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Una tragedia ¿evitable?

Agencias-SPC
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El recuerdo del 11-M, la desgracia que estremeció a España hace 18 años, sigue muy vivo mientras los especialistas en terrorismo yihadista consideran que fue posible impedirla

Las bombas que devastaron los trenes de cercanías en 2004 causaron una enorme mortandad debido a que los vagones, a primera hora de la mañana, se encontraban abarrotados. - Foto: EFE

El 11 de marzo de 2004. En la memoria de España, esa fecha negra que ha pasado a la historia en modo abreviado (11-M) causa todavía un estremecimiento aunque hayan pasado ya 18 años de los atentados  en los trenes de cercanías de Madrid que provocaron la muerte a 193 personas y heridas a  más de  2.000. A primera hora, cuando los vagones circulaban abarrotados de  ciudadanos que acudían al trabajo o a sus centros escolares, 10 explosiones casi simultáneas en cuatro trenes dejaban para siempre la marca del terror en el corazón de España. Fue el mayor atentado registrado nunca en Europa.    

A pesar de todo el tiempo transcurrido, la tragedia que sacudió a todo un país sigue generando controversias y deja también una gran pregunta en el aire: ¿Pudo haberse evitado?

El considerado por todos como el mayor experto en aquel terrible atentado, Fernando Reinares, siempre ha sostenido que fue  posible haber desactivado antes la célula terrorista vinculada al yihadismo que cometió la masacre aquella lejana mañana de 2004, tres días antes de las elecciones generales  que ganó por un estrecho margen el PSOE liderado por  Rodríguez Zapatero al PP de Mariano Rajoy.

Director del Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global en el Real Instituto Elcano, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Fernando Reinares (Logroño, 1960) es sin duda de los más  afamados especialistas mundiales en terrorismo yihadista. Sus libros se han convertido en grandes referentes del tema y no solo en España. Los trabajos que ha publicado sobre los atentados del 11-M han sido calificados por The Economist como «una impresionante obra de investigación» y además el Foreign Affairs los ha considerado como «de lectura obligada tanto para autoridades antiterroristas como para ciudadanos interesados».

Es contundente al afirmar que el 1-M «pudo haberse evitado en numerosas ocasiones». Para empezar, exhibe un argumento sólido: los integrantes de la célula que activó las bombas estaban todos 'fichados' por la  Policía. «Se pudo evitar si el conocimiento previo que sobre distintos miembros de la red del 11-M tenían en el Cuerpo Nacional de Policía hubiese sido bien interpretado y compartido con la Guardia Civil, si no hubiese existido tanta descoordinación y si la visión de la amenaza yihadista no hubiese estado desenfocada en el Centro Nacional de Inteligencia», afirma en una entrevista concedida a un diario de tirada nacional.

Ha repetido hasta la insistencia que más  de tres años antes del 11-M, en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y en la Audiencia Nacional se conocía a los principales terroristas que los perpetraron.

De hecho, sostiene que a lo largo de 2002 se supo de otra buena parte de integrantes de la célula mortal y para finales de 2003 eran conocidos casi todos. «Pero se subestimó lo que hacían en Madrid. En nuestras agencias e instituciones antiterroristas no solo prevaleció la descoordinación. También se soslayó que cuando los yihadistas plantean atentar en un país occidental lo hacen tanto por sus intervenciones militares en el exterior como por sus actuaciones policiales en el interior».

A su juicio, no se le dio la importancia que sí requería  a lo que un grupo de inmigrantes musulmanes conocidos por sus ideas extremistas hacían en Madrid, desconsiderando sus vínculos internacionales. Y ahí está, según atestigua, una de las claves: en las conexiones con el exterior de los ejecutores de  facto del atentado.  

De hecho, el considerado como el gran cerebro de los ataques, el marroquí, Amer Azizi, fue abatido por agentes norteamericanos de la CIA en Paquistán en 2005. Este marroquí, que estudió la carrera de traductor de español en la Universidad de Casablanca, fue el eslabón entre los autores materiales de los atentados de hace seis años y la dirección de Al Qaeda en Pakistán.

 

Un vacío legal

Otro aspecto que hubiese permitido actuar a tiempo  tiene que ver con las disposiciones judiciales. En el Código Penal de 1995, vigente cuando tuvieron lugar los atentados de Madrid, ni las actividades de adoctrinamiento yihadista ni las de captación de radicales musulmanes, ni tampoco recibir entrenamiento terrorista por parte de organizaciones en el exterior estaban tipificadas como delitos. Lo estuvieron a partir de finales del 2010 y ya en el 2015, con sendas reformas del Código Penal. «Si lo hubieran estado antes del 11-M, la policía hubiese obtenido autorización judicial para detener y encarcelar a miembros clave de la red terrorista del 11-M como El Tunecino, Said Berraj, Jamal Zougam o Mohamed el Egipcio», asevera convencido.

En todo caso, Reinares es consciente de que  aún queda mucha luz que arrojar sobre el mayor atentado perpetrado jamás en el continente. «Es un caso del que todavía hay lecciones por extraer», advierte.