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Talavera tiene un torero y se llama Tomás Rufo

Dominguin
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El matador de toros de Pepino se presentó ante sus paisanos cortando cuatro orejas y un rabo y llenando la plaza hasta la bandera. 'El Juli' y el rejoneador Diego Ventura acompañaron a Rufo a hombros en una tarde que será recordada

Rufo, ‘El Juli’ y Diego Ventura salieron a hombros del coso talaverano. - Foto: Dominguín

Talavera quería toros, 728 días después, la plaza de ‘La Caprichosa’ volvía a acoger un festejo taurino, y lució un lleno de ‘no hay Billetes’ en sus tendidos, acabando con todo el papel que se podía vender, el setenta y cinco por ciento del aforo total. Gran trabajo de la empresa capitaneada por Antonio Rubio, al abrir de nuevo la plaza de toros con los ingredientes que el público demandaba, ahí están los resultados. Los aledaños del coso eran un hervidero de aficionados, venidos de toda la comarca, que con la pandemia llevaban sin poder ver in situ un festejo taurino más tiempo del que debieron.

Todo este ambiente en gran parte, era por la participación en el cartel del nuevo matador de toros de Pepino. Rufo pasará ya del acompañamiento de mencionar su pueblo, y ser el nuevo torero que necesitaba Talavera, y que tiene la provincia de Toledo. Llega al escalafón de matadores con dos actuaciones, pero qué dos. Una alternativa soñada y una presentación ante los suyos con un triunfo mayúsculo.

Vestido con un terno azul marino y oro estrenado en el Puerto de Santa María, hacía su aparición en el patio de cuadrillas, el primero de los espadas, sereno, tranquilo, sonriente y conversando con quien se le acercaba a saludarlo. Momentos de reflexión antes de liarse, irrumpió con sus compañeros en el ruedo, y un gentío multicolor rompió a aplaudir a su torero. Emoción de Tomás al cruzar el ruedo y aún más cuando tras el silencio sonaron los acordes del himno nacional, las lágrimas estuvieron a punto de aparecer, pero el torero se sobrepuso y con un gesto ilusionante miro al cielo y para adelante.

Se echó de rodillas para recibir a su primero con una larga, para luego una vez incorporado toreó por delantales y verónicas ante el clamor de los asistentes. Quite medido pero cadencioso a cámara lenta, que vaticinaba la faena por venir. Brindó su astado a José Manuel Escolar. Lo sacó a los medios y allí con una tanda de derechazos fijó la acometida del burel. El pitón era el izquierdo y la sinfonía de naturales empezó cuando meció al son de sus flecos la gran embestida del de Daniel Ruiz. Encajado, con la pierna por delante y llevando largo, muy largo y templado al toro, cuajó sin discusión en los tendidos. Que ‘oles’, al unísono sonando, como un coro celestial, y Rufo dale que dale una y otra vez. El toro quiso rajarse y el matador en sus terrenos le puso el broche de oro junto a tablas. Estocada entera y dos trofeos concedidos desde el palco.

Saltó el sexto al ruedo y Tomás Rufo, con su capa prodigiosa ,paró el ímpetu del animal con seis cadenciosas verónicas y una media en el centro del ruedo. Se lo debía a Talavera, a sus amigos, a sus paisanos, a sus seguidores y, para ellos, fue la faena.  Firme, citó al astado que se vino de largo y lo aguantó por alto, para luego medir unas embestidas nada ciertas. La inteligencia y pasmosa tranquilidad del torero le imprimen personalidad, esa que contagia a los graderíos, hace que se espere de él lo mejor cada tarde. Grandes tandas con la diestra baja llevando cosida las telas al hocico del toro albaceteño. A natural rompió a más, largo y templado, lo que supo aprovechar el espada para lograr los mejores pasajes de la efímera obra de arte. La firma de la faena, de tronío, a pies juntos, naturales eternos, hasta donde le permitía su brazo y le seguía con nobleza el animal. Un cañón con la espada, tremenda estocada que hizo rodar al animal y enloquecer a un público que quería para su paisano lo máximo. El palco así lo entendió y las dos orejas y el rabo le fueron entregadas por el alguacil a Rufo.

Ventura estuvo sublime. No se puede pedir más al mejor rejoneador del panorama mundial. En su primero, más reservado lo puso todo de su parte, yendo siempre a por los astados de frente. Acertado con las farpas donde montó un auténtico alboroto, falló luego en la suerte suprema lo que podía haber sido el primer trofeo de la tarde. En el cuarto vino la revolución. Diego está donde está por que hace cosas y pisa terrenos que no hace nadie. Tuvo que saltar al ruedo ‘Sueño’ y con él llegó el delirio, con las banderillas y llevando al toro cosido a su costado por todo el anillo, haciendo cambios inverosímiles por dentro de las tablas. Talavera estaba loca con Ventura. Pero el sumun de la tarde equina vino con ‘Bronce’ que pisa terrenos que no lo hacen muchos caballos y tiene una personalidad arrolladora. Terminó con un par a dos manos donde el caballo va sin cabezada al toro. Tras las cortas pinchazo y rejón que le valieron para cortar dos orejas a su rival.

‘El Juli’ estuvo sobrio y poderoso toda la tarde, con dos toros de diferente condición, aunque el madrileño puede y lo demuestra ante cualquier circunstancia. La de su primero fue una faena de apostar y poder, llevar al animal por donde le marcaba el espada y demostrar a los tendidos su dimensión. Mató al segundo intento y el público le ovaciono, correspondiendo el matador desde el tercio.

Ya en el quinto, salió espoleado, sabedor de que sus compañeros ya tenían asegurada la salida a hombros. Le bajó pronto la mano al de Daniel Ruiz que fue obedeciendo a las telas del torero que de menos a más fue ligando muletazos bajando la mano y sometiendo al burel. Distancias, suavidad y toques justos para enloquecer con su toreo a los asistentes que le premiaron con el doble trofeo tras atronar al quinto de la tarde.

Al final como en las grandes tardes apoteósicas, los tres salieron a hombros hasta los jardines del Prado donde les esperaban cientos de aficionados que festejaron con júbilo una tarde de toros histórica de las que hacen afición.

Hubo, por cierto, un palco de lujo para dirigir el festejo. Para más inri tres veterinarios, uno como presidente, otro como asesor artístico y otro cumpliendo con su labor profesional, pero en definitiva tres grandísimos aficionados a la tauromaquia que es lo realmente importante. Su actuación fue correcta y medida, aunque quizá fueron algo duros al no otorgar el trofeo a ‘El Juli’ en el segundo del festejo.