasado con Almudena Grandes, una escritora muy reconocida que ha sufrido mucho veto tras su muerte por los partidos de derechas.

Me llevaba muy bien con Almudena y cuando fui consejero de Cultura la invité varias veces a dar conferencias porque era una experta en la obra de Galdós. No era mejor ni peor escritora por ser de izquierdas. A los artistas hay que ponerlos únicamente en valor por su arte. Aun así, creo que yo ya estoy encasillado. Todo el rato me preguntan cómo soy católico y del PP. El otro día moderé una pequeña mesa de feminismos y se me acercó un sacerdote joven y me dijo que me agradecía que dijera con la misma vehemencia que soy gay y católico. Soy un católico discrepante y un gay militante, tengo carné del PP y todo eso casa bien en las democracias. 

Hablar tan claro y no callarse con nada puede generar incomodidad

Seguramente. No los he sufrido. He tenido un jefe que se llama Rajoy, una jefa que se llama Cristina Cifuentes y otra jefa que es Isabel Díaz Ayuso y ahora Alberto Nuñez Feijóo. He trabajado directamente con los tres primeros y son muy diferentes, pero me han respetado absolutamente y han entendido que mis peculiaridades son inherentes, casi endémicas. 

Los admiras mucho, pero todos ellos tienen peajes, incluso relacionados con la Justicia.

Los admiro por cosas diferentes. A Rajoy por su templanza y su bonhomía. El ciudadano no es consciente del buen tipo que es, de esos políticos que ahora podríamos ver como antiguos, pero en muchas cosas fue ejemplar, llegando a acuerdos, por ejemplo. La relación que tuvieron durante un tiempo Rajoy y Rubalcaba habría que reeditarla continuamente. A Cifuentes la quiero de manera subjetiva y visceral, fue una presidenta inmensa que se equivocó por algo que no termino de entender todavía y fue dinamitada… 

Sigue vetada porque parece que no la dejan participar en Masterchef. 

Eso dicen. Eso es porque todavía ven a Cifuentes con fuelle y con fuerza. Es muy joven, nunca se sabe. Y de Isabel Díaz Ayuso no solo la admiro, sino que alucino con la fuerza que tiene, es una fuerza de la naturaleza. 

¿Ayuso dará guerra dentro del partido de cara a las próximas elecciones? ¿Tanto éxito y personalismo político pueden traer problemas? 

No. Isabel no es personalista y ha demostrado que es una mujer de partido. Tiene una personalidad muy marcada y es como Lola Flores, que tenía una personalidad arrolladora. Ayuso y Lola Flores comparten que arrasan y es algo físico. Ayuso es un valor y no es que haya generado problemas, es que lo que no ha hecho ha sido amedrarse.

Si bajamos un poco de la nube, también hace declaraciones a veces con las que sube el pan. 

Debería ser menos impulsiva, quizá. Yo también lo soy. Quizá es tiempo de personas naturales y a lo mejor es parte de su éxito. A los políticos se nos tiene que exigir honradez permanente, pero no la perfección absoluta. Si tienes que hablar siete veces al día, lo normal es que algo digas en alguna que no esté perfectamente sujeto a la norma y para mí te hace natural, humano y mucho más interesante. Al resto de profesiones se las mira con más laxitud y ser político está muy mal visto y culpa tenemos, pero no hay quien aguante un Gran Hermano. 

¿Te gusta políticamente alguien del Gobierno actual? 

Tengo un cariño inmenso a Pilar Llop. Es una mujer valiosa, valiente y se ha dejado sus días por defender a las mujeres víctimas de violencia machista.También el ministro Planas, con sus luces y sus sombras, ha demostrado tener preocupaciones reales por los ciudadanos desde sus competencias. Y me gustaba Pepe Guirao, que ya no está en política, porque era uno de los mejores ministros de Cultura que ha tenido este país, junto a Íñigo Méndez de Vigo. 

¿Yolanda Díaz es valiente?

Es atrevida, oportunista y lista. Pero todavía no he descubierto lo que realmente aporta de forma indispensable a nuestro país. Ha sabido encontrar su espacio y sabe que no puede vivir en el enfrentamiento con su jefe dentro de un seno de Gobierno y hay que ir hacia el bien común, algo que no han sabido entender Ione Belarra ni Irene Montero.

