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La ONU y los experimentos atómicos nazis de Ocaña

F. J. R.
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En abril de 1946, Polonia acusó al gobierno Franco de dar cobijo a soldados y científicos nazis que, presuntamente, desarrollaban en la localidad toledana armas atómicas. Una delegación británica investigó el caso

La ONU y los experimentos atómicos nazis de Ocaña

El fin de la Segunda Guerra Mundial puso en una situación complicada al régimen de Franco. Sus viejas amistades con las Potencias del Eje pesaban mucho en el nuevo escenario mundial. No se iban a olvidar fácilmente las ayudas prestadas, en material y apoyo logístico; y mucho menos con la presencia de la URSS en el bando ganador.

Los soviéticos tenían grabada a fuego la particular aportación militar de España a la campaña nazi en Rusia. La División Azul no era para ellos solo un cuerpo de fanáticos voluntarios de un país que por aquel entonces había cambiado su posición ‘neutral’ en el conflicto hacia la de ‘no beligerante’. Veían a la 250ª División Española de Voluntarios como una agresión bélica en toda regla. Y querían que Franco pagara por ello.

Estadounidenses y británicos también fijaron sus ojos en España tras el fin de la contienda mundial. Hasta el punto que una minuta del Foreign Office (Ministerio de Exteriores), fechada el 22 de noviembre de 1946, se aseguraba que «la influencia alemana, sea esta positiva o nociva, debería ser eliminada de España en la medida de lo posible».

La ONU y los experimentos atómicos nazis de OcañaLa ONU y los experimentos atómicos nazis de OcañaEl gobierno franquista era sospechoso de amparar y proteger a los amigos alemanes que durante años se asentaron y prosperaron en el país al servicio de Tercer Reich. Evitó las deportaciones de muchos de ellos marcados en listas negras por los Aliados, y miró para otro lado ante la llegada masiva de excombatientes y colaboradores de la Alemania nazi que buscaban refugio en España.

Franco no lo tenía precisamente fácil. La recientemente creada Organización de las Naciones Unidas (ONU) trató «el caso español» a los pocos meses de terminar la guerra.

El economista y político polaco Oskar Lange (1904-1965) fue el elegido para liderar los ataques desde la ONU. Estaba considerado como uno de los máximos exponentes del socialismo marxista aplicado al análisis económico. Era un intelectual respetado y su voz tenía peso en la nueva sociedad de naciones.

La ONU y los experimentos atómicos nazis de OcañaLa ONU y los experimentos atómicos nazis de OcañaPor eso todos callaron y escucharon con suma atención cuando, desde el púlpito de las Naciones Unidas, Oskar Lange acusó en abril de 1946 a España de dar refugio a «veinte mil alemanes que se habían rearmado en el norte, para invadir Francia», así como de dar cobertura a «un equipo de sabios alemanes dirigidos por Von Sgerstady» que trabajaban en una base secreta, situada en la localidad toledana de Ocaña, «fabricando arsenal atómico».

La noticia cayó como una bomba en la comunidad internacional. Con semejante acusación Polonia se sumaba también a la negativa belga, que movía los hilos para evitar la entrada de España en la ONU. Estaban dolidos en el plano diplomático porque León Degrelle hizo por aquel entonces una aparición pública en territorio español, con motivo de un homenaje a la División Azul. El padre del Rexismo estaba reclamado por la justicia belga por crímenes de guerra, pero nunca se entregó. Consiguió la nacionalidad española y adoptó el nombre de León Ramírez Reina gracias al asesoramiento legal de su amigo el notario toledano Blas Piñar.

El tal sabio alemán Von Sgerstady era, al parecer, un supuesto científico germano especialista en «agua pesada», denominación que se da al óxido de deuterio, un componente esencial en aquellos años en la experimentación con energía nuclear, tanto en reactores como armamento.

Todo apunta a que el propósito de esta denuncia era buscar un pretexto para una intervención armada en España, pero al gobierno español no se le llamó en ningún momento a consultas para exponer su punto de vista, aunque sí se redactó una nota al embajador estadounidense en España rebatiendo todas esas acusaciones.

La noticia de la investigación atómica española generó muchos titulares en todo el mundo durante semanas, pero ninguna evidencia.

Como prueba de ese revuelo han quedado muchos documentos de prensa. En la Biblioteca Nacional de Australia se conserva digitalmente una edición del periódico The Mercury, de fecha 3 de junio de 1946, que recoge una noticia sobre España en la que se afirmaba que «representantes británicos» habían visitado las presuntas industrias secretas de «agua pesada» de Ocaña y que no eran más que «pequeñas fábricas de ladrillos y una destilería de alcohol». El misterio atómico nazi de España quedaba resuelto.

Pese a todo, en los meses posteriores continuó la polémica, y desde los medios de comunicación extranjeros –principalmente The Times– no se dejaba de denunciar que España realizaba experimentos nucleares en distintas provincias, desde Vizcaya a presuntos almacenes de uranio en Córdoba y Badajoz.

Sobre el misterioso Von Sgerstady nunca se supo nada. No hay referencia alguna con ese apellido en ningún archivo español, alemán, británico o norteamericano. Sus experimentos quedaron en delirios y falsas acusaciones. Una curiosa anécdota para los ocañenses que en 1946 vieron llegar a su municipio a un buen número de ingleses a la caza tan solo de ladrillos y alambiques.

 

* Reportaje basado en el libro de Francisco José Rodríguez de Gaspar titulado 'Otto Skorzeny, en nazi más peligroso en la España de Franco', editado por Almuzara (2021).