Teresa guarda su placa

M.G
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La policía local Teresa Morales se jubila tras 38 años y 74 días de servicio. Relata el machismo al que se enfrentó los primeros años y sus experiencias en una plantilla de una ciudad tranquila. Tiene la agenda repleta de proyectos y viajes

Teresa guarda su placa - Foto: Yolanda Lancha

Ayer no sonó el despertador temprano para tomar un desayuno rápido y calzarse el uniforme. Teresa Morales se levantó sin prisas, sin obligaciones y con la cabeza puesta en su próximo viaje, quizá pueda en unos meses marcharse y recorrer la Ruta de la Seda, pero ahora en plena pandemia se conforma con mirar el mapamundi y hacer planes. Teresa se jubiló este miércoles, con una última jornada laboral cargada de regalos, despedidas emotivas y de interés mediático al haber formado parte de la Policía Local 38 años y 74 días, ser pionera y abrir camino a otras muchas mujeres dentro de la plantilla.
Su trayectoria ha tenido altibajos y días buenos, malos y muy regulares, sobre todo, al principio. Los comienzos no fueron fáciles cuando aterrizó en este cuerpo policial en 1982 con un intendente en contra y una plantilla bastante envejecida donde algunos compañeros no entendían por qué tenían que compartir trabajo con una mujer si se trataba de una profesión reservada para hombres.
La democracia había tenido tiempo de tomar asiento, pero las mujeres estaban empezando a entrar en los cuerpos policiales y los primeros meses fueron «chungos». Tampoco ayudaban las normas que obligaban a las mujeres a llevar falda, tacones y bolso. «Era una vestimenta totalmente inoperativa», recuerda y tampoco ayudaba a las mujeres a integrarse en los cuarteles ni en las comisarías porque parecían «mujeres objeto».
Teresa guarda su placaTeresa guarda su placaA los tacones y la falda también se sumó que la Policía Local no llevaba arma a pesar de los intentos y no lo consiguió hasta 1996 fruto de un intenso y dilatado acuerdo con las fuerzas políticas, que en principio no lo veían y únicamente se facilitó para la veintena de policías del grupo especial de seguridad. Toledo no era una ciudad conflictiva, pero los agentes querían llevar arma como ocurría en otros cuerpos policiales porque también patrullaban y trabajaban a pie de calle. En los años 90 se abordó el hecho de que los policías pudieran portar armas fuera de serviciopara preservar la ley y la seguridad ciudadana, algo que aclaró Interior en un momento dado.
Teresa dijo un buen día en casa que quería ser policía y sus padres respaldaron la idea sin sermones ni advertencias. «Ellos no vieron inconveniente», se preparó la oposición y se vino a Toledo desde Guadamur a aprender a ser policía local porque se necesitaba rodaje, experiencia y el respaldo de otros policías para acomodarse dentro de una plantilla dedicada al tráfico, a la seguridad en los barrios y a otras muchas labores. Entonces no había que pasar meses de formación en una academia y Teresa tuvo la suerte, pese al rechazo de algunos compañeros, de encontrarse con un grupo de policías mayores que le echaron una mano.
Pasó unos meses patrullando las calles y regulando el tráfico «de una ciudad más cerrada» que la actual. Toledo se desertizaba por las noches y se mostraba menos empática que ahora. Poco después, decidió encaminarse a la labor administrativa porque completó FP de administrativo, varios módulos de informática y le llamaba la atención este área. «No lo hice por ser mujer, me iba ese rollo. Y ahora en labores administrativas hay hombres y mujeres».
A Teresa le costó nueve años tener compañeras en la Policía Local y ahora que se jubila, recién cumplidos los 60 gracias a una normativa que entró en vigor hace dos años, quedan 15 mujeres en la plantilla. La cifra es escasa todavía si se tiene en cuenta que el cuerpo lo forman 108 agentes  y considera que es necesario seguir abriendo camino y pidiendo igualdad para que esta profesión llame más la atención a las mujeres.
experiencias. Casi cuarenta años de servicio dan para muchas anécdotas, aunque Teresa se queda «en blanco» cuando se le pregunta por ello. Enseguida se acuerda de un par de ocasiones en las que ha tenido la oportunidad de devolver a sus dueños un par de objetos perdidos que permanecieron tiempo en la Policía Local durante sus viajes a Estados Unidos y a París. También sonríe cuando visualiza la presencia de la Policía Local en Zocodover hace años y la «cantidad de regalos que nos hacían los ciudadanos», un gesto que acabó con una instrucción del Ayuntamiento prohibiéndolo.
Teresa insiste en los comentarios desagradables de los comienzos  y tenía que poner una multa o comunicarle una infracción a un ciudadano porque algunos no aceptaban que fuera una mujer como autoridad policial y otros se reían y querían que ella interviniera. Lo mismo ocurría dentro del cuerpo con algunos policías que verbalizaban que  Teresa estaba quitándole el sitio a un hombre.
Casi todo el mundo que conoce a Teresa sabe que está casada con el actual intendente de la Policía, José Luis Martín Mora, desde hace nueve años. Han compartido veinte años  de relación trabajando día a día en el mismo sitio, pero el balance ha sido positivo a pesar de que, en ocasiones, «ha habido roces» como en todos los empleos compartidos. Ahora toca seguir compartiendo casa y viajes juntos, aunque ella cogerá la delantera enseguida porque quiere recorrer mundo y muchos más lugares que sumar a esa larga lista de 63 países que llevan ambos.
Ayer no sonó el despertador temprano, pero la agenda mental de Teresa estaba repleta de planes y de ganas de disfrutar más de cerca Toledo.  También tiene apuntadas clases de yoga, bucear en la historia de la Policía Local por si sale algún proyecto editorial, pasear y tener tiempo libre lejos del uniforme y de la placa.