Amboades

Miguel Ángel Flores


Otoñear

26/10/2020

Ya con más de cuatro semanas en la estación del otoño, es el momento de otoñear. Sí, de otoñear, aunque los tiempos que estamos viviendo no sean los más propicios, para ello. Pero en verdad ¿Qué es esto de otoñear? Es la acción de hacer esas ‘cosas’ que solo se hacen qué en estos tiempos, y que la mayoría de los que ya hemos cumplido demasiados años, hemos realizado en ésta época del año.
Muchos hemos estado esperando a estos días cada vez más cortos, más fríos y algunos lluviosos y con algo de nieve, pero año tras año la verdad con menos lluvia y menos frío, por culpa real del efecto del ‘cambio climático’, pero sí con jornadas con noches más largas y días con muchas menos horas, haciendo que la actividad sea más comprimida, pero más agradecida. Pero, cierto es que, por culpa de este estado de pandemia, que se antoja interminable las ‘cosas’, que en estos tiempos podríamos hacer, solo se podrán realizar de una manera virtual.
El otoño, es el tiempo del encuentro con la gastronomía del puchero y la cuchara, de la alimentación energética para pasar mejor los fríos, el tiempo de tomar vino tinto a temperatura ambiente, que en verdad es muy benigna. El otoño, es el tiempo de amaneceres y puestas de sol interminables, con horizontes cargados de nubes dando una variedad única de colores en movimiento, sobre todo en esta parte de la geografía que los horizontes son de una longitud plana infinita, dando a ello un esplendor de belleza sublime.
Otoñear es abrigarse a tope y dar paseos, lo que ahora llaman senderismo, por espacios llenos de árboles de hoja caduca, observando la variedad inacabable, de amarillos, verdes tenues, rojos, marrones, ocres y hasta azules, pisando el suelo que con la caída de las hojas convierten a los caminos en alfombras vegetales sorprendentes. Otoñear, es la recuperación y la llegada al orden de las cosas ordinarias, dejando atrás las extravagancias del verano y sus excesos; y eso de lo ordinario en efecto, es el encuentro hacia el equilibrio a lo estable, por ello este equilibrio de lo ordinario, acompañado de las ‘cosas’ del otoñear, hacen que este tiempo tenga pinceladas de cierta melancolía, cierta manera de ver las cosas con una patina de recordar, lo bueno que pasó, incluso sin haberlo vivido o experimentado. Otoñear por tanto es la época del año para el encuentro del romanticismo, rebosante de una sencilla sensibilidad. Por ello me gusta otoñear…