Ser senador parece más agradecido  que otro tipo de cargos, aunque se está en segundo plano. 

En el Senado hay personas maravillosas. Estoy aprendiendo mucho y poder compartir escaño con Luisa Fernanda Rudi, Javier Arenas, Barreiro o Alberto Fabra es una fuente permanente de aprendizaje porque lo han sido todo. En el Senado todo se mira con más profundidad. Permite ir a lo que hay en los subsuelos, en los porqués. 

¿No has pensado alguna vez bajarte de este circo? 

Estoy aquí porque realmente quiero y no lo necesito. Alguna vez sí he pensado si esto es lo que yo quiero y la respuesta es que ahora mismo sí. Me encanta y me lo creo. Cuando eres parte de un gobierno es cuando te das cuenta de que se pueden cambiar las cosas y disfruto mucho y he aprendido mucho. En política hay veces que se olvida que esto también va de energía y de emociones.

El año que viene hay elecciones. ¿Qué te gustaría? 

Que Feijóo ganase las elecciones, formara gobierno y contara conmigo para el equipo de Cultura.

¿Cómo ministro? 

En el equipo de Cultura. Hay muchos puestos dentro del paraguas de Cultura. También que se contara conmigo y otras personas para pactar una ley de educación que durara, por lo menos, 20 años. 

Es curioso que en tus entrevistas siempre haya una pregunta relacionada con la sexualidad, tipo quién te pone y quién no. ¿No te cansas? 

Gay he sido siempre. A mí me da igual lo que me pregunten, ¿pero se lo preguntarían a una mujer? Si yo fuera una mujer y me lo preguntaran, ¿sería un ejemplo de machismo? No, sería un ejemplo de mal gusto si acaso, sinceramente. 

¿Cómo ves que por ley se blinde una baja por reglas dolorosas? 

Tengo cuatro hermanas y sé que cuando las reglas son muy dolorosas ya los médicos daban una baja de lo que hiciera falta. Como feminista convencido no me gusta un pelo que haya un texto escrito y refrendado por las Cortes generales en el que parece que se os diferencia por algo fisiológico. ¿No estamos hablando de igualdad? Es como cosificar permanentemente. No quiero que a las mujeres os estigmaticen con nada. 

¿Hay que legislar tanto? Los estados hiperlegislados son menos libres. Lo que hay que conseguir es que a las mujeres con reglas dolorosas no les pongan trabas en sus puestos de trabajo, pero esto otro no tiene sentido. 

Esto es lo mismo que ocurre con la Ley Integral LGTBI, no quiero una ley que a mí me caracterice porque me gusta algo o lo contrario, me echo a temblar porque soy igual que el resto y me amparan las mismas normas, pero si fuera una ley contra la LGTBIfobia, el primero que dice dónde hay que firmar porque todavía hay exclusión y violencia en algunos casos y tenemos que tener una herramienta legislativa.No hay nada más peligroso, aunque sea útil, que las discriminaciones positivas, que tienen que ser una herramienta temporal y no convertirse en norma. 

De vuelta a la literatura para terminar como empezamos. ¿Vas a seguir escribiendo? ¿Tienes algún proyecto más? 

Sí. Tengo una idea y estoy trabajando en tres historias en primera persona. Tres hombres que están muertos, uno por sida, otro es víctima de las drogas, y otro víctima del amor. 

Te gusta escribir de la pérdida.

Sí, mucho. No soy nada freudiano, pero creo que él diría muchas cosas porque soy un tipo superfeliz y energético. Quizá lo hago por miedo. Nací en el 78 y hasta el año 90 era un enfermo psiquiátrico para la OMS. Puede parecer una chorrada, pero cuando me enfrenté a mis amigas y a mi madre para decirles que era gay se me pasaron muchas cosas por la cabeza y pensaba que no me iban a querer. Llegué y dije: 'mamá, me ha dejado Carlos'. Hubo un silencio dramático, que también mi madre era muy teatrera, y dijo: 'él se lo pierde'.