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Editorial

La toma del INE y el grave deterioro de las instituciones democráticas

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Es la última víctima del obsesivo control sanchista sobre unas instituciones que cree a su disposición. Este lunes anunciaba su dimisión el presidente del Instituto Nacional de Estadística (INE), Juan Manuel Rodríguez Poo. Por «motivos personales» pero empujado por las críticas de buena parte del Ejecutivo y por el ánimo de un Pedro Sánchez que tiende a moldear la realidad a su antojo.

Rodríguez Poo eligió arrojar la toalla, motu proprio, antes de ser cesado y después de que el sector estadístico publicara un contundente escrito en el que alertaba de que el «cese del presidente del INE podría ser interpretado por la sociedad como un ataque a la independencia del Instituto». Un hecho provocado por la falta de sintonía entre las cifras desplegadas por este organismo y las previsiones del Gobierno. Nada tan duro para un gobernante ensimismado como la crudeza de unos datos que han echado por tierra las previsiones exageradamente optimista a las que acostumbran a exhibir Sánchez y los suyos. Así, desde el ente autónomo adscrito al Ministerio de Economía se ha puesto negro sobre blanco a la realidad económica del país en contra de unos cálculos del Gobierno puestos en solfa por toda suerte de entidades económicas de referencia a nivel nacional e internacional. Las estimaciones, realistas, del INE en lo referente a índices claves como la inflación, el PIB o la EPA no han gustado en el seno del Ejecutivo. Las consecuencias no se han hecho esperar.

Este episodio se suma a una larga lista de movimientos que solo consiguen degradar la calidad de la democracia a través de la manipulación de unos órganos que han de tener como santo y seña la transparencia, la neutralidad y la fiabilidad. Instituciones convertidas en una herramienta al servicio de Sánchez en su afán por dibujar una arcadia feliz.

El caso del INE no es el único, solo el último. Hay una prolija lista que evidencia el bochornoso intervencionismo del Gobierno para poner las instituciones a su servicio. Del CNI y el despido de su directora a raíz del 'caso Pegasus' al uso partidista del CIS del controvertido Tezanos, pasando por la reciente y acelerada 'renovación' del consejo de Indra. También movimientos en el ámbito judicial como el trasvase de la exministra de Justicia, Dolores Delgado, a la Fiscalía General o el cuestionado intento de reforma de la ley del Poder Judicial. Sin contar el ninguneo de Sánchez al legislativo, usando el decreto ley más que cualquier otro presidente de la democracia. El cerco al INE es un intento por ocultar un escenario que no conviene a un Gobierno que olvida que el mejor de los maquillajes no evita que aflore una realidad por dura que esta sea. Lo peor llega con el desgaste de unas instituciones de referencia que debieran servir a los ciudadanos y no al gobierno de turno.