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José María San Román Cutanda

A Vuelapluma

José María San Román Cutanda


Las seis romerías de Toledo

25/04/2022

 

Con la llegada de la Pascua, comienza el ciclo festivo de los santos de primavera y verano. Y con él, llegan a Toledo las seisromerías toledanas que caracterizan el periodo de tiempo que corre desde abril hasta octubre. Una tradición la de las romerías que comporta no solo un significado histórico y cultural, sino también una forma de oración y devoción muy profunda que tiene su arraigo en las profundidades de una fe sencilla, siempre en camino. No debemos olvidar nunca que las romerías tienen su base y fundamento en una realidad eclesial que no podemos obviar ni olvidar, a pesar de que quienes no la entienden la soslayen y reduzcan a un significado tan cursi y vacío de contenido como el de que forman parte de la historia sentimental y emocional de la ciudad. Son festividades religiosas con un matiz festivo y popular, pero cuya organización nace de un hecho religioso, por lo que todo lo que se haga desde las cofradías y hermandades que las organizan debe estar inspirado en una cuestión religiosa. Ello no quita, por supuesto, que los no creyentes puedan implicarse, porque también estas festividades forman parte de la cultura, que es de todos. Lo que no se puede permitir es el deformar una realidad eclesial para convertirla en un folclore sin más.

El pasado viernes, se presentó en el Ayuntamiento una novedad: la página web de turismo acoge una nueva sección dedicada a las seis romerías de la ciudad. Esta iniciativa, que es muy interesante y muy útil, desgraciadamente no ha estado, al menos a mi modo de ver, a la altura de las circunstancias. La página que recoge cada romería trae un brevísimo —mejor dicho, insuficiente— apartado histórico que no aporta nada y que solo trata algunas generalidades más que conocidas, un apartado de curiosidades —también insuficientes y genéricas— titulado 'Sabías que…', otro titulado 'No te puedes perder…' donde nada se dice sobre auténticos detalles difícilmente visibles y muy interesantes de conocer y una última parte con imágenes antiguas, que es quizá la mejor preparada. Si me permiten, y siempre con afán constructivo, voy a darles algunos pequeños ejemplos de lo que yo añadiría.

En el primer espacio, las reseñas históricas no tienen la enjundia suficiente para el espacio que se pretende. Además, se podrían contar datos muy interesantes si se hubiese buceado lo suficiente por la bibliografía más recomendable para hacerlo. La reseña de la romería del Valle, por ejemplo, es la más pobre de todas. Obvia detalles como que su cofradía fue fundada por el canónigo Juan José de Austria en 1626, la relación del lugar donde está ubicada la ermita con un convento anterior dedicado a San Pedro de Saelices, la reorganización de la Cofradía en 1674, las diversas reformas que hizo del recinto de la ermita a partir de la segunda mitad del siglo XIX o el hecho de ser la primera Virgen coronada canónicamente en la ciudad. La reseña de la Virgen de la Bastida no incluye, por ejemplo, que la primera referencia escrita y firme se tiene en el año 1609 en una bula concedida por el Papa Paulo V, ni la relación de la Beata Mariana de Jesús con el lugar —aunque en la segunda sección se invite a ver la cueva y se la mencione—, así como tampoco la revitalización de la Hermandad por parte de una serie de propietarios de cigarrales colindantes. En la reseña de la romería del Santo Ángel Custodio, se limitan a dar información de cuándo se funda su cofradía, pero no hablan de la reorganización de la misma el cuatro de marzo de 1888, ni tampoco de su labor asistencial respaldada por la cuota de tres reales de ingreso —uno de ellos para el veredista— y por una cuota mensual de un real. Sobre la romería de San Jerónimo, nada se dice de que su cofradía fue fundada el trece de marzo de 1899, aun a pesar de existir vestigios datados en 1751 de una cofradía anterior cuya creación pidió al Arzobispado el entonces párroco de la iglesia de San Martín, Pedro Sánchez Vizcaíno, ni sobre su posible relación con Lope de Vega, ni tampoco su edificación en 1611 a instancias del canónigo Jerónimo de Miranda Vivero.

En el segundo apartado, 'Sabías que…', he echado de menos datos como por ejemplo la relación paremiológica de la Virgen de la Cabeza con el adagio «replicar y andar en la procesión no está en lo posible", que trae causa por la tradición de ir haciendo sonar campanas insertas en el trono de la Virgen. También, en la reseña de la romería del Valle me han faltado detalles como los novecientos sesenta días de indulgencias que tienen concedidos sus cofrades y devotos y que están expresados en un grabado de Mariano Brandi datado en 1824, como su relación con la barca 'Picazuelo' o el hecho de que la Virgen vestía manto hasta la Guerra Civil. También, en la romería de la Bastida es interesante contar que la cruz que da a su cofradía el nombre 'y de la Santa Cruz' pudo ser uno de los bienes que pasó de la parroquia de San Martín al Monasterio de San Juan de los Reyes y después a la ermita de la Bastida. O, en la Virgen de la Guía, la curiosidad de que el Niño de la imagen lleva entre sus manos una corneja con un diminuto farol que hace referencia a una leyenda ocurrida al racionero Diego Rodríguez y al deán Diego Fernández Machuca.

En la tercera sección, 'No te puedes perder…', me causa extrañeza que en la reseña de la romería del Valle falten detalles como la autoría de los dos cuadros que conforman el altar —de Vicente Cutanda—, los jarrones de cerámica de Ruiz de Luna o la corona de la coronación canónica de la Virgen, datada en 1906 y que se le pone de unos años a esta parte en el día de su fiesta, o el precioso estandarte bordado y regalado por la niña Isabel Revuelta a la Cofradía el once de mayo de 1844. En la ermita del Santo Ángel Custodio, pasan por alto el extraordinario cuadro de Vicente Carducho o las rejas de las capillas laterales, con la inscripción 'Mater cicadiarum ora pro nobis' —'Madre de los cigarrales: ruega por nosotros'. Con respecto a la Virgen de la Guía, también es digno de ver el poema escrito en cerámica de Vicente Quismondo por Mariano Rojas o el niño Jesús que fue repintado y restaurado por los muchos defectos que le quedaron tras la guerra.

Con respecto a la bibliografía, es interesante leer, entre otros, el libro de Román Hernández titulado 'Toledo y sus romerías', publicado por la Editorial Franco-Española en 1889, que sirve como resumen previo para adentrarse en la historia romera de la ciudad. También son de imprescindible lectura los libros publicados por Emilio Vaquero Fernández-Prieto sobre la la Virgen de la Bastida (1994), la Virgen de la Guía (1996) y la Cofradía de San Jerónimo (1997). Un autor, por cierto, al que se ha olvidado, que aportó muchos datos sobre las romerías toledanas y que, por este motivo, merecería algún homenaje o recuerdo. En cuanto a la Virgen del Valle, existe un libro publicado por Luis Moreno Nieto en 1996, así como algunos artículos en publicaciones periódicas intelectuales toledanas sobre particulares de la Cofradía y de personajes vinculados a ella. También es interesante la lectura del artículo publicado en los números 16 y 17 de la revista 'Toletum' (primera época) escrito por Juan Moraleda y Esteban sobre la Beata Mariana, su vida y su posible retrato. O el repaso del libro de Luis Moreno Nieto 'Diccionario enciclopédico de Toledo y su provincia', donde da reseñas breves al respecto y que son fruto de sus investigaciones realizadas para sus distintos artículos periodísticos al respecto. Y, en el ámbito de la radio, un interesante programa grabado en el espacio 'Descubriendo el patrimonio' de Radio Santa María, dirigido por Mariló de Ancos y Teresa Martín-Tadeo, que se dedicó a las romerías toledanas y que está subido a internet en la plataforma iVoox. Además de todo esto, el Archivo Diocesano de Toledo tiene un fondo de cofradías perfectamente ordenado donde se encuentran datos interesantísimos.

Afortunadamente, este espacio no está en un formato impreso, aunque debería. Por eso, se puede modificar, ampliar, corregir y mejorar con mucha facilidad y pidiendo colaboración a los investigadores dedicados a estos asuntos, siempre y cuando haya voluntad para ello. Animo a la concejalía de turismo a que se dedique a ello, porque, a pesar de los defectos, la iniciativa es buena, es útil y debe seguir adelante.