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La Orquesta Nereydas celebra el día de la música

José María Domínguez
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Doble programa de la formación de Javier Illán con estreno absoluto en la Catedral y recital en el Ayuntamiento

El concierto se celebró en el marco de los actos del IV Centenario. - Foto: Yolanda Lancha

Imaginemos un equipo de fútbol formado por los mejores profesionales de España y unos buenos jugadores pero amateurs. Imaginemos que han de jugar dos partidos seguidos con apenas media hora de descanso, en un campo de asfalto y con tacones en vez de botas deportivas. A pesar de todo, disfrutan y ganan por goleada. Algo semejante es lo que ocurrió con la orquesta Nereydas  en los dos conciertos que ofreció el sábado por la tarde en Toledo, en el marco del ciclo Música del Centenario de la Fundación El Greco (el primero) y de las fiestas del Corpus (el segundo). La orquesta fundada y dirigida por el toledano Javier Illán estuvo reforzada por los mejores especialistas españoles de la música antigua: intérpretes profesionales con una formación y una capacidad técnica equiparables a los de cualquier otro país, como es el caso de Guillermo Peñalver que demostró su virtuosismo con las flautas. El propio Illán es otro ejemplo de esta excelencia de nivel internacional. Lo atestigua el hecho de estar formándose en la prestigiosa Hochschule de Lucerna, ciudad privilegiada en lo musical que le ha permitido conocer a y aprender de los más destacados directores mundiales del momento: Boulez, Gardiner o Dudamel son solo algunos.

Empezó muy bien el recital en la Primada dirigido por el maestro de capilla don Jaime León. Te Deum con sonoridad triunfante realzada por las trompetas naturales de Ricard Casañ y Alén Nacher Berbel y los timbales de Mauricio Loseto. Junto a éstos, muy digna la preparación del coro que cantó con potencia el «Pleni sunt coeli et terra». La orquesta estuvo apoyada en todo momento por el continuo de Yago Mahúgo (visiten su excelente web para entender el nivel profesional) y comandada por el concertino Íñigo Aranzasti. Mención especial merece el estreno de las Vísperas del Corpus del propio León porque es la música de nuestro tiempo. Oficio y buen dominio de la orquestación son las virtudes de una partitura compleja pero de fácil y agradable escucha, muy alejada de cualquier experimentalismo vanguardista. En la línea del melodismo de monseñor Marco Frisina (el héroe musical del Vaticano) y de la orquestación neobarroca de José María Vitier (recomendable su Misa cubana a la Caridad del Cobre) la técnica de León demuestra que la música tonal sigue siendo un fértil campo de creación. Me quedé con ganas de escuchar como bis el delicioso «Himno» inicial de la obra, trufado con la melodía siempre emocionante del Pange lingua que no podía faltar en unas vísperas de Corpus.

Con apenas media hora de descanso empezaron los músicos el segundo concierto al sereno, pero el cansancio fue eclipsado por la batuta enérgica y entusiasmante de Illán. Éste no sólo dirigió el concierto sino que eligió el programa y gestionó la presencia de los músicos de refuerzo, tarea realmente complicada. Requiere una labor casi de orfebre: profundo conocimiento del repertorio y capacidad de organización para sacar el máximo partido de cada intérprete,  cuyo caché de la cantidad de música que debe tocar y de las jornadas de ensayo. Lo que vimos el sábado fue solo la punta del iceberg, el resultado de muchas horas de trabajo en solitario no siempre reconocidas. Por eso es un valor añadido que el programa tuviera un planteamiento lógico y coherente basado en Händel cuya Música acuática fue compuesta hace tres siglos para una ciudad tan unida a su río como Toledo. Siguió el Concierto para órgano op. 4 número 6 en versión para clave virtuosamente interpretado por Juan José Montero, profesor de Illán en el Conservatorio capitalino y actual director del mismo: símbolo, por tanto, de la unión vivida este año en la ciudad. Concluyó el recital con una selección de fragmentos del Mesías, obra de significado religioso pertinente en estas fiestas. El gesto depurado, firme y contundente de Illán ayudó visualmente a entender la arquitectura de una música monumental, compensando así lo molesto de la amplificación acústica. Hubo momentos únicos a la altura de los mejores grupos de música antigua del mundo.

Estos conciertos son motivo para una seria reflexión sobre el modelo musical que queremos para Toledo. Materia prima y aficionados no faltan. Aunque globalmente el resultado fue muy satisfactorio hubo errores de planteamiento que si se evitan, redundarán en beneficio del disfrute musical. La Catedral y el Ayuntamiento son marcos de incomparable belleza pero no están preparados acústicamente para conciertos clásicos. No faltan en la ciudad espacios más adecuados ni espectáculos distintos para dignificar nuestros lugares más queridos. Además una orquesta barroca es una agrupación muy delicada que no suele actuar al aire libre (porque se pierden los infinitos matices de unos instrumentos de limitada potencia) ni con amplificación electroacústica (que debilita los armónicos y desequilibra las sonoridades). La unión de fuerzas con el coro del Conservatorio fue simbólicamente un acierto pero la desproporción de niveles (profesional, amateur) exige un trabajo muy intenso. En cualquier caso la profesionalidad de los intérpretes estuvo por encima de estas contingencias y todos, orquesta, coro y solistas superaron con brillantez dificultades que no deben repetirse. Enhorabuena y hasta pronto, Nereydas.