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Ana Nodal de Arce

Me la juego

Ana Nodal de Arce


Que les dejen vivir en paz

27/10/2022

Que les dejen vivir en paz
me la juego
ana nodal
Una sociedad que no cuida a sus mayores está llamada a autodestruirse, más que nada porque, según avanzamos en edad, necesitamos más asistencia, un arsenal de medicación y profesionales sanitarios que velen para que la vejez no solo sea un cúmulo de años, sino una experiencia grata, tranquila y sosegada. Antes de que la pandemia se instalase en nuestras vidas ya podíamos observar que se extendía un cínico desprecio desde ciertos sectores sociales y políticos hacia los mayores, utilizados con desfachatez e incluso sin escrúpulos por aquellos que no valoran el cariño, el amor y la sabiduría que emana de aquellos que han pasado por tanto.
Todos hemos sufrido las consecuencias de más de dos años de medidas sorprendentes, incoherentes, inhumanas, que han afectado no solo nuestra visión del mundo, sino que han asestado un duro golpe a nuestra estabilidad emocional y, por qué no decirlo, a nuestra salud mental. Pero los mayores continúan siendo las víctimas más vulnerables de este sistema que se pretende eternizar más allá de estados de alarma, cierres perimetrales o encierros que devastaron nuestra existencia. Que alguien me explique por qué no se pueden realizar gestiones presenciales, por qué la mayor parte de las entidades bancarias se empeñan en que los abuelos utilicen el cajero o qué motivo hay para que no puedan acudir al médico cada vez que lo consideren oportuno.
Esto no tiene ni pies ni cabeza: ancianos que se desviven por realizar cualquier gestión de su vida cotidiana y chocan de bruces con máquinas que les obligan a repetir llamadas telefónicas una y otra vez, sin resolver esos problemas que ellos han sacado adelante toda la vida sin necesidad de tanta tecnología y parafernalia. No, señores gobernantes, los mayores a veces ni quieren ni pueden abonarse a un servicio de internet, ese mismo que a ustedes les pagamos todos con nuestros impuestos, al igual que sus fantásticos iphones de última generación que a la gente de a pie les suenan a cuentos chinos.
La generación de nuestros padres, la de los abuelos de nuestros hijos, los que vivieron la guerra civil, los que hicieron encaje de bolillos en la hambruna posterior y sacaron adelante un país en ruina, ahora no puede seguir siendo maltratada por muchos que abrazan el teletrabajo solo porque les gusta andar en pijama y tienden a ignorar a quienes no conocen los entresijos de internet porque su superioridad intelectual prevalece sobre unos valores que han olvidado en beneficio de su comodidad.
A ver, que muchos no deseamos más app, que queremos hablar con personas y no con máquinas, que aspiramos a humanizar nuestra existencia, más allá de las redes sociales, que apreciamos, pero no tanto como el contacto directo. Aunque a veces no sea tan grato como recordábamos, que esa es otra. Dejemos a los mayores que vayan a cobrar su pensión al banco cada primero de mes, que paguen sus recibos como han hecho toda la vida y transmitan valores a los jóvenes, que tanta tecnología, adoctrinamiento y mimos han redundado en que algunos  consentidos entiendan la rebeldía como un conjunto de insultos soeces y machistas, aunque, a Dios gracias, prevalecen  los que adoran a sus abuelos y conviven en igualdad. Y que el covid no sea excusa para aislar a los ancianos. Ellos necesitan contacto personal. Que les escuchen. Que les hablen. Que les abracen los suyos. Lo demás, sobra.