La crisis obliga a Cipriano a abrir todas las mañanas

M. G.
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El 'amigo de los pobres' pasa de hacer reparto mensual de alimentos a abrir todos los días. Agradece el esfuerzo de las empresas y pide más ayuda ante el notable aumento de la pobreza

La crisis obliga a Cipriano a abrir todas las mañanas - Foto: Yolanda Lancha

Cipriano González y los voluntarios no paran por las mañanas. Llegan temprano al almacén de la Bajada de San Martín porque no saben a cuánta gente tendrán que atender cada día. El tradicional reparto mensual de alimentos que se llevaba a cabo una vez al mes ya no es posible por la pandemia de coronavirus, que impide a los beneficiarios guardar cola en la calle por la alta concentración de personas que suelen acudir a la cita, pero las familias sí se pueden acercar hasta allí cualquier día, siempre de mañana porque por la tarde toca descansar, para recoger una bolsa de alimentos.
«Unos días vienen cuatro y otros veinte», explica Cipriano en pleno reparto. Le gustaría atender también de tarde, pero sus 84 años se lo impiden y prefiere concentrar la actividad por las mañanas. Lleva meses observando que la pobreza crece y cada vez hay más familias que acuden a su puerta pidiendo ayuda. La crisis derivada del coronavirus está haciendo mella y el ‘amigo de los pobres’, como se le conoce popularmente en la ciudad, realiza un llamamiento para que más empresas y particulares ayuden económicamente con la intención de comprar más productos de primera necesidad y disponer siempre de bolsas de comida suficientes.
Cipriano está muy satisfecho con los colaboradores habituales y lo dice siempre que tiene ocasión. A la larga lista de agradecimientos se suma la Policía Local por su implicación en el reparto de alimentos durante los meses más duros de la pandemia. Explica que él apenas salía de casa por el riesgo y por su edad, pero los agentes se encargaron de trasladar los productos y  de llevárselos a las familias más vulnerables durante el estado de alarma.
También está muy contento con la ayuda del despacho de Sánchez-Garrido, que está difundiendo su labor para conseguir aumentar los fondos, y con otras muchas empresas y particulares, como Tello, Lozoya, Delaviuda, y Jesús León. Se deja algunas en el tintero, pero no quiere olvidarse del motivo de la llamada, «que la gente sea más solidaria porque la cosa está muy mal».
Cipriano, que conoce la pobreza de cerca desde hace muchos años, asegura que la situación es insostenible y se necesita más solidaridad» Vamos a ser un poco más humanos porque es algo importante», insiste y reconoce que, en general, hay margen para que muchas empresas y particulares destinen dinero para esta buena causa en lugar «de quedarse con todos los millones».
Además, aprovecha estas fechas para solicitar también una mano a las jugueterías de cara a la campaña navideña. En este caso, espera donaciones de juguetes, pero pide que se entreguen embalados dadas las actuales circunstancias sanitarias y la necesidad de aligerar trabajo porque ni él ni los voluntarios pueden hacerse cargo  de un reparto de juguetes sin ordenar ni embalar.
un cambio obligado. Las bolsas con distintos productos están apiladas para  ir entregando cuando es necesario, pero el almacén no puede quedarse sin reservas. Antes del coronavirus esta iniciativa solidaria estaba muy organizada y se realizaba un reparto mensual, un tarde en concreto, y las personas más vulnerables acudían y esperaban su turno, pero en estos momentos la atención es constante y el reparto va y viene en función de las visitas, lo que obliga a permanecer todas las mañanas en la Bajada de San Martín.
En estas circunstancias sanitarias, Cipriano y los suyos cumplen a rajatabla con distintas medidas para evitar contagios. No hay contacto físico con los usuarios, las bolsas se depositan en una mesa que hace las veces de barrera para guardar ese metro y medio de distancia aconsejada, los voluntarios utilizan guantes, mascarilla y se lavan las manos con geles desinfectantes a menudo. Las medidas ofrecen seguridad, pero para Cipriano y los suyos el coronavirus tiene un potente efecto secundario, más pobreza en un tiempo récord.