Marañón: «Identificar turismo con cultura denota ignorancia»

Adolfo de Mingo / Toledo
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Entrevista a Gregorio Marañón, empresario y académico, expresidente de la Real Fundación de Toledo y doctor Honoris Causa por la Universidad de Castilla-La Mancha

Gregorio Marañón, presidente de honor de la Real Fundación Toledo. - Foto: Huertas Fraile

En 2019 se cumplen cinco años desde la celebración del Año Greco, que supuso un importante esfuerzo en materia cultural. ¿Cómo recuerda aquella experiencia? ¿Qué balance hace de Toledo, desde entonces, en ese sentido?
Se ha convertido en una referencia. El mérito fue, esencialmente, del equipo que la organizó: Paloma Acuña, Jesús Carrobles, Luis Jiménez y los comisarios de las tres principales exposiciones: Fernando Marías y Leticia Ruiz, en Santa Cruz, y Javier Barón, en el Prado. La Fundación El Greco 2014 fue una institución pública, promovida por la Real Fundación de Toledo, e impulsada por José María Barreda y Emiliano García-Page. La financiación fue privada en un noventa por ciento, gracias al apoyo de la sociedad civil. Únicamente la décima parte de su financiación fue pública. Atrajo a Toledo a casi dos millones de visitantes e hizo de Toledo, de hecho, la capital cultural europea de ese año. Una de las claves del éxito fue empezar a preparar la conmemoración cuatro años antes, esto es, en 2010. Solo así se pudo realizar un trabajo serio sin dejar lugar a la improvisación, impulsado por el entusiasmo y la ambición de excelencia.
El Greco se mantiene vivo en el festival anual de música, que mantiene vivo el espíritu de las antiguas «Decenas musicales» celebradas hace medio siglo y que ha consolidado el modelo de las batallas de órgano interpretadas en la Catedral...
Así es, pero este festival se mantiene a duras penas gracias, sobre todo, al esfuerzo y la ilusión de Juanjo Montero. En los años setenta, el Festival de Granada y la Decena Musical de Toledo eran equiparables. Hoy Granada cuenta con un presupuesto de tres millones de euros y el Festival El Greco apenas cuenta con cien mil. Lo que se hace es un verdadero milagro. El Ayuntamiento, la Junta, la Diputación y la Catedral tienen en su mano un extraordinario proyecto para la ciudad, que prestigia y podría generar importantes ingresos económicos. Pero las instituciones tienen que decidirse a apostar por él con mayor ambición que hoy, haciéndolo con un horizonte de continuidad. Con 300.000 euros se podría hacer un proyecto extraordinario.
En aquellos años, proponía crear un gran Museo del Greco, unificando todas las colecciones toledanas, en el Museo de Santa Cruz. ¿Cree que todavía sería posible?
Sin dudarlo. Se podría y se debería retomar. Estoy convencido de que no haber hecho de Santa Cruz ese gran museo al terminar el IV Centenario fue una ocasión perdida. Hace algún tiempo, el Ministerio y la Junta consideraron la posibilidad de utilizar un edificio contiguo al Museo del Greco para ese proyecto, pues podría contener las dos colecciones, la del Museo y la de Santa Cruz. El actual Museo Nacional del Greco, por falta de medios, por falta de espacio, por los límites de su colección (pese al buen hacer de su director), no puede ser ese gran museo que reclaman el Greco y Toledo, ni está a la altura de la política museística del Ministerio de Cultura. Como signo de lo que digo, el actual Museo del Greco, hace poco, solo tenía como plantilla a su director, a un conservador y a un jardinero a tiempo parcial.
¿Cree que desde 2014 ha cambiado la implicación del empresariado local en la vida cultural de la ciudad?
Me temo que no. Es una gran asignatura pendiente de la sociedad civil toledana. Las excepciones, como Soliss, siguen siendo ejemplares.
Hace unos días, Jesús Fuentes Lázaro contraponía «el Toledo de opereta o de zarzuela» con los esfuerzos de quienes en su día quisieron convertir esta ciudad en una nueva Salamanca. «Nadie concebía la ciudad como un espectáculo», decía. «Toledo, o es ciudad cultural o no será nada». ¿Qué opinión le merece esta afirmación?
Considero a Jesús otro ejemplo del mejor toledanismo, pero su frase no se agota en Toledo. Ninguna ciudad moderna, en una sociedad democrática, puede volverle la espalda a la cultura.
Hablar de espectáculo en Toledo, en estos momentos, es hablar de Puy du Fou... 
No he visto aún la representación, pero tengo las mejores referencias y conozco el extraordinario parque que tienen cerca de Nantes. Estoy convencido de que se trata de un proyecto muy relevante para Toledo.
El otro gran proyecto cultural del año, al menos así fue anunciado por el presidente de Castilla-La Mancha, fue la instalación de la Colección Polo. ¿Qué le ha parecido?
La entidad de la colección y el coste de sus contrapartidas conforman un proyecto que debería reevaluarse al concluir su primer año.
Desde ella han prometido para los próximos meses una exposición sobre coleccionismo artístico en Castilla-La Mancha, ya que según su director artístico este campo «estaba velado» hasta la fecha. ¿No es una afirmación demasiado desconsiderada para todos aquellos estudiosos, académicos y curadores dedicados a este fenómeno desde hace muchos años desde instituciones como la Universidad de Castilla-La Mancha o la Obra Social de CCM?
Ignoro en qué contexto se habrá hecho esta afirmación, y tampoco comprendo qué se ha querido afirmar con lo de la «veladura». Estoy seguro de que su director artístico es consciente del extraordinario coleccionismo artístico-religioso que ha habido en Castilla-La Mancha desde el siglo XVI, y más actualmente del coleccionismo institucional y privado que hay en la región. La Real Fundación de Toledo atendió este coleccionismo en diferentes ocasiones, como fueron las exposiciones De Tápies a Barceló. Arte contemporáneo en colecciones privadas de Toledo, y la dedicada a Guillermo Pérez Villalta. Arte contemporáneo en colecciones privadas de Toledo.
El 2019 ha sido año electoral. ¿Qué opina, especialmente en el terreno cultural, de nuestros nuevos gobiernos?
La cultura, en España, en cualquier nivel político, sigue sin estar adecuadamente evaluada. En Alemania, por ejemplo, en la pasada crisis no se redujeron las subvenciones culturales, «...porque la Cultura tiene un valor estratégico», según me dijo un relevante parlamentario alemán. Lo mismo sucede en Francia y en otros países de nuestro entorno. La cultura no sólo genera riqueza y empleo, sino que contribuye a la cohesión social promoviendo un sentimiento identitario.
¿No le parece peligrosa la creciente identificación de la palabra «cultura» con «turismo» por parte de nuestros dirigentes?
Afortunadamente, conozco a muchos políticos que valoran la cultura. Quienes la identifiquen con el turismo solo denotan ignorancia.
Cada vez son más escasos los recursos destinados a la investigación y la divulgación de nuestro pasado y nuestro patrimonio. Un ejemplo es la conversión de los Premios Ciudad de Toledo -planteada ya durante el primer mandato de García-Page como alcalde de la ciudad- en mera jornada de honores y distinciones. ¿Apoyaría su recuperación? Da la sensación de que a nuestros representantes no les interesa más que la parte más superficial y tópica de nuestra historia.
También los premios que daba la Real Fundación de Toledo están en crisis. Soy partidario de recuperar unos y otros. ¡Los premios motivan y ejemplifican!
La próxima apuesta es el centenario de Alfonso X el Sabio. Desde otras ciudades pretendidamente comprometidas con la cultura se organizan con años de antelación congresos, exposiciones y otras actividades de gran calado. Máxime tratándose de un personaje con esta dimensión internacional. Sin embargo, aún no han sido anunciadas más que buenas intenciones. ¿Cree que llegaremos a tiempo o la cita con 2021 quedará en una mera celebración local?
En menos de un año y medio, que es el tiempo que falta, es imposible preparar adecuadamente la conmemoración de Alfonso X y de su reinado. Me temo que va a constituir una ocasión perdida.
La de Alfonso X coincidirá con otras efemérides tan importantes como el 500 aniversario de la Guerra de las Comunidades -el aniversario toledano por excelencia- y el segundo centenario del Trienio Liberal, que consolidó el culto a Juan de Padilla por parte del pensamiento liberal. Y en 2026 llegará el que podría ser el centenario más importante de esta década: el VIII centenario de la Catedral. ¿Aprenderemos la lección y le dedicaremos la antelación que se merece?
Ya conocemos la afición humana a tropezar repetidas veces con la misma piedra. Animaría a nuestro presidente, Emiliano García-Page, que tan decisivamente apoyó el IV Centenario del Greco, a que por ejemplo ponga ya en marcha el VIII Centenario de la Catedral. La preparación del mismo aniversario de la Catedral de Burgos constituye un excelente ejemplo. En gran medida ha sido impulsado por el culto empresario Michel Méndez Pozo, que se ha inspirado en el trabajo que hicimos para el centenario del Greco. Tengo el honor de formar parte del patronato de la fundación que han constituido el presidente de Castilla y León y el arzobispo de Burgos.
Hace años que abandonó la presidencia de la Real Fundación. ¿Cómo ve este organismo en la actualidad, después de la gestión de Ledesma, De Mesa y Acuña?
La Fundación está hoy en una encrucijada. En su nacimiento fue decisivo el impulso que le dio el alcalde de Toledo. Ahora también el Ayuntamiento y la Junta deberían valorar lo que ha aportado a Toledo desde su creación, y lo que aún puede contribuir. La presidencia de Paloma Acuña, en este momento de transición, es una garantía.
¿Y el resto de colectivos culturales de la ciudad, como la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, el Ateneo e incluso nuevas plataformas, como la recientemente anunciada Toledo: Sociedad, Patrimonio y Cultura, con figuras como Antonio Zárate y Fernando Martínez Gil?
La Real Fundación ciertamente ha agrupado, y continúa agrupando, a muchos defensores del patrimonio de Toledo, pero es algo más que un colectivo cultural de la ciudad. Es una institución que ha movilizado también, en favor de la causa de Toledo, a instituciones públicas y a la sociedad civil de fuera de Toledo, y que cuenta con un equipo profesional que realiza una excelente labor técnica. La Real Academia está en un excelente momento, y su presencia en la vida de la ciudad me recuerda muchos de los planteamientos que solía hacer la Real Fundación (lo comento como académico). No conozco tanto el Ateneo, y la nueva plataforma de Antonio Zárate y de Fernando Martínez Gil me inspira el respeto que tengo por sus promotores. En general, todas estas iniciativas trabajan en favor de la ciudad y para ello movilizan a la sociedad civil.
Hace año y medio la Universidad de Castilla-La Mancha le nombró doctor Honoris Causa en San Pedro Mártir. ¿Cómo ha visto crecer a esta institución?
En el acto de mi investidura las relaciones entre el Gobierno regional y la Universidad no anunciaban nada bueno... Afortunadamente, el sentido conciliador de Emiliano García-Page, del rector, Miguel Ángel Collado, y del entonces consejero de Cultura, Ángel Felpeto, permitió superar aquella gravísima crisis. Hoy, la Universidad ha iniciado una nueva y prometedora etapa.
Buena parte de ese nombramiento fue impulsado por la joven Escuela de Arquitectura...
Me hizo mucha ilusión que fuera así..., aunque tuve que recordar, al igual que hice al ingresar en la Academia de San Fernando, que yo, en el bachillerato, aprobé dibujo ‘por buena conducta...’.
Hablemos de Vega Baja. Pronto se cumplirán quince años desde la paralización del proyecto inmobiliario. Sin embargo, en los últimos tiempos el yacimiento se ha visto amenazado por la urbanización de bloques de viviendas, un aparcamiento y la promesa de construcción de un cuartel de la Guardia Civil. ¿Cómo lo ve?
Desde luego, no me parecen las iniciativas más adecuadas, pero más que estas actuaciones concretas, me preocupa que siga sin aprobarse un Plan Especial de la Vega Baja, casi catorce años después de que se recuperara el carácter público de este espacio. Hasta ahora me parecía un signo de inoperancia, pero ahora me preocupa pensar que tras esta desidia se esconda la voluntad de volver a intentar urbanizar este paisaje único de Toledo, que tiene además un inmenso potencial arqueológico y patrimonial. Conociendo a Emiliano García-Page y a Mila Tolón, sigo siendo optimista, y espero que, próximamente, los hechos lo confirmen.
Alumnos y profesores de la Escuela de Arquitectura -también desde la Facultad de Humanidades- están poniendo el acento en la Vega Baja y el Circo Romano. ¿Será positivo para su futuro?
Tienen gran mérito y su actitud no sólo es ejemplar, sino eficaz y conveniente. Reflexionar, estudiar, imaginar una Vega Baja diferente supone una valiosa aportación para un futuro mejor que el que hoy se proyecta.
Durante este último año se ha hablado mucho del cierre de conventos, preocupante situación a la que, por cierto, el Arzobispado parece haber reaccionado mediante proyectos como instalar un taller de restauración en la iglesia de la Magdalena o albergar en las instalaciones del Archivo Diocesano los fondos documentales de las comunidades que se vayan quedando vacías. ¿Cómo ve la situación?
Desde hace años se veía venir el cierre de los conventos por falta de vocaciones, y los problemas que esto comporta para el patrimonio inmobiliario y mobiliario de la ciudad. Lamento que aún hoy no se hayan tomado las medidas de protección que la legislación contempla en una cuestión de tanta relevancia.
Otro asunto es la situación general del Casco, cada vez con menos vecinos y más sometido a la presión turística, al igual que otras ciudades de España. ¿Vamos camino de convertirnos en ese temido parque temático?
Este problema no está hoy peor que hace veinte años. Como entonces, creo que habría que promover con distintas medidas legales y económicas que los ciudadanos regresen, y, desde luego, hacer una política turística adecuada y compatible con los intereses de la ciudad.
Finalicemos con el río Tajo.
Es una cuestión de vital interés para la región y para Toledo, pero cuya competencia, desafortunadamente, tiene carácter nacional. Ojalá en la próxima legislatura puedan alcanzarse los acuerdos que protejan nuestro río y que, poco a poco, lo regeneren.