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La guerra llegó en mal año

M.H. (SPC)
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A pesar de la autorización de la UE para cultivar barbecho y aumentar la producción, los rendimientos en cereal y girasol van a estar por debajo de la media de los últimos años en toda España

La guerra llegó en mal año

Este es un año clave para las producciones agrarias. La guerra en Ucrania mantiene alejadas miles de toneladas de cereales que necesitamos, nunca mejor dicho, como el comer, por lo que la Unión Europea ha autorizado a cultivar ese 5% de parcelas que debe quedar en barbecho en un año normal con el objetivo de aumentar la producción de cereales, girasol y otras materias primas. El problema es que el clima está volviendo locos a los agricultores y el rendimiento final de los cultivos parece que va a quedar lejos de ser suficiente para paliar la falta de grano ucraniano, al menos por las previsiones que manejan las organizaciones agrarias.

Después de un invierno seco como pocos, los cerealistas estaban temblando ante la posibilidad de que sus cultivos se echaran completamente a perder. Pero llegaron los meses de marzo y abril, que trajeron copiosas lluvias con las que la situación parecía salvada, al menos en parte. El problema es que mayo desembarcó con unos calores impropios de esas fechas y, con un campo recién mojado pero sin demasiadas reservas de humedad en el subsuelo debido a la sequía de principios de año, el cereal sufrió más de la cuenta en la época crítica en las que las espigas están granando.

Con esas temperaturas de primeros de mayo, las previsiones de cosecha decrecieron bruscamente. Comenzó a hablarse de un 20% menos que en 2021. Un 2021 que no había sido malo, por lo que una quinta parte menos podía valer para salvar los muebles. Sin embargo, la persistente falta de precipitaciones y las temperaturas relativamente altas, las expectativas fueron decayendo por días.

José Roales es responsable del área de cereales a nivel nacional en COAG. Habla de una reducción media de un 30% en el conjunto España respecto a un año normal; hay que tener en cuenta que 2021 fue un ejercicio con rendimientos por encima de la media, por lo que el porcentaje de reducción respecto a la pasada campaña será sensiblemente mayor que ese 30%. Además, advierte, «hay zonas en las que la merma de cosecha llegará al 60%», como en el área zamorana de Tierra de Campos en la que él mismo cultiva.

En cuanto al girasol, Roales tampoco es optimista. «En la zona donde siembro hay girasoles que no levantan 20 centímetros y ya tienen la cabeza asomando». Esto significa que la planta, antes las pésimas condiciones ambientales que sufre, adelanta la floración para tratar de producir semillas antes de morir; es simplemente un mecanismo para poder perpetuar su estirpe, pero implica que los girasoles tendrán menos semillas y de peor calidad que en un año normal.

El girasol necesita de humedad en la siembra y, una vez que alcanza cierto porte, tiene una mayor capacidad para resistir la falta de agua porque sus raíces son más profundas que las del cereal y llegan a coger humedad donde el trigo y la cebada no pueden hacerlo. «Dependerá de cuándo se hayan sembrado», dice Roales. En las zonas tempranas, como puede ser Castilla-La Mancha, las lluvias de marzo y abril pueden haber servido para que el girasol alcance un buen desarrollo y no acuse tanto la sequía. Pero en lugares en los que se siembra más tarde, como Castilla y León, sobre todo en su mitad norte, las plantas están soportando temperaturas altísimas y una preocupante falta de agua en los primeros estadios de su desarrollo, por lo que seguramente el rendimiento se verá afectado. «Puede caer un golpe de agua de 10 o 15 litros en cualquier momento y donde caiga hará bien, pero en general las perspectivas son malas».

Desde ASAJA Castilla y León vienen a confirmar las previsiones de Roales. Uno de sus técnicos repite la cifra de un 30% menos que la media de los últimos años y cifra la reducción respecto a la cosecha del año pasado en un 50%. En cuanto al girasol, dice que aún es pronto para sentenciar, pero las cosas no pintan bien. El hecho de que las plantas estén echando la flor tan pronto y con tan poca altura no es bueno, pero añade que algo de agua en estas semanas venideras pueden solucionar en parte el problema. Sin embargo, las previsiones meteorológicas no dan precisamente esperanza en ese sentido, ya que se espera un verano cálido y seco. Desde la organización castellanoleonesa se lamentan porque, aparte de que una buena producción habría ayudado a paliar en parte la escasez de grano por la guerra, también habría echado un capote a los agricultores para sortear esta situación incierta con los gastos de producción disparados.

Por su parte, el consejo sectorial de cereales de Cooperativas Agro-alimentarias de España ha realizado una primera estimación de la cosecha de cereales en 17,6 millones de toneladas, lo que supone casi un 30% menos (29,6%) con respecto a la pasada campaña y un 28,5% menos respecto a la media de los cuatro últimos años.

Desde ASAJA Castilla-La Mancha hablan de una «cosecha irregular» por debajo de las estimaciones iniciales. Además, a los daños provocados por el calor y la falta de agua añaden los que conlleva la convivencia de los cultivos con la fauna silvestre, conejos y jabalíes principalmente, que están provocando el abandono del cultivo de cereal en algunas zonas. En cualquier caso, la sectorial de cereales de ASAJA nacional estima el descenso de la producción en un 21% menos que la campaña pasada, previsiones mucho más optimistas que las anteriores.

Lo que está claro es que para los cultivos herbáceos de secano no va a ser un buen año. Los cereales acusarán las idas y venidas de temperaturas y precipitaciones. Y el girasol, a la espera del agua que pueda caer durante las próximas semanas, tampoco parece que vaya a dar rendimientos excepcionales, probablemente ni siquiera buenos.

 

Los daños provocados por los incendios están asegurados.

Los incendios forestales son una más de las consecuencias de la ola de calor que hemos sufrido últimamente. Cuando se habla de este asunto en los medios se presta atención sobre todo a zonas forestales, pero estos fuegos arrasan también áreas agrarias, por eso Agroseguro quiere recordar a los agricultores y ganaderos asegurados que los daños por los incendios producidos en los últimos días en diferentes zonas del territorio nacional están cubiertos. Desde el pasado fin de semana, se han recibido partes de siniestro procedentes de 29 provincias.

Agroseguro recuerda que todos los productores asegurados cuentan con la protección del seguro agrario frente a los daños por incendio dentro de la garantía básica en cualquier póliza en vigor, tanto por daños a la producción como a la plantación (daños en el arbolado, viñas…). Además, la protección también se extiende a las muestras testigo que los productores de cereal hubieran tenido que dejar en el campo para facilitar la valoración de siniestros previos, así como a la producción que se haya podido ver afectada por la creación de cortafuegos preventivos en los incendios. Asimismo, el seguro agrario también ofrece cobertura de los daños que hayan podido sufrir las cabañas ganaderas aseguradas a causa del fuego.

Las primeras visitas a las zonas afectadas ya se han iniciado, y la tasación de los daños comenzará una vez se extingan los diferentes focos de los incendios y sea posible acceder a las parcelas siniestradas. La valoración se agilizará en el caso de las explotaciones de cereal cuya recolección se encuentra muy próxima para facilitar que los agricultores puedan cosechar las zonas no afectadas a la mayor brevedad posible.