Elogio del vino más toledano

Álvaro de la Paz
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El Parque de la Alameda de Méntrida acoge la edición número 20 de la Fiesta del Vino, un evento que reúne a productores y consumidores y que apuesta por ensalzar la calidad del producto local

Elogio del vino más toledano - Foto: Yolanda Redondo

Méntrida celebra su vigésima Fiesta del Vino, una jornada que dedica a su imagen más reconocible y fuente de empleo y riqueza. La localidad del norte de la provincia, próxima ya a los límites de Castilla y León y la Comunidad de Madrid, bautiza a una de las nueve denominaciones de origen vinícola de la región, siendo la única cuyo territorio se expande íntegramente en la demarcación toledana. Castilla-La Mancha, la gran bodega del mundo, tiene en esta área una de las zonas donde se producen caldos desde hace más tiempo: la tradición se remonta varias centurias atrás, aproximadamente hasta el siglo XII,  y tanto el propio municipio que da nombre a la marca como los colindantes han vendido durante este largo tiempo su producto en diferentes rincones del país.
El sábado 31 de agosto, Méntrida volverá a bañarse en vino. Su ya tradicional fiesta exaltará el valor de un producto ligado a la idiosincrasia local y que forma parte del tejido económico del entorno geográfico más próximo. El municipio trata de defender la calidad y los matices de sus vinos frente a otros competidores. La jornada, en el prólogo de las fiestas patronales que se celebrarán alrededor del 8 de septiembre, volverá a tener al Parque de la Alameda como el escenario principal.
Alfonso Arriero, alcalde de la localidad, apunta al vínculo existente entre la población y la actividad vinícola. «Méntrida ha sido históricamente un municipio dedicado al vino. Da nombre a una denominación de origen», recuerda el regidor.
«Son 20 años dedicados a promocionar y dar a conocer el vino», explica el primer edil sobre la celebración. La Fiesta del Vino inaugura la semana cultural previa al inicio de las fiestas patronales. La arqueóloga Ángela Crespo, al mando de la rehabilitación de las cuevas que hay en Méntrida para conservar el vino, será la encargada de leer el pregón, uno de los actos más simbólicos del día y una declaración de intenciones sobre el trabajo municipal alrededor del tradicional producto. «Trabajamos para crear el Museo del Vino», apunta Arriero. La intención del Ayuntamiento es aumentar el patrimonio municipal ligado al vino. Las cuevas en las que trabaja Crespo tienen más de cuatro siglos y ya se usaban entonces para guardar el líquido fermentado.
Tras el pregón, se procederá a una exhibición de pisada de uvas a cargo de chicos de temprana edad. Los niños visten la ropa típica: camisa blanca, visera negra, fajín rojo a la cintura y pantalón azul oscuro subido hasta la rodilla: entran por parejas a la cuba y bajo sus pies aguardan decenas de racimos de uva tinta. La escena del abrazo dentro de la barrica que escenificarán estas réplicas menudas de agricultores ha caído en desuso por el avance de la maquinaría. El primer zumo que se obtenga será bendecido y ofrecido a la patrona Nuestra Señora de la Natividad.
«Es una fiesta arraigada. Año a año tratamos de darle más caché e ir incorporando actividades», destaca Arriero. Este año se celebrará un concierto de música por la noche y un mercadillo de artesanía por las principales calles del municipio durante todo el día. Alrededor de ocho o nueve bodegas y cooperativas de Méntrida ofrecerán sus vinos en el Parque de la Alameda. El delegado de Junta en Toledo, Javier Úbeda, y el delegado provincial de Agricultura, Agua y Desarrollo Rural, Jesús Fernández, acudirán al evento.
La Fiesta del Vino anuncia la vendimia. La recogida de la uva en el campo determina el final de un ciclo, el de la maduración del fruto, y descorcha una nueva etapa, la de la llegada a la bodega y su transformación alcohólica. La dimensión del vino en Méntrida está impresa en su propia identidad y sus gentes lo celebran cada año.