La última ejecución pública de Toledo tuvo lugar en 1882

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Doce años después, Antonio Maura dispondría que se produjeran en el interior de las propias instituciones penitenciarias, según recordó Enrique Sánchez Lubián en la Biblioteca de CLM

La última ejecución pública de Toledo tuvo lugar en 1882 - Foto: VÁ­ctor Ballesteros

El escritor, investigador y periodista Enrique Sánchez Lubián, que desde hace algunos años viene publicando antiguos sucesos acaecidos en la provincia en el suplemento cultural de ABC con el título de «Esbozos para una crónica negra de antaño», pronunció en la Biblioteca de Castilla-La Mancha, en el marco del Festival Mazapanoir, la conferencia Ejecutados o indultados. Toledo ante la pena de muerte (1860-1920). Es la segunda vez que Sánchez Lubián colabora con el encuentro de novela y cine negro-criminal de Toledo, pues hace un año ya impartió la charla Crónica negra de una ciudad de provincias: de la estafa al cardenal Sancha al crimen de Moraleda, Toledo 1900-1936.
Durante la etapa escogida por el conferenciante en esta ocasión, explicó, se produjeron acontecimientos como el fin de las ejecuciones públicas, confinadas al interior de las prisiones en tiempos de Antonio Maura (1894). La última de las que se produjeron en esta ciudad tuvo lugar por fusilamiento en el paseo del Tránsito el 13 de marzo de 1882 y puso fin a la vida de varios bandoleros.
Sánchez Lubián habló durante su disertación de las cárceles donde los reos esperaban su última pena, entre ellos «los calabozos de los muertos» (o «los nichos para vivos») que había en la Prisión Provincial de Gilitos -hoy sede de las Cortes de Castilla-La Mancha-, tal como los describió el periodista Federico Lafuente en la revista Toledo en 1889. También de los espacios para el ajusticiamiento y qué métodos eran empleados en la primera mitad del siglo XIX, según se desprende de los testimonios del curial Felipe Sierra, autor de un amplio manuscrito de los hechos ocurridos en Toledo entre los años 1801 y 1844, el cual se conserva en el Archivo Municipal.
El conferenciante señaló asimismo que una de las ejecuciones más particulares del siglo XIX, realizada en 1822, en pleno Trienio Liberal (en esa misma fecha fue aprobado el primer Código Penal moderno de la historia del Derecho español), fue la del capellán de coro de la Catedral Antonio García Juzdado, cuyos restos serían poco después exhumados por los absolutistas y sepultados de nuevo en la capilla de San Ildefonso, en plena cabecera del templo Primado. Otra de las circunstancias características del siglo XIX, añadió, fue la supresión de la horca y la institución oficial de los diferentes tipos de garrote.
Enrique Sánchez Lubián aprovechó para destacar el éxito de esta segunda edición del Festival Mazapanoir, señalando la «gran renovación cultural» que en estos últimos años han traído consigo eventos como este en la ciudad, como el festivalcinematográfico Cibra o como Voix Vives (poesía urbana), entre otros.