En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


La segunda muerte de Umberto Eco

31/05/2020

Cuatro años después de fallecer Umberto Eco, en las redes sociales lo han vuelto a matar. Días pasados, algunos usuarios de Facebook compartieron una noticia de prensa dando cuenta de la pérdida del reconocido novelista y semiólogo. No faltaron de inmediato comentarios lamentándolo. Solo unos pocos usuarios advirtieron de que esa información correspondía a febrero de 2016. Comparado con algunos desatinos que circulan por ahí, esta segunda muerte del piamontés es una minucia, pero ejemplariza el acoso que la verdad sufre ante añagazas orientadas a perturbar nuestras certezas.
A Eco le debemos atinadas aportaciones para comprender el desarrollo de la comunicación en las últimas décadas. Una de sus reflexiones más polémicas sobre los efectos de cuantos nuevos caminos Internet abrió fue esta: «Las redes sociales les dan derecho a hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio nobel. Es la invasión de los idiotas».
Veintisiete millones de españoles usamos las redes sociales para estar conectados con amigos, mantenernos al día de noticias o eventos, ocupar el tiempo libre, entretenernos, compartir fotografías o vídeos, expresar opiniones o satisfacer curiosidades sobre vidas ajenas. A priori, ninguno de estos fines justificaría juicio tan radical como el referido, pero es ingenuo obviar que mentiras y embusteros navegan por las redes como pez en el agua, hasta el extremo de que la consultora Gartner, especializada en tecnologías de la información, sostiene que en 2022 la mitad de las noticias que circulen por ellas serán falsas.
La credibilidad se cimenta, entre otras cualidades, en el rigor intelectual, la exposición sólida de argumentos y la veracidad sobre la que se construyen las opiniones. Estos principios contribuyen a fortalecer el debate público, ordenan pensamientos, contextualizan conceptos y clarifican horizontes. Si no apostamos por ello, mal vamos. Dejemos, por tanto, descansar en paz al recordado Eco y conjurémonos para que cuantos demagogos, amén de idiotas, infectan las redes no consigan con nuestro desdén inflamarlas más, evitando que sus falsedades no sean tan compartidas, ni consigan más ‘likes’ que las dignas verdades.