Editorial

La 'nueva realidad' de la educación pasa por dar el salto a lo digital

-

El curso escolar acabará en tres semanas. Un curso inédito y complejo que ha traído nuevas dificultades y grandes retos, no solo para los escolares, sino también para sus familias y  docentes.

Las aulas quedaron vacías el 12 de marzo y hasta el  2 de junio no se abrirán de nuevo, aunque solo será para acoger a una pequeña parte del alumnado. En concreto, a los que están en 4º de Secundaria y 2º de  Bachillerato y quieran volver voluntariamente al instituto.

Durante estos meses de confinamiento la comunidad educativa se ha tenido que acostumbrar a nuevas formas de educar. Las herramientas digitales -Google Classroom, Skipe o  Zoom- y las aulas virtuales de la plataforma de educación a distancia de la Junta -Papas 2.0 y Delphos-, han posibilitado la conexión entre profesores y alumnos y el desarrollo a distancia del curso. O, más bien, la no parada en seco del mismo.

Meses en los que la consigna de la Administración ha sido la que ningún alumno se quede atrás. O lo que es lo mismo, que ningún alumno se vea perjudicado por el confinamiento. Este curso ha sido así, es lo que hay y  no hay mucho margen para cambiar ya de rumbo.

No obstante, la reflexión que toca hacer ahora es la de si una medida como esta, que parecería en principio más que oportuna atendiendo al carácter universal e integrador de nuestro modelo educativo, se puede convertir en injusta y controvertida si se implanta como el modelo a seguir en el futuro.

Todos entendemos que el sistema educativo se vio sorprendido en marzo por una nueva realidad para la que no estaba preparado. La educación online, salvo excepciones puntuales, está en pañales en España, y Castilla-La Mancha no es la excepción a la regla. Como elefante en cacharrería, alumnado, familias y docentes se han tenido que adaptar a un modelo educativo improvisado y confuso.  Y lo han hecho como han podido: plataformas colapsadas, recursos de dudosa calidad, comunicaciones perdidas y, en ocasiones, falta de aprendizaje y un sentimiento de total abandono.

De todo esto se saca una enseñanza: la de no volver a repetirlo. Se debe aprovechar la experiencia del Covid-19 para normalizar la educación online en la escuela pública. Sobre todo si no se quiere generar una brecha con la privada y la concertada, que ya se ha empezado a notar en algunos casos.

No sabemos si vendrá una segunda oleada, pero el sistema educativo debe estar ya preparado para ello.  La ‘nueva normalidad’ también incluye la oportunidad de convertir la educación online en una herramienta más para la docencia y para que la frase de que ‘ningún alumno se quede atrás’, no se quede en una alocución vacía, que lo único que esconde es una mezcla de ineficacia y frustración. Se verá.