El optimismo de Yoana, ejemplo tras once meses de pesadilla

J. Monroy
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Yoana colabora con la Asociación Española Contra el Cáncer en varias campañas de sensibilización, convencida de la necesidad de normalizar la enfermedad

El optimismo de Yoana, ejemplo tras once meses de pesadilla - Foto: VÁ­ctor Ballesteros

Yoana García puede decir hoy que está curada. Pero ella y su familia han tenido que pasar por once meses de la peor pesadilla, desde que la diagnosticaron su cáncer de mama. Ahora colabora con la Asociación Española Contra el Cáncer en Toledo en varias campañas para ayudar a quienes tienen que pasar por donde ella.
Recién pasada su revisión semestral, a Yoana se la ve optimista y recuerda con tranquilidad su tumor. Tenía 36 años cuando se lo detectaron. Entonces estaba de baja por un accidente de tráfico y detectó un «bulto considerable» en el pecho. Aunque no es hipocondríaca, se alarmó, y acudió al médico. Se activó el protocolo de ecografía y mamografía, a las que siguió la biopsia.
Mientras esperaba los resultados, Yoana se incorporó al trabajo. No se imaginaba que fuera a tener un cáncer, después de una vida con mucho deporte, una dieta equilibrada, sin tabaco, ni alcohol. Recién independizada, además, y de vuelta al trabajo, contenta por retomar su vida, fue a la consulta «y no me lo habría imaginado en mi vida, pero me dijeron que tenía un tumor, un cáncer de pecho que en principio parecía muy agresivo, pero no me podían decir más, porque me tenían que hacer más pruebas para ponerle nombre». En ese momento, «se te viene el mundo encima, no me lo podía creer». Su pregunta no era «¿por qué a mí?», sino «¿por qué ahora?», después de recuperarse del accidente y recuperar su vida.
Era un cáncer triple negativo, que no era hormonal. De ahí que la única opción fuera la quimioterapia. A los veinte días comenzaron las sesiones, se iniciaba un año de tratamiento, «que es muy muy duro». Con seis quimios le redujeron el tumor, que era muy grande, la operaron y después hubo otras cuatro sesiones, más la radioterapia. Comenzó un 29 de agosto y concluyó un 31 de julio. Al final, consiguieron no quitarle el pecho, pero le tuvieron que operar dos veces. La suerte que tuvo Yoana es que su cáncer dio la cara salió hacia fuera. Porque si llega a irse para dentro, «yo no me entero» y la consecuencia hubiera sido metástasis.
Pero el año, reconoce Yoana, fue «muy muy duro», con unos efectos secundarios devastadores. Tras cada quimioterapia, estaba ocho días en cama, muy débil y sin fuerzas. También llevó muy mal la pérdida de pelo, «porque te veías la enfermedad continuamente, a lo mejor estaba mirando la tele y te olvidabas un poco de que estabas enferma, pero ibas al baño y te mirabas en el espejo y ahí la tenías».
Normalización. Una cosa que tuvo clara Yoana desde el principio fue la necesidad de normalizar la enfermedad. Junto a ella, estaba en la consulta su madre, que se echó a llorar al conocer el diagnóstico y pedía que le pasara a ella. Su padre estaba fuera y al salir no sabía cómo decírselo. Al final sentó a los dos en casa y les dijo que no quería que le ocultaran su dolor, ni su tristeza. «Un día yo iba a llorar y tenían que estar los dos de mí, que otro día lloraría mi padre y tendríamos que estar las dos para tirar de él, y con mi madre igual. Pero no quería que en ningún momento me lo ocultaran, porque creo que eso se nota y me lo iban a hacer pasar peor, igual que yo a ellos». Pidió, en definitiva, sinceridad, para no pasarlo peor, «y si nos tenemos que derrumbar, ya estamos el resto para levantarnos».
Yoana detecta en la sociedad «mucho y tabú y mucho miedo» con su enfermedad, «porque además asociamos siempre el cáncer a muerte, yo me imaginaba ya en mi cajita de madera, no lo puedes evitar». Afortunadamente, «cada vez se va normalizando más, aunque se necesita normalizar mucho más, sobre todo de cara al paciente y al entorno, que la gente no sabe cómo tratarte, cómo actuar, les da miedo, y a veces parece que tienes algo contagioso».
Sin embargo, «en esos momentos tú necesitas muchísimo cariño, muchísimo apoyo y muchas veces lo puedes demandar y otras veces te gustaría que fuera espontáneo». De ahí que Yoana pida que se trate la enfermedad «de la manera más natural posible». Así se lo ha reclamado a familiares y amigos.
Por su parte, el paciente «debe intentar hacer su vida dentro de los límites que el cáncer les deja».
LA Asociación. En este ámbito, la Asociación Española Contra el Cáncer fue un importante apoyo para Yoana. En su primera consulta con el oncólogo la derivó a la psiconcóloga del hospital que estaba con la Asociación.
Lo primero que la explicaron fue las secuelas, como la caída del pelo. A partir de ahí, le dieron opciones, como el pañuelo o la peluca. La Asociación la podía asesorar mejor en su sede central. La primera quimioterapia se la dieron un lunes, y el martes ya estaba allí con sus padres, para hablar con la psicóloga y la asistente social. En ese momento, «me sentí como arropada, sentí como que era un sitio al que poder ir en cualquier momento, el hecho de que estuvieran allí me sirvió muchísimo». Le ofrecieron pelucas o talleres de pañuelos y le asesoraron sobre cremas para la piel, «me sentí como en un pequeño refugio».
A aunque Yoana no tiró mucho de la Asociación, porque al final no la necesitó demasiado, sí ha mantenido el contacto, y ahora está trabajando con ella en agradecimiento y para que otros enfermos tengan otras agarraderas. «Sientes como esa necesidad, porque cuando me diagnosticaron y vi la experiencia de otras chicas, me dio mucha fuerza, así que me sentí como en deuda y vi la necesidad de hacer lo mismo», apunta.
Yoana ha participado ya en varias campañas de la Asociación. Primero fue un vídeo con Rozalén, en el que varias chicas contaron su experiencia y luego salieron en el videoclip. También estuvo en la campaña ‘Doy la cara por ti’, un anuncio en televisión que se ha estado emitiendo hasta hace bien poco. Hizo un vídeo promocional en junio para una plataforma digital en la que contó su historia.
Su última colaboración ha sido con la campaña ‘Llámalo Cáncer’, con la que la Asociación quiere dar testimonios y normalizar la enfermedad. Es «decir que tengo un cáncer, pero aquí estoy, tengo que tener mis tratamientos y tirar adelante, pero no por eso estoy estigmatizada, ni tratarlo como un tabú».