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UGT rompe una lanza por los conductores de la empresa Unauto

J. Monroy
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El Comité de Empresa de la concesionaria de los autobuses urbanos recuerda que los trabajadores hacen su trabajo escrupulosamente y si se dan conflictos, deben solventarlo la empresa y el Ayuntamiento

UGT rompe una lanza por los conductores de la empresa Unauto - Foto: Víctor Ballesteros

Algunos conductores de Unauto en los autobuses urbanos se han sentido en el centro de la diana tras la denuncia de una joven con discapacidad que contó en este diario sus dificultades para que le bajen la rampa de entrada y las posteriores críticas desencadenadas en las redes sociales. Desde el Comité de Empresa, UGT ha querido romper una lanza en su favor.

Pedro Barriga es el presidente del Comité y secretario de Organización de la Federación de Servicios de UGT. No entra a valorar los problemas de la joven con discapacidad, con la que no obstante se le ve muy empático, ni quién tiene que darle soluciones a estos problemas. Pero advierte que aquí «el trabajador lo que hace es cumplir con la ley, con las ordenanzas y con las órdenes que se le dan desde la empresa». A partir de ahí, pide a los usuarios que vean alguna anomalía o se sienta afectado por alguna situación como la de esta joven que reclame ante el Ayuntamiento y Unauto, «porque al trabajador hay que tenerlo protegido».

Barriga recuerda que muchas quejas les llegan a los conductores, que están resolviendo muchos problemas, mientras tienen que cumplir las leyes de Tráfico, la normativa de Transporte, la ordenanza municipal y las normas internas de la empresa. Y cualquier accidente se judicializa «y lo primero que piden es el carnet del conductor, que es el sustento de las familias».

El presidente del Comité recuerda que el conductor no debe abandonar su puesto de trabajo para abrir la rampa libro (más allá de que debería poder usarse primero la rampa eléctrica). Luego está el problema de que el resto de usuarios también se quejan si hay retrasos. Pero normalmente, no ponen pegas, porque empatizan con los problemas de las personas con discapacidad, como reconocía la mujer denunciante, «no vamos a crear un perjuicio donde no lo hay». Lo normal es que los conductores bajen del autobús y bajen la rampa para facilitar el acceso. Pero hay situaciones que les impiden abandonar el puesto de trabajo, por seguridad de los viajeros o del autobús, o en ocasiones por salud propia. Hay usuarios que así lo saben, apunta Barriga, y son ellos mismos los que abren las rampas, «por parte de los viajeros tenemos mucha ayuda y empatizan mucho con nosotros, lo que es de agradecer».

Pero el presidente del Comité advierte que no es de recibo que si un conductor no puede bajar la rampa por motivos de salud o porque ve que hay algún viajero que le puede crear problemas si abandona el puesto o que hay algún peligro, se le ponga en la diana, «tenemos que echar una mano todos».

A partir de ahí, Barriga no se mete en las soluciones a problemas como el de esta mujer, quizás haya que estudiar cada caso particular, «eso ya no depende del Comité porque no es una cuestión laboral, depende de la empresa, la administración o de quien sea, no de los trabajadores, que se montan en el autobús a hacer cumplir su trabajo y lo cumplen escrupulosamente, son buenos conductores y están sometidos a un estrés tremendo por la circulación, atascos e increpancias».

De hecho, destaca finalmente su representante sindical, por las circunstancias del tráfico a veces cuando los conductores llegan a la cabecera no tienen cinco minutos para estirar las piernas, como exige la salud laboral, y vuelven a salir. También pagan su billete a usuarios que no tienen dinero y aportan el cambio. Finalmente, velan por la seguridad de los usuarios, por lo que no permiten el transporte de material pirotécnico, chatarra u objetos punzantes, ni de vehículos, si no es con autorización por escrito, porque así lo marca la ley. Si hacen la vista gorda y hay algún problema, se juegan su puesto de trabajo